El Abrazo de la Sombra

831 Palabras
La criatura se alzó ante ellos, una masa retorcida de sombras y fuego. Su cuerpo fluctuaba, desdibujándose como una pesadilla. A veces tomaba la forma de Lira, la compañera caída de Kael; otras veces, era la madre de Elanil, sonriéndoles con esa ternura que había marcado su infancia. Pero el rostro que más se destacaba era el de ellos mismos, distorsionado y lleno de angustia, como una versión distorsionada de quienes eran. La sombra se deshizo en una espiral de susurros, y al final, tomó una forma única: una monstruosidad indefinible, una amalgama de todos los miedos y las culpas no resueltas. —Soy todo lo que habéis perdido, lo que habéis temido, lo que habéis dejado atrás. La voz resonó, profunda, apabullante. —No podéis huir de mí. No podéis escapar de lo que sois. Elanil y Kael se miraron, el miedo inundándolos por un instante. El precio de abrir el Umbral era claro: lo que acechaba era la manifestación de sus propios demonios, la encarnación de sus pesadillas más profundas. —Este lugar se alimenta de nuestros temores, de nuestras dudas... de lo que nunca quisimos enfrentar. Dijo Elanil, su voz temblorosa, pero firme. —Debemos enfrentarlo o seremos consumidos. Kael levantó su espada, la empuñadura en su mano, pero sus dedos temblaban ligeramente. La sombra ante ellos comenzó a retorcerse, adoptando las formas de los seres más queridos que habían perdido, distorsionadas y cruelmente transformadas. Kael vio la imagen de Lira, sonriéndole con una sonrisa que lo desarmaba. La culpa lo golpeó con fuerza. —No es real, Kael. No es real. Elanil lo abrazó por un momento, sus ojos ardían con determinación. —No dejes que te controle. —Te dejé morir... Kael susurró, como si no pudiera callar la voz en su mente. —No pude hacer nada para salvarte. La sombra se alimentó de sus palabras, sus ojos brillaron con un fuego infernal. —¡Quédese conmigo, Kael! —gritó la sombra de Lira—. ¡Ya no estás solo! ¡Ven! Elanil alzó su bastón. En un suspiro, murmuró un hechizo, y las llamas de luz pura nacieron de la punta. La figura de Lira comenzó a retorcerse y se deshizo, disuelta en humo oscuro. La visión de la madre de Elanil siguió, pero fue rápidamente eliminada con un gesto de su mano. —Este lugar busca devorar lo que somos... nuestros recuerdos. Elanil respiró profundo, sintiendo el peso de la oscuridad, pero al mismo tiempo, una chispa de esperanza seguía ardiendo dentro de ella. —No dejaré que sigas siendo mi sombra. Kael, aunque profundamente afectado, se levantó. —Esto no es lo que somos. Sus palabras eran firmes, llenas de resolución. Juntos, avanzaron. La g****a comenzó a cerrarse lentamente. Frente a ellos, el suelo comenzó a desmoronarse, y el tiempo parecía diluirse. Cada paso los acercaba más a la rendición, pero al mismo tiempo, más lejos de la desesperación. Elanil miró a su alrededor. El vacío que los rodeaba no era solo un espacio físico, sino algo mucho más profundo: el eco de todos sus miedos, sus fracasos, sus fallos como guerreros, amigos y amantes. Pero no se detuvieron. No podían hacerlo. La sombra volvió a alzarse, ahora más grande, tomando la forma de Kael mismo, cubriéndolo con una neblina oscura. —Tú me creaste, Kael. Tú me alimentaste con tu dolor. ¿Cómo escaparás de ti mismo? Kael, con la respiración agitada, alzó su espada una vez más. —No me haces más fuerte. No eres más que una mentira. Elanil extendió su mano hacia el medallón, y una luz intensa brotó de su interior, colisionando con la sombra. Los ecos de los recuerdos se desvanecieron bajo esa luz, y la criatura comenzó a deshacerse, a fragmentarse. Un rugido de angustia llenó el aire, y la sombra comenzó a disiparse, sus gritos apagándose en la oscuridad. Finalmente, la sombra desapareció por completo, dejando atrás solo el silencio. La g****a en el espacio seguía cerrándose, pero un resplandor dorado comenzó a tomar forma frente a ellos. Era una puerta de luz, brillante y cálida, como si todo el universo estuviera invitándolos a dar el siguiente paso. —Es hora de irnos. Susurró Elanil, mirando la puerta. —Sí, pero... ¿hacia dónde? Kael preguntó, con la duda en sus ojos. A pesar de la batalla, había algo en él que aún vacilaba. —No lo sé. Elanil suspiró. —Pero no importa. Estaremos juntos en ello. Su voz era suave, llena de una esperanza que los había acompañado durante toda su travesía. Kael miró el resplandor dorado, su corazón lleno de incertidumbre, pero también de determinación. —Juntos. Hasta el final. Y, sin mirar atrás, caminaron hacia la luz, dejando atrás la sombra del pasado y cruzando hacia lo desconocido. Cuando la puerta se cerró tras ellos, el Umbral se selló por completo, dejando atrás un mundo que ya no los necesitaba. El futuro, incierto, pero lleno de promesas, los esperaba.
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