Al entrar al asilo había un gran vestíbulo con un arco enfrente que iba a dar al lobby del pabellón de mujeres, pero este paso permanecía cerrado en especial en la noche con una puerta con vitrales de colores. Este arco estaba rodeado por unas escaleras que iba a dar al pabellón de hombres, pero al estar cerrada la puerta del paso central, solía llegarse del vestíbulo al lobby atravesando el comedor que tenía una entrada en forma de arco a cada lado de aquella división.
Bastián se dirigió a su habitación justo después de haber sido atrapado por Lucía. Dio la vuelta hacía su pabellón atravesando el comedor mientras metía su mano al bolsillo de su pantalón blanco y sacaba una nota que decía: "Te espero después de la cena en la entrada a la zona exterior ¡hay que volver al interior del bosque!"
Subió las escaleras mirando fijamente la nota y llegó a su habitación que quedaba al fondo en el lado oriental sobre el comedor. Al abrir la puerta se encuentra con una habitación que en distribución de los enceres es igual a la de Violeta exceptuando la ubicación de la entrada, que en éste caso es al frente de la cama. Aunque por su puesto él no sabía esto porque nunca había entrado a la habitación de Violeta.
Tenía igualmente una ventana sobre la cama pero esta era grande y a la mitad de la pared, podía verse a través de ella e incluso abrirla para que entre aire, sólo que su vista estaba cubierta únicamente por árboles y por eso allí la luz de la luna entraba de manera irregular, creando formas por las ramas de los árboles que le impedían entrar en pleno.
Se lanzó a la cama observando la hermosa caligrafía de la nota y pensando en Violeta.
— Nunca había visto la caligrafía de Violeta… nunca había visto tan hermosa caligrafía.
No dejaba de pensar y recordar muchas situaciones en torno al lugar en el que estaba ahora, aunque ya se sentía cansado y sabía que debía dormir temprano, debía levantarse temprano para poner la mesa a la hora del desayuno mientras que Violeta levantaba a todos.
Se dedicaba a la jardinería, la cocina, y oficios pesados. Como Violeta tenía prohibido todas las actividades relacionadas con el peligro, esas se le encargaban a Bastián junto a Carlos, Julio y otros hombres de edad adulta pero no ancianos. La mayoría de mujeres en el asilo eran demasiado ancianas y no solían realizar tareas y las enfermeras o también llamadas cuidadoras, apoyaban en algunas labores.
Pero no siempre había sido así. ¿Cuándo fue que todo cambió? Se puso boca arriba en la cama recordando la secuencia de hechos que lo tenían en donde estaba, reflexionando sobre su futuro y sobre lo que estaría dispuesto a hacer para llegar a donde quería.
Se remitió a su adolescencia hace 4 años, en marzo de 1935. Él se encontraba en Sadoine, su ciudad natal al otro lado de Tanba, al norte descendiendo por la colina. Sadoine es una ciudad dedicada a la minería, en especial la extracción de coralina, con gran desarrollo industrial. Sus calles eran polvorientas debido al humo de las maquinarias, el cielo y el ambiente en general solían verse en tonos marrones, olía a industria, gasolina y tenía una sensación térmica muy caliente, aunque no había muchos días precisamente soleados.
Vivía con su madre y dos hermanos menores, que tenían como sueño, viajar a un lugar donde pudieran tener mayores oportunidades, por lo que su madre se encargaba del sostén económico del hogar, trabajando en las minas de la coralina, mientras los chicos se dedicaban a los estudios técnicos. Su padre se había unido al ejército y no había vuelto a saber nada sobre él desde que tenía 5 años, así que tenía un gran rencor por ese oficio.
Allí no había muchos lugares turísticos ni muchas actividades que hacer, aunque parece que su nivel de educación es bueno, pocas personas pueden acceder a él por el nivel de pobreza. Además no había muchos empleos relacionados con lo que se estudiaba. Las personas que vivían en Sadoine eran tan grises como su territorio, parecían tener una felicidad mecánica y no orgánica, y esto solo aumentaba el deseo de Bastián por salir de allí, que ni él ni ningún m*****o de su familia se convirtieran en seres planos y aburridos.
Bastián iba a una institución de clase media durante las mañanas. Era callado, solitario y no muy destacado en las clases. Incluso en aquel entonces era un joven muy alto y delgado, con ojos oscuros y mirada profunda, su cabello era oscuro y siempre iba desordenado. Prefería las prendas de vestir oscuras aunque su madre le dijera que no contrastaba con su tez morena clara, le decía que nunca iba a conseguir una novia. Pero en realidad era un chico muy solitario no por su físico sino porque abandonó la escuela a temprana edad para trabajar, por lo que no conocía mucha gente de su edad.
Recordando eso, Bastián se recostó sobre el espaldar de su cama mirando fijamente hacia la puerta, le hubiera gustado evadir la realidad durmiendo pero los pensamientos iban muy rápido y era incapaz de acallarlos para descansar, así que intentó pensar en momentos más bellos, pero su vida en Sadoine tuvo muy pocos de esos.
Desde que estaba en la secundaria, vio como poco a poco sus compañeros de clase abandonaban los estudios para buscar un sustento económico al igual que él. La mayoría optaba por unirse al ejército como opción para salir de Sadoine, probablemente hacia Tanba.
Su madre enfermó cuando tenía 14 años, al poco tiempo de él haber abandonado los estudios. Tuvo que trabajar el doble para cubrir los gastos de la vivienda y tenía muy poco tiempo para sí mismo, se había vuelto como esas personas mecánicas que en el fondo eran muy infelices.
En ese momento perdió su trabajo en una de las minas y aprovechando que tenía gran potencial físico y habilidades motrices, que le facilitaban todo tipo de maniobras, empezó a robar tanto en la calle como en establecimientos. Pero no era muy astuto, ni hábil al hablar así que fue capturado en su tercer o cuarto intento y llevado a una corte, y para evitar la condena tuvo que enlistarse en el ejército. No estuvo del todo enojado por el hecho, creía que era una buena manera de huir de la miseria de Sadoine, aunque tuviera que dejar atrás a su familia.
Dejó de ver a su familia no sólo por el duro entrenamiento que pasó sino también por la vergüenza que sentía su madre por su conducta. Después de seis meses de potenciar sus habilidades físicas y mentales, fue enviado a una importante misión en Tanba, una ciudad de la que mucho se hablaba aunque Bastián nunca había podido ir en sus 15 años.
El propósito era reclutar algunos jóvenes mientras se hacían pasar por civiles comunes, por lo que no llevarían armas de fuego. Después de unas 6 horas de viaje, al llegar a Tanba quedó fascinado con su belleza natural, nada comparada con su ciudad minera. El aire era puro e incluso el cielo era más azul, el viento frío lastimaba sus mejillas cuando rosaba su cara y la gente lucía feliz. Parecía un mundo lleno de colores y no gris como Sadoine.
Se encontraban desempeñando su labor, hablando con jóvenes de Ariza, pero todo terminó mal cuando unos jóvenes encapuchados supieron sobre sus perfiles militares y se inició una pequeña turba. Durante el altercado, Bastián fue golpeado accidentalmente por un compañero dejándolo inconsciente y al despertar estaba en el centro psiquiátrico, sin muchos recuerdos de lo que había ocurrido y siendo valorado como ciudadano de Tanba.
Al principio no recordaba nada, pero al paso de algunas semanas fue aclarando más y más su memoria. Sin embargo el muchacho decidió no decir nada al respecto, pues nada pues allí tenía un techo, comida y personas que se preocupaban por él, aunque extrañaba a su familia. Una vez que empezó a recordar muchas más cosas, dejó de tomar su medicación sin más y desde entonces esperó paciente la oportunidad para salir de allí.
En ese momento la vida en el asilo era tranquila, durante la semana se repartían las labores cotidianas entre todos, Esther y las enfermeras eran más amables y las puertas del asilo permanecían abiertas por lo que todos recibían visitas los fines de semana. Además, Bastián recuerda que había más jóvenes en el lugar, que iban y venían, por lo que en su momento la casa no era considerada un asilo.
Se sentó en el borde de la cama para tratar de ver la luna por la ventana a través de las copas de los árboles. Trataba de recordar la tarde exacta en que había cambiado el rumbo de sus planes de a pocos.