Violeta se congela al oír la voz de Lucía. “No de nuevo “piensa angustiada ante la posibilidad de darle más problemas a su cuidadora.
— Señora, terminamos de hacer la ronda y nos quedamos custodiando esta salida tal y como Esther nos lo indicó —dice la chica que había oído algo en las escaleras.
— ¿Por qué Esther dejaría que alguien como tú haga la ronda?
— ¿A qué se refiere señora?
— No has hecho tu trabajo para nada bien y ahora custodias una puerta. No parece que sea una orden de Esther — dijo Lucía con voz contundente, aunque en su expresión facial parecía estar nerviosa.
—He hecho mi trabajo perfectamente, señora —dijo la chica mirando al suelo algo insegura.
Violeta trataba de moverse para huir de la escena pero presentía que la madera iba a volver a crujir cuando le quitara el peso de su cuerpo. Entonces abrió bien los ojos y trató de idear un plan que le diera tiempo, mirando los objetos a su alrededor.
— Ya puedes salir de ahí detrás — dice Lucía con esa característica voz contundente.
Entonces le vio allí tras la pared que daba al comedor, un joven de tez morena clara y cabello n***o desordenado. Bastián no había incumplido con su cita aunque parecía estar en una situación similar a ella, de difícil escapatoria.
Bastián abandona su escondite y se acerca al lobby donde trascurría la discusión sin rastro de miedo frente a lo que podía ocurrirle. Mientras tanto Violeta temía en extremo el castigo que podía recibir si era descubierta al igual que su compañero.
— Entonces, ¿hiciste tu ronda pasando por alto que este joven no estaba dormido?
— Estaba en su habitación hasta hace 15 minutos, lo juro —contesta con nerviosismo la enfermera acusada—. Pero no se preocupe, de inmediato lo voy a solucionar — y toma de manera brusca el brazo del chico de 1.72 que había permanecido en silencio hasta el momento.
— ¡Hey! No es mi culpa que hayas hecho mal tu trabajo — dice el muchacho con la irreverencia que le caracteriza.
Violeta piensa en regresar a su habitación pero…
— ¿Cómo voy a dejar sólo a Bastián en este problema? Bien, como siempre él se lo ha buscado por aventurarse sin tener primero un plan —pensaba la chica—. Pero esta mañana él en el bosque me defendió… —tenía sentimientos encontrados.
— Yo llevaré a los chicos a sus respectivas habitaciones, arrebatando a Bastián de las manos de la enfermera.
— ¿Los chicos? — pregunta la enfermera que hasta el momento había permanecido en silencio.
— Vamos Violeta, tú también debes ir a dormir — dijo Lucía con seguridad en su tono de voz.
Aunque Violeta llevaba ya un rato agotada por la posición en que tenía especialmente sus piernas, se quedó congelada al oír su nombre. Quería moverse pero no podía, quizás por tener las piernas entumidas o su mente en blanco frente a que iba a decir.
Empezó a bajar las escaleras que efectivamente crujieron al recibir y despedir el peso de la joven. Entonces las enfermeras se quedaron atónitas al verla salir de la oscuridad y teniendo ante ellas a dos prófugos iluminados por la luz de la luna que entraba por la puerta que custodiaban.
— ¿A dónde iban ustedes dos? — pregunta en un tono agresivo la incompetente enfermera.
— Ya no es necesario que estén aquí, pueden ir a cumplir con otras labores —despacha Lucía a sus inferiores y se queda sola con los chicos—. Yo me encargaré de hablar con Esther — añade, al ver que las chicas no abandonan su puesto de trabajo.
Una vez que se han retirado las mujeres, Lucía mira con seriedad a los chicos sin saber bien que decirles.
— Y bien, ¿es un coincidencia encontrarlos a los dos aquí? —les dijo en un tono bastante más amable de lo esperado.
— ¡Iba al baño! —dijeron al unísono.
— Bien, procuren no tardarse y no volver a bajar al baño a la misma hora.
Violeta quedó más que tranquila con lo que acaba de decirle su cuidadora, pero Bastián reconoció que había sido mucho más permisiva de lo que solía ser. Lucía al notar que el chico sospechaba añadió: —No crean que esto acaba aquí, vayan rápido a sus dormitorios antes de que pase Esther, discutiremos esto después.
Se dirigieron entonces al baño, en donde Violeta pensaba poder conversar con Bastián sobre lo que había ocurrido. Sin embargo se encontró algo muy diferente.
— ¿Así que después de todo pensabas dejarme solo allí?
— Solo tenía algo de miedo, pero ya ves que no fue tan grave como lo imaginé.
— Si vas a iniciar una travesura tan grave como ésta, deberías primero ser más valiente — le dijo en un tono triste a decepcionado más que enojado y se retiró a su habitación.
Violeta se quedó pensando sin poder responderle nada al respecto. “Pero si fue él el que ideó regresar al bosque” pensó y lo vio alejarse sin mediar más palabras. Se despidió de Lucía tratando de ser cortés y evadiendo la situación en la que se encontraba. Su cuidadora se despidió con una forzada sonrisa y la siguió con la mirada hasta que la joven desapareció en la oscuridad de las escaleras.
Lucía se quedó allí en la puerta de la zona trasera cubriendo el puesto que habían dejado las jóvenes enfermeras.
— No es común que alguien esté aquí a estas horas y menos que Esther no haya hecho la ronda —dijo para sí misma—. Algo sospechoso está ocurriendo.
Entonces se quedó allí parada esperando a confirmar su sospecha mientras admiraba la luz de la luna que por aquellos días se estaba dejando ver redonda y reluciente. De repente ve una figura femenina ascendiendo por la colina acompañada de otras mujeres. Era Esther y algunas jóvenes enfermeras, así que tomó fuerzas y se preparó para lo que podría ocurrir.
— ¿A dónde fueron las guardianas de esta puerta? — gruñó Esther con su carrasposa voz.
— No hacían bien su trabajo, así que me quedé yo en su lugar —trató de decir con firmeza, pero su voz temblaba.
— ¿Acaso alguien trató de salir?
— ¿Eso era lo que impedían las enfermeras?
— No es de tu incumbencia, sólo dame un reporte de los hechos.
— Simplemente hablaban distraídas —dijo encubriendo a los chicos.
— Más te vale que no quieras pasarte de lista conmigo —finalizó Esther y entró con las jóvenes chicas, dejando un rastro de pantano a su paso.
Lucía se quedó haciendo guardia allí mirando la luna con su corazón acelerado y su mente llena de ideas que no quería confirmar.