DANTE Niccolò: — ¿Y ya no te han seguido jodiendo? — No, pero ya sabes cómo son Niccolò: — Ya, de momento, los seguimos vigilando de cerca. Esos rusos cada vez sacan más droga, no sé ni de dónde consiguen tanta — Ni idea, ¿y qué piensas? ¿Qué los podrás atrapar? Niccolò: — Ese es mi trabajo — No será fácil Niccolò: — No será fácil, pero eso no quiere decir que no sea posible — Ya Niccolò: — Bueno, seguiré trabajando — De acuerdo, cuídate Niccolò: — Tú también, ciao (adiós) — Ciao (adiós) Colgué la llamada y me senté en el sofá. Mi hermano Niccolò se estaba encargando de esos rusos, los traficantes que decían llamarse “empresarios”. No obstante, mi intuición me decía que pasaría algo, porque meterse con ellos no era bueno. Por otro lado, dentro de poco las ofic

