Sentado frente a ella la miraba, esperando que no se enojara por lo que había hecho, menos pensara que la estaba siguiendo. —¿Estás enojada? Aunque a Tania no le agradó la forma en que Nash la trató, no estaba de acuerdo con lo que Thomas hizo, pero eso no la molestaría, porque, al fin y al cabo, su amado Thomas la defendió. —No. ¡Por qué me enojaría? Creo que esa mujer merecía un escarmiento, aunque fue humillante, pero está bien —Thomas sonrió—. Lo que si me queda duda es si me estás siguiendo. —Si, y no —Tania achicó los ojos—. Hasta cuando hablamos te dije que saldría a una reunión. No te dije que esa reunión era aquí porque quería darte una sorpresa, pero el sorprendido fui yo cuando iba a invitar a mi esposa a comer, y la encontré con ese… —Ese tiene nombre y se llama Alonso. E

