Recuerdos II

1225 Palabras
Se quedó un poco decepcionado por la situación, le sonrió y le dijo que la esperaba en la zona exterior para acabar con su labor del día anterior.   Cuando estaban sentados en el jardín a medio terminar, tomó una flor y se la entregó. —Mucho gusto, me llamo Bastián y estoy aquí para enseñarte tus labores en la casa. Hoy nos toca terminar de sembrar éstas flores. — Bastián… que bonito nombre —y se arrodilló para ayudarle, aún con la flor en su mano. — El tuyo es aún más bonito… —suspiró— Te llamas Violeta Bisset y tienes 13 años. — Ella se quedó un poco atónita al ver que él sabía esa información. — ¿Entonces tu eres mi enfermero o cuidador? ¿Cómo sabes mi nombre? —Soy tu compañero —le respondía algo triste concentrado en su labor. —Pero no pareces tener ninguna afección, ¿Por qué estás aquí? —Porque es mi hogar. — ¿Entonces nunca te irás? — Me iré cuando una florezca ésta violeta —y tomó de sus manos la flor que le había dado—. Me iré cuando florezcas, Violeta, fue una promesa.   Pero como ya era costumbre, Esther llegó para reclamar por el plato roto en la mañana. —Fue mi culpa, yo la asusté —la defendió Bastián. —Pensé que serías de ayuda, pero ya no sé qué haré contigo Bastián, eres más inútil de lo que pensé. Se quedó un poco serio ante la aseveración contradictoria con la de unas semanas atrás. —Pero no me queda remedio que mantenerte aquí mientras encontramos una utilidad para ti, eres hábil —sentenció—. Sin embargo, creo que no es productivo que estés con Violeta, ya no te harás más cargo de ella, te queda prohibido hablarle, todo lo que necesites de ella, será solicitado a través de Lucía, ¿te queda claro? —Ella recordó su nombre gracias a mí, no es lógico lo que dices. — ¿Crees que puedes contradecirme? — Y jaló a Violeta de su cabello lejos del jardín. — ¡Suéltala! Ella no tiene la culpa de nada —gritó enojado Bastián. — Tiene la culpa de todo, incluso de que estés aquí.   Bastián en su habitación sintió enojo al recordar ese hecho, se sentía impotente incluso tantos años después. Miró hacía la puerta de su habitación con ganas de salir corriendo de una vez por todas, como hace tanto tiempo había estado planeando, y volvió a pensar en el pasado.   Una noche de aquella época Bastián pasó por el comedor dirigiéndose al baño del primer piso, con el propósito de dar un paseo. Era una noche sin luna, muy nubada, así que estaba caminando confiando en su memoria. Cuando atravesó el comedor y salió en frente de las escaleras del pabellón de mujeres que tenía un baño a cada lado de la escalera.   Pero giró su cabeza a la derecha y notó que la puerta a la zona trasera estaba abierta, pensó que podría ser accidental, cualquiera pudo olvidarlo, pero empezó a oír voces y sollozos. Su cuerpo empezó a temblar y le latía rápido el corazón. No sabía si ir en busca de la verdad o ignorar el hecho pero desconociendo un posible peligro.   Al principio ignoró lo que ocurría y continúo su camino al baño, pero empezó a oír gritos y voces más fuertes. Se acercó a aquella puerta con mucha cautela y vio como descendían varías personas por la colina con lámparas en sus manos, hasta que desaparecieron de su vista. Hacía mucho frío y parecía que iba a empezar a llover, sin una lámpara podía llegar a resbalarse y rodar colina abajo.   Salió con cuidado al balcón y fue avanzando cautelosamente pero ya no veía las luces de las lámparas, no podía ver casi nada y sólo oía el viento golpeando las copas de los árboles. Entonces cerró sus ojos tratando de agudizar sus oídos y escuchar alguna cosa más allá, pero los latidos de su corazón eran tan fuertes, que era lo único que podía oír.   Pero se concentró en el viento y la naturaleza, respiró profundo y empezó a oír voces a lo lejos. Lo primero que oyó fue la voz de Esther, aunque no entendía lo que decía. Después escuchó la voz de uno de los jóvenes que aún vivía en el lugar.   — Es momento de su despedida —era la voz carrasposa de Esther — Déjanos ir por favor —Si lo que quieren es salir esta casa, están en el lugar correcto —y soltó una carcajada que seguramente se oía hasta el otro lado de la casa. Los jóvenes reían de manera nerviosa. — Allá está su libertad, al otro lado del bosque, sólo deben atravesarlo.   Empezaba a llover y el golpeteo de las gotas contra las hojas de los árboles le impedía oír lo que conversaban. Estaba confundido por lo que había oído pero interpretaba que era algo malo por los latidos de su corazón que le recordaban que estaba en peligro.   Tenía muchas ganas de huir pero ¿a dónde y por dónde? Empezó a caminar colina abajo pensando en atravesar el bosque con sus compañeros, aunque el clima le impedía caminar con normalidad. ¿Qué estaba haciendo? ¿Era una reacción impulsiva debido al miedo que sentía?   Después de todo no pudo avanzar ni dos metros, pues se topó con la entrada al jardín que se encontraba allá atrás y al caer un rayo vio con claridad una Violeta florecida, entre todas las demás flores que apenas estaban creciendo.   — ¿Qué estoy haciendo? ¡Violeta! — Y regresó corriendo a la casa dejando un rastro de pantano tras él.   Ese día cómo esta noche, se sentía confundido y aterrado. ¿Qué significaban todas las cosas que decía Esther? ¿Cómo huir de éste lugar que no era malo pero tampoco parecía ser bueno? Se sentía como en el limbo y lo único que le daba esperanza era la recuperación de Violeta, pero… después de eso ¿qué? ¿A dónde irían y que harían? ¿Acaso ella aceptaría huir con él?   Se metió a su cama y se cubrió completamente estando en posición fetal. Se aferró a una almohada y empezó a llorar. Sintió algo por ella desde que notó su luz aún en medio de tanta dificultad, era una niña alegre y curiosa y quiso protegerla de Esther, pero falló. ¿Alguna vez ella habrá sentido algo parecido por él? Creer que sí, sería algo enfermizo, ¿pero preguntárselo? Él se alegraba de que ella al menos lograra recordar su propio nombre y el de él, no quería presionarla más.   Hasta ahora la paciencia había sido una gran virtud, a la espera de que un día Violeta pudiera atravesar las puertas del asilo de su mano, o que Esther hiciera alguna jugada que los separara definitivamente… para siempre.   Y entre sollozos por el llanto, durmió con esa chica en su corazón, aterrador por haber sido atrapados por Lucía, pero alegre de que no haya sido Esther. Pero sobre todo estaba esperanzado, pensando que pronto lograrían escapar y aunque dudoso de cómo sería ese futuro, paró de llorar y dibujó una sonrisa en su rostro. —Vamos a salir de aquí ¡te lo prometo!
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