Una alianza II

1754 Palabras
— Me gustaría saber algo mi pasado, ¿Qué sabes al respecto? —dice Violeta con firmeza. — Lamento decirte que no mucho, lo único que supe es que… (¿Intentaste suicidarte?, no puedo decirle eso) Esther se encargó de ocultar muy bien tu pasado por algún motivo, cuando te conocí… ya sabes, estabas inconsciente… —hablaba con ligeras pausas tomándose el tiempo de pensar que decir, mientras se recostaba en uno de los libreros. — ¿Sabes que pudo haberme pasado? —Sólo sé que estabas a las afueras de Tanba, abajo de la colina.   Violeta se queda pensando un momento cuál será su siguiente pregunta. — ¿Y tú por qué estás aquí? —se aprovechó de la situación para saciar su curiosidad. “Esto no es justo, ella sólo va a contarme un secreto y yo debo contarles tantas cosas” pensó Bastián. —Bueno, también me hallaron a las afueras de Tanba, me trajeron y Esther me ha encargado varias tareas en el hogar, creo que espera que me jubile primero que ella—bromeó.   Violeta no sonrió ni dio alguna respuesta a la broma, en su lugar, miró a un lado y continuó preguntando. — ¿Entonces te has recuperado por completo? —Eh… más o menos — ¿Recuerdas tu pasado? —era algo de lo cual el chico no quería hablar. —Eh, no mucho —mintió. La chica notó la incomodidad y aunque también deseaba saber más sobre el chico, no quería dejar pasar la oportunidad de saber más sobre ella. — ¿Cuántas veces he perdido la memoria por completo? —Bueno, no es algo sencillo de explicar, diría que el primer año fue el más difícil, olvidabas todo casi cada emana, después mejoró, cambió a meses y bueno, no sé desde que época recuerdas. —Sí, recordar… creo que… —se quedó en silencio. Sentía que no recordaba sino que aquel diario la hacía sentir como si hubiera conocido Tanba, pero podría ser sólo su capacidad de imaginar de una manera muy vívida.   ¿Sería eso a lo que se refería Esther con contaminar su proceso? Le decía que tratar de buscar la verdad la alejaría de ella, que empezaría a tener recuerdos insertados, que no eran suyos y que después nunca podría recuperar la verdad sobre su pasado y con ello, estaría por siempre en el asilo. Sonaba dramático, pero para una jovencita que tenía una vida por delante, parecía hacerle sentido esas explicaciones y por eso evitó hablar de su pasado con alguien más desde que tiene algo de memoria.   Y no sólo ella pensaba así, aún Bastián creía que era mejor alejarse y permitirle que se recuperara, que no debía decirle toda su verdad y los conflictos del mundo exterior para no empañar sus posibles recuerdos. Entonces después de haber intentado contarle muchas cosas en el pasado, un día decidieron sin haberlo pactado, que se alejarían, para evitar problemas con Esther y para evitar entorpecer más las cosas.   Así es como apenas hoy Violeta se animaba a preguntar algo sobre el tema aunque el chico aún tenía sus reservar frente a hacer y sin contarle a ella las razones por las cuales creía que no era bueno, simplemente contestaba a su conveniencia. “Así que después de todo si le interesa seguirse recuperando aunque también quiere salir” pensó. No era como planeaba que fueran las cosas, pero cada vez tenía menos control sobre las variables y debía aprovechar cualquier oportunidad para huir de ahí con ella.   Violeta giró la mirada hacia un lado como buscando las palabras indicadas para contarle a Bastián sobre el libro. No es que ese fuera el secreto sino de dónde lo había sacado. Bastián pronto notó la actitud de la chica y no dudó en tratar de sacarle ahora información a ella.   —Entonces… ¿ocurre algo que quieras contarme? —le dijo en un tono serio. — Bueno… —En verdad quería decirle pero ya presentía la actitud con la que respondería. Bastián se sentó a un lado de la chica con una amplia sonrisa deseoso de información. —Es un secreto Bastián, no debes decírselo a nadie —le dijo en tono firme con sus manos sobre las piernas protegiendo la ubicación del diario. —Entre nosotros todos son secretos, ya sé cómo manejarlo —intentó bromear de nuevo. —Esto es algo serio —dramatizó la chica hablando en tono fuerte. —Okey, okey, prometo no decir nada, pero dime de qué se trata ¿Acaso…? — ¿Acaso qué?  Le respondió con una voz entre irritación y expectativa. — ¿Acaso es porque tienes algún recuerdo? — ¿Qué? ¡No! —dijo enojada al sentirse incomprendida   Estaba tan acostumbrada a la vida allí que había perdido la fe en verdaderamente recuperarse. Ahora sus planes estaban más afuera que en ese lugar, y creía que sus recuerdos podrían llegar de otra manera aunque aún no había planeado mucho sobre eso.   —Simplemente esto es otra cosa, no es nada de eso —le dijo en un tono más amable y se metió la mano al bolsillo—. Se trata de esto —y volvió a exponer el maltratado y viejo libro. Bastián no quería minimizar sus emociones hacia el secreto y arruinar aún más el momento. Sin embargo su expresión ya había hablado por él. —Es… importante para mí.   Entonces se acercó a ella y esperó en silencio alguna otra palabra de su parte pero no la hubo, así que movió sus manos hasta las de ella para indagar el objeto, pero ella rápidamente las movió fuera de su alcance. — ¿Qué crees que haces? —Sólo quiero saber de qué se trata — Es un diario, ya te lo dije. —No, no me lo había dicho. —Ah… —Parecía que su memoria estaba afectada en más de una manera—. Vale, voy a leer un poco para ti, así te harás una idea de qué se trata. Estaba leyendo antes de que llegaras así que… —Lamento haber interrumpido —interrumpió el chico. —Deja de disculparte por favor —habló irritada, siempre parecía estar enojada con él.   Se sonrojó, hace tiempo no practicaba su lectura en voz alta, aclaró su garganta y buscó la hoja en la que se había quedado justo cuando Bastián llegó, aunque ahora el diario estaba más desordenado.   Intenté poner mi cuerpo en posición ofensiva, cuando de repente fui tacleada hacia el río Mizú, que estaba ubicado a mi espalda. El chico se echó a reír y empezamos a conversar  —Sabía que no durarías ni un segundo. —Así que además de falta de ética eres un machista, al empujarme sabiendo que soy mujer—le respondí. —Es porque eres una princesita.   Así que esta persona sabía muy bien quien era yo, además de haber dejado al descubierto mi identidad al caer al agua.  ¿Entonces eres un clasista?, le pregunté. "Eso me parece un poco más acertado, pero podemos discutirlo después". Me extendió la mano para ayudarme a salir de aquellas aguas cristalinas. Si ya había probado lo que quería probar, ¿por qué seguía ahí? “Vamos, que esto sólo ha sido una prueba de ingreso”. Horrorizada por su cinismo, hice una expresión de asombro antes de lanzar la pregunta más obvia. “¿Acceso a qué?” “A nuestro equipo de vigilancia y control de masas de Ariza”   ¿Qué? No había otra cosa que pudiera decir. Y una vez salí del lago sólo pude repetir la misma pregunta, “¿Qué? ¿Qué se supone que hacen? ¿A que se dedican?” “Atrapamos ladrones, solucionamos altercados y disfrutamos de la vida” me respondió. Okey… “Y dónde está el control de masas en eso?” No pude evitar racionalizar demasiado ese nombre. “Haces demasiadas preguntas” se quejó. Escurriendo mi ropa y cabello, pregunté al aún encapuchado sujeto por qué deseaban que perteneciera a una banda de esa índole. “Sería genial tener la opinión de una mujer frente a muchos de los temas que tratamos, en especial por tu conexión con la política”   Si Tanba tenía algún defecto, sin duda sería en sus ideologías retrogradas y conservadoras, así que parecía que este chico tenía una opinión similar a la mía al respecto de ello. ¿Entonces esa prueba que tenía que ver con mi ingreso? Si al final necesitaban una princesita para que dé su opinión. Bueno, su respuesta fue un tanto filosófica, algo como “Te dije que sólo era la prueba de ingreso, has probado que estás dispuesta a defender tu vida, la valentía y el respeto por la propia existencia es uno de nuestros principales valores” “¿Así que pasaré por más pruebas?”   Me tomo del brazo y corrimos en dirección a los pasadizos de Ariza buscando trepar a las terrazas. Le reclamé por haberme jalado mientras volvían a cubrirme con mi capucha y sólo me dijo que necesitaba verlos para entenderlo mejor. Seguimos corriendo hasta llevarme a su guarida donde nos encontramos con los demás muchachos. Después describiré mejor el lugar, aunque no sé si decir cómo llegar a él, podría ser peligroso.   Allá, aunque él ya había visto mi cara, yo seguía sin saber quién estaba bajo esa capucha. Hicieron todos una reverencia dándole más misticismo al asunto y todos se descubrieron, por lo que hice lo mismo. Pude ver a un chico de tés clara y cabello oscuro, no muy alejado de mi edad, aunque me llevaba la ventaja en estatura, de hecho, todos eran más altos que yo lo que evidencio en mí cierta vergüenza.   El chico se presentó, “Mi nombre es…mi apodo es Ríu” De repente me pareció que sin la capucha su voz era más delgada y juvenil. Sentí un poco injusto que él si supiera mi nombre real, sin embargo, les dije que me llamaran Jade. Hablamos un rato y poco se mencionó acerca de mi status o rango político que pensé sería un factor clave, quizás Ríu fue dramático allá en el río.   Me sentía fresca siendo yo misma allí. Luego de conocer a todos los chicos, me hablaron de algunas situaciones anormales en Ariza, sobre reclutamientos de personas, chicos que deben dejar la escuela y cómo podía ayudarlos, pero son temas de los cuales no quiero ni tengo tiempo para escribir. Debo dejar hasta aquí…     
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR