Dos semanas más han pasado, me he refugiado en el trabajo, mis padres siguen viniendo a casa cada vez que pueden, al principio mi madre quería mudarse para ayudarme a reajustar mi vida. Todos se han mostrado muy colaboradores conmigo, tratan de sacarme de mi cueva, primero inicio en mi cuarto, luego mi despacho se convirtió en mi madriguera, de la cual no salgo más que para comer e irme a dormir. La señorita Westlake se ha vuelto mi secretaria por concejo de mi padre, la retiró de las guardias y la colocó en un escritorio, no se si esta feliz con el cambio, si es así, no lo demuestra mucho.
Me distraigo durante todo el día con reuniones con otros alphas, en las que se discuten desde tratados de paz hasta uniones de manadas a través del matrimonio. Aunque mi rutina de acosador se ha acortado por obvias razones, por las noches he ido a visitarla, nadie lo sabe pero sigue trayendo calma a mi vida, verla es todo en lo que pienso y dudo que cambie un día.
Un nuevo tratado con mi manada es lo que me mantiene nervioso y preocupado durante el día, la manada Raeken es un territorio importante, amplio y limita con el mío, lo mejor es mantener una sana amistad con esa familia y su pueblo. Mi preocupación deriva al carácter fuerte y arrogante que presentan los miembros Raeken, más especificó Noah Raeken, el actual Alpha: al sujeto se lo conoce por su egocentrismo, su altanería y perversidad, básicamente es un adolescente con un puesto alto y por supuesto no es alguien con quien hacer negocios.
En este mismo instante me estoy preparando para una junta privada con el antes nombrado. Sigo debajo de la lluvia artificial replantándome todas las posibles conversaciones que podemos tener, abarcó todos los temas que tocar y que pueden ser de su agrado y el mío, sin centrarme en la opinión previa que tengo sobre él.
Cuando ya estoy vestido, perfumado y con mis ideas en orden, salgo en dirección a la salida pero me detengo en la puerta de mi despacho al ver a Lourdes salir desde el interior. Tiene una gran pila de papeles en las manos, una lapicera en la boca y otra detrás de la oreja, va distraída por lo que tengo que llamarla por su nombre para acaparar su atención.
—¿Qué? —cuando me observa vuelve a bajar la cabeza avergonzada, sus mejillas adquieren un tono rosado y tartamudea al disculparse—Alpha, no sabía que era usted. Creí que ya se había ido, el beta Harris lo esperaba en su camioneta hace unos minutos.
—Entonces debo apurarme.
Sonríe tímida y asiente
—…..y tu también.
—¿Perdón? —pregunta desconcertada.
—Se supone que mi secretaria también debe ir, al igual que mi Beta.
—Yo no… no sabía.
—¿Liam no te lo dijo?
—No, no lo dijo. El señor Harris está muy ocupado, como usted y seguramente se le paso….
—Deberé despedirlo –lo digo de la forma más sería que puedo.
Sus ojos se abren tanto que parece una lechuza.
—Tranquila, sólo bromeaba.
Suelta un suspiro y su rostro se enrojece un poco más, si es posible.
—¿Cuánto te tardas en alistarte?
—Ya vuelvo —se va corriendo apretando los papeles contra su pecho.
Ya en camino y con Liam de conductor, me concentro en las hojas que sostengo en las manos: el tratado de alianza impreso, yo mismo lo escribí y no importa cuantos borradores deseche, no estoy seguro de haber elegido el correcto, tal vez se deba a la palabras usadas o quizás a la tipografía.
Desde que tome el puesto de Alpha he andado con pasitos de bebé, nunca estoy seguro de nada y siempre pido opiniones a los demás, no quiero fallarle a mi papá, ni descuidar a mi manada pero tampoco quiero actuar dubitativo , no lo merecen. Este tratado le dará a mi pueblo la oportunidad de confiar en su líder, les mostrará que veo por ellos, más allá de mi situación personal.
—¿Qué te tiene tan distraído? —mi Beta es el que habla.
—¿Disculpa?
—Estas distraído ¿Por qué?
—¿Qué tanto sabes de Noah Raeken? —bloqueo mis inseguridades y me centro en el tema importante.
—Pues no lo conozco personalmente. Hace quince años mi papá me llevo a una reunión que incluía a Alphas, Lunas y Betas, era importante. Y conocí a su padre, el tipo era aterrador, imponente hasta las patas —sonaba emocionado, como si estuviera hablando de una figura de acción.
—Realmente te impresionó ¿eh?
—Considerando que su territorio es uno de los más grandes a nivel mundial, que se lo conoce por ser un Alpha riguroso y exigente. Y no hablemos de su guardia, una tropa de soldados dizque invencibles. Pues si, estoy impresionado—cuando termina de hablar está sin aliento y yo no hago otra cosa que reír.
—Me siento ofendido.
—Ya cállate —me azota el hombro con una sonrisa plasmada en la cara.
—No nos desmerezcas.
—No lo hago, nosotros también estamos en esa lista —mueve los hombros en un gesto presumido.
—Si —no enmascaro mi animo.
—Hey, amigo. Podemos con el cargo, tranquilo.
—Son más que capaces —Lourdes, quien se ha mantenido en silencio en los asientos traseros, es la que habla.
—Lourdes. Por un momento me olvidé que estabas aquí —Liam le sonríe a través del espejo retrovisor.Yo en cambio, giro y le veo de frente.
—Gracias.
Y por enésima vez se sonroja.
—Bueno, linda. Tienes que hablar más, por un momento empiezo a hablar de indecencias —mi amigo es de esos, sin pelos en la lengua.
—No se detengan por mi, el papeleo toma toda mi intención y no tengo ninguna afición con contar chismes.
—Yo, si. Soy chismoso por profesión —Liam se ha esforzado mucho para hacer reír a Lourdes, no se si está coqueteando o sólo defiende su oficio como payaso habitual.
Ninguna sonrisa o carcajada es emitida por parte de nuestra compañera de asiento y Liam gruñe con fastidio.
—Ok, tu lo pediste. Nathan —me nombra y giro mi cabeza en su dirección—Anoche tuve un trío y…
—Ok, no. Por favor, no —Lourdes lo detiene–No quiero escuchar sobre tríos, pedí por favor, que cuente.
Ahora el que se carcajea es Liam, aprieta el estómago y junta los párpados.
—Dios, debiste ver tu cara.
—Puedes cerrar la boca y poner atención a la carretera. Quiero sobrevivir al viaje –lo reprendo antes de que termine por llevarnos a una zanja, por andar de chistoso.