Bastián II

1136 Palabras
Estaba en la huerta atrás de la casa, haciendo alguna actividad por ocio, cuando escuchó revuelo en el vestíbulo principal, no dudó en correr hasta el lugar para ayudar. Una chica atravesó la puerta en brazos de unos jóvenes campesinos que la habían hallado en los campos de arroz en Sabui al norte de Tanba, se presumía que había sido un intento de s******o. Mientras Bastián llegaba intrigado hacía el vestíbulo, Lucía cruzó por un lado suyo de prisa cargada de objetos y cuando Bastián intentó preguntarle que ocurría, ella sólo entró corriendo a la biblioteca e ignoró su interrogatorio.   Había bastante caos en el vestíbulo donde estaba Esther arrodillada en el suelo con un cuerpo en brazos, al instante les grita a todos los internos que fueran a sus habitaciones y guardaran la calma. Bastián se acercó con el corazón acelerado a indagar sobre la situación, pensando que podría ser otra persona de Sadoine que había sido enviada a Tanba.   Él desconocía cuanto sabían tanto en el asilo como en la misma ciudad de Tanba acerca de esos reclutamientos infiltrados, pero sabía que en cualquier momento iba a estallar un conflicto y no quería que nadie supiera que él era originario de aquella ciudad, pero a la vez no quería ver caer a alguno de los suyos. Aunque el asilo quedaba en territorio neutral, sabía que era un punto estratégico y si Esther decidía tomar bando, probablemente sería hacía Tanba.   Esther vio a Bastián acercándose a la joven chica y le pidió de manera agresiva que se retirara, mientras la cubría con una manta. Espantado creyendo que era una chica muerta corre hacía la puerta alcanzando a los campesinos que la llevaron para preguntarles dónde la habían hallado y en qué condiciones, temía que fuera alguna compañera del ejército o conocida de su secundaria. Pero ante él dos enfermeras cerraron la puerta tras la salida de los únicos testigos.   Así que se acerca corriendo a la jefa de enfermeras y le arrebata la manta que cubre aquel cuerpo temiendo lo peor, pero en cambio se encuentra con unos desconocidos rasgos físicos, delicados y finos, poco conocidos para un muchacho que siempre vio mujeres trabajadoras, de toscas facciones y cicatrizado cuerpo por las labores en las minas.   Cuando Esther ve la reacción de desconcierto del chico, le permite quedarse a ayudarle. Sería de las pocas veces que subió al pabellón de mujeres, cargando el cuerpo de la chica para dejarla en su habitación, que ya habría sido preparada por Lucía momentos antes, llegando únicamente hasta las escaleras que conducían al ático pero no lo dejaron subir.   Desde entonces en muy poco tiempo empezaron a notarse bruscos cambios. La casa ya no tenía sus puertas abiertas a visitantes de manera libre como antes sino con unos horarios estrictos y después de la llegada de la joven, sólo otras dos o tres personas ingresaron al lugar.   Pasaron varios días antes que la chica despertara y mientras se hacía conocida en el asilo, Esther puso en orden el asilo para que nadie hablara sobre el posible pasado la chica, ya que podrían contaminar sus recuerdos. Era la primera vez que llegaba una menor de tan corta edad y con tal belleza, así que Esther sabía que no tardarían en querer relacionarse con ella. A su vez solicitó que se buscaran todas las pertenencias de la chica en la colina en la que fue hallada.   Eran demasiadas cambios en tan poco tiempo, ¿acaso era él el único que se daba cuenta que algo raro ocurría? Ahí fue cuando Esther le pidió que le enseñara a Violeta sobre el funcionamiento del lugar. Llevaba algunos días de haber despertado cuando Lucía y él se presentaron y le dieron alguna breve explicación de la situación en la que se encontraba.   Como los demás, empezó a tener a su cargo algunas labores en la casa, las cuales solían distanciarla de otros miembros del lugar, en especial los jóvenes. Al principio empezó haciendo las mismas actividades que Bastián, pero su favorita era la jardinería. Era una chica delicada y curiosa, que se la pasaba haciéndole preguntas. Otros jóvenes en el lugar tenían prohibido hablar con Violeta, solo Bastián podía autorizado por Esther con la explicación que ambos habían tenido pérdida de memoria.   — ¿Y tú por qué estás aquí? —dijo la rubia chica parada a un lado de Bastián que sembraba algunas hortalizas. — Un amigo me golpeó accidentalmente en la cabeza y me trajeron aquí porque había perdido la memoria —dijo agachado concentrado en su labor. — ¿Y cuánto tiempo te tardó recordar? — Un poco menos de un mes. — ¿Y por qué no te has ido aún? He visto que muchos chicos se han ido por estos días. — Estoy esperando… — levantó la cabeza para encontrarse con los azules ojos de la chica— No sé… a dónde ir.   Pero la condición de Violeta empeoró con el tiempo. Parecía que había tomado alguna sustancia que había afectado de manera importante el funcionamiento de su cerebro. Tenía espasmos que la hacían soltar las cosas involuntariamente, olvidos cotidianos sobre tareas o la ubicación de objetos, pérdida de memoria sobre los días anteriores y hasta parecía tener algunos ataques.   Bastián trató de hablar con otros jóvenes que también se habían alejado de él. Les preguntaba que había dicho Esther sobre la chica pero le evadían. En una ocasión, alguno le desvió el tema preguntando por su ciudad de origen.  — ¿De dónde eres originario? — Soy de Sadoine pero Esther no debe saberlo. Los chicos con los que hablaba se miraron asombrados entre ellos. — Debes hacerle saber la verdad… —Las personas de Tanba aquí no tienen oportunidades. — Pero eso no tiene sentido, aquí estamos en territorio neutral. —Luego lo entenderás.   ¿Acaso ellos ya saben sobre los planes de Sadoine? ¿Acaso Esther ya había tomado un bando en esta situación? Eso pensaba Bastián en ese entonces.   — ¿Así que la chica rubia corre peligro? — No te preocupes por ella, es más, finge olvidarla, sólo te traerá problemas.   Y no tomó mucho tiempo para que fueran retirados del centro, quedando sólo Violeta y él. Así que decidió decirle a Esther sobre su ciudad de origen con la excusa de haberlo recordado recientemente. Esther le alegró contar con alguien de confianza y le dijo que también amaba Sadoine, seguido de un guiño.   —Por eso ya sabía que eras de allí —dijo la mujer— pero estaba esperando que me lo confiaras. —Mi memoria parece estar mejorando. — ¿Has estado tomando juiciosamente tu medicación? — Creo que esto es prueba de ello. —No quieras pasarte de listo conmigo muchacho — le dice con una mirada penetrante y aguda.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR