—Bien —dijo de nuevo algo avergonzada— allí acaba— agregó cerrando el libro y mirando al chico a los ojos.
—Y… —Bastián tenía varias preguntas pero no quería tensionar la situación, así que no sabía que decir.
— ¿Qué piensas? ¿No crees que es genial? —agregó Violeta emocionada.
Hubo un silencio por algunos segundos que se sintió como varios cientos de minutos.
— ¿Alguna vez fuiste a Tanba? —dijo en tono menos animado, acabando con sus escasas ganas de socializar.
—Sí, sólo una vez.
— ¿En dónde estuviste?
—Ariza —sentenció de forma cortante.
De nuevo hubo silencio pero esta vez fue el chico el que rompió la tensión, recomponiéndose del misterioso shock que estaba sintiendo, y con la intensión de animar a Violeta que ya revelaba en su cara la decepción por no haber asombrado a su compañero con su revelación.
— ¡Es un gran libro! Detalla muy bien la zona que conocí y… su ambiente.
— ¿En serio? —dijo la chica recobrando la alegría en su rostro.
Sin embargo el chico no podía fingir, no en este caso y menos frente a la excpectativa que le estaba formando a la chica.
— ¿Y de dónde sacaste el libro Violeta? —Esa era la pregunta prohibida.
—Lo siento, ese es un secreto —y llevó su mirada hacia el suelo con algo de tristeza.
—Creí que nuestra alianza no tendría secretos —trataba de manipularla aunque él fue el primero en ocultar la verdad.
De fondo se escucharon las campanas que indicaban el final del descanso de la tarde y llamaba al comedor para la cena y las labores nocturnas. Ambos chicos se miraron alarmados al darse cuenta que habían invertido tantas horas juntos en la biblioteca. Bastián se levantó tan pronto como se dio cuenta de esto y corrió escaleras abajo haciendo que la madera desprendiera fuertes sonidos al entrar en contacto con sus zapatos.
—Debes… debes irte rápido —se angustió la chica al ver que él no lograba atravesar la puerta luego de estar allí parado algunos segundos.
—No debes dejar que nadie sepa del diario —sentencio en un tono firme que ella no recordaba haber oído de su parte.
Bueno, ella ya tenía sus motivos para ocultarlo, pero ¿cuáles serían las razones de él?
— ¿Por qué me dices eso? —dijo ella en verdadero tono de angustia.
—Simplemente… —su dialogo fue interrumpido por la cantidad de pasos que se oían afuera— Confía en mí—sentenció y se fue antes de que el eco de la biblioteca dejara de retumbar sus últimas palabras.
Confiar en él no sería difícil como su compañero de aquella nueva alianza, pero ya la había metido en problemas antes, aunque su reacción durante los últimos minutos había sido muy contraria al clásico bromista que había visto durante un tiempo. — ¿Qué rayos es lo que todos me ocultan?— dijo con frustración en voz alta mientras se dirigía a la salida del gran salón.
***
Al subir a su habitación, cerró la puerta, se quitó los zapatos y se lanzó a la cama soltando un suspiro. No había salido tan mal como ella pensaba eso de hablar con Bastián, aunque ahora se sentía algo extraña frente a sus deseos después de hacerle esas preguntas a él sobre su pasado. Es decir, no habían sido nada reveladoras, pero era claro que tenía un pasado difícil de descifrar. ¿Quería saber más acerca de ello? O quizás quería enfoscarse en conocer el exterior. ¿Eran situaciones tan contradictorias que no podría realizar simultáneamente?
—Salir de aquí puede significar perder mi único lazo con el pasado, pero me permitirá conocer el mundo que deseo —dijo para sí misma con la cabeza apoyada sobre la cama y la vista puesta en el escritorio. Entonces se dio cuenta que…
—No es como si fuera a salir de las paredes de éste asilo… no no no, sólo serán paseos —dijo a nadie mientras se sentaba de golpe, excusándose por pensar en el exterior como una huida definitiva. Irse para siempre representaba un gran riesgo para ella y siempre que pensaba aunque fuera un poco en ello, evadía por completo esa idea.
—Quizá ahora leer le traiga algo de tranquilidad a este confuso corazón— declaró.
Sacó el nuevamente desordenado libró del bolsillo en su pecho izquierdo y encendió la lámpara a la vez que ubicó el diario sobre el escritorio. Quería saber sobre las aventuras que tendría Jade junto a su nuevo equipo, así que buscó fechas cercanas al día que ya había leído pero no hallaba ninguna.
—Qué raro… no suele tomarle tanto tiempo escribir de nuevo—. Entonces recordó que le había arrebatado una hoja a Bastián en la tarde, por lo que se dirigió al bolsillo lateral de la prenda, pasando su mano por debajo del saco que el chico le había prestado y se ruborizó al recordar el calor que sintió en sus piernas cuando se lo puso más temprano.
—Debo regresárselo…— Se cambió por su pijama y puso el saco blanco sobre el espaldar de la silla, se sentó y desarrugó la hoja que recién rescataba del bolsillo del guardapolvos.
20 de Marzo de 1935
Los últimos días han traído muchos cambios, es difícil cumplir los horarios en casa a la vez que las salidas con la pandilla, pero no voy a dejar de hacerlo. He vivido lo que siempre he soñado, puedo estar en contacto con la gente o bueno… una parte que no se aterra porque llevemos capas y capuchas.
He conocido muchas otras zonas de Tanba que no sabía que existían y todo es gracias a estas nuevas excursiones que los chicos gustan de llamarle misiones. Ríu es un excelente líder y cada vez se convierte más en un amigo que y colega. Es que hemos tenido la oportunidad de hablar más y más de nuestros intereses, compartimos muchas ideas y creemos en un mismo tipo de futuro.
Él no ha querido contarme mucho sobre su vida íntima aunque ya lo sabe todo de mí. Bueno… solo sabe lo que se ha dicho de mí públicamente. En la pandilla hasta yo misma he descubierto cosas de mí que desconocía, me he dado cuenta que hablar con nuevas personas te ayuda a conocer más de ti misma que de ellas y además te ayuda a construir nuevos aspectos de ti misma, que no se harían si mantuvieras como muchos adultos aburridos desean.
Creo que cada vez me importa un poco menos de dónde vengo si tengo la certeza de a dónde voy. Con los chicos hemos discutido sobre enseñar a niños de la calle, creo que quisiera ser maestra, viajera… hay tantas cosas por explorar más allá de lo que siempre he soñado y todo lo he descubierto gracias a mis amigos…
La página acaba allí y como ya es usual, Violeta no logra encontrar la página que le sigue a esa, por lo que se gira enojada apoyando su cabeza completamente en el espaldar de la silla.
—Este saco… huele muy bien —Y cierra sus ojos tomando aire profundamente sobre la prenda.