Bastián se iría a su habitación justo después de acabar su tarea de limpieza en la cocina. Sin embargo alguien hace que se alargue su tiempo en aquel lugar.
—Te noto algo pensativo —dice Cesar que era uno de los internos con el cuál más tareas compartía Bastián.
—Todo en orden por aquí —le responde Bastián terminando de acomodar algunos implementos y trastos.
—También desapareciste durante toda la tarde.
—Sí, fui a la biblioteca a leer un poco.
— ¡Esa sí que es una novedad!
Quizás debió inventar otra excusa pensó Bastián, mientras su rostro se notaba irritado por volver a oír ese comentario acerca de su deseo ficticio de leer.
— Sí, quería romper un poco con la rutina —no miraba a los ojos a su compañero.
— ¿Así que te encontraste con ella?
Bastián había estado pasando por varias semanas de reflexión. Al principio tuvo dos años con un claro propósito: huir junto a Violeta, por lo que la acompañó sin falta en su recuperación ocupando sus días enteros en asesorar sus labores aun cuando ella olvidaba constantemente varias cosas. Sin embargo, el año siguiente a esa época estuvo lleno de cotidianidad y pocas novedades frente al caso de la chica, en donde finalmente dejó de ser su sombra y se alejó. Le había dado tiempo para plantear posibles alternativas a su escape, irse sólo o incluso quedarse allí para siempre.
Había puesto todo el peso de sus decisiones y de su futuro en la recuperación de Violeta, perdiendo por completo el foco sobre su propia existencia y aún más importante, la capacidad de decisión de Violeta.
Así que en el último año allí, dejó de planear, dejó de presionar la evolución de Violeta, dejó de tener todas sus expectativas en ese asunto y sólo empezó a vivir esa realidad que desconocía porque se había negado a ella y pasó a disfrutar del día a día.
O al menos hubiera deseado poder vivir con normalidad como pensaba que vivían los demás internos. Sin embargo el estado de su salud mental y sus capacidades cognitivas lo hicieron cuestionarse una y otra vez esa nueva realidad.
Ya no centrado en Violeta sino en su misma existencia allí es donde se halla actualmente Bastián. Era imposible que nadie más en la casa (y principalmente las cuidadoras) se cuestionara por el rol del chico en el lugar aun sabiendo que se había recuperado, aunque sólo hasta pasados tantos meses logra percatarse de esta situación ilógica. Lejos de calmar su mente y sus pensamientos conspiranoicos, el centrarse en su existencia sólo termina causando problemas en su búsqueda de verdades mientras trata de ocultar su condición.
En el último año había empezado a relacionarse más con los demás internos en el pabellón de hombres en donde Esther le había empezado a asignar más tareas. La mayoría estaban allí por deficiencias motoras y no mentales aunque en ultimas todos lucían igual de grises después de tanto tiempo “como con el cerebro seco” pensaba Bastián.
Pero Cesar era una persona con colores cuando se lo proponía. Simpático y con un gran sentido del humor, empezó a conversar más con Bastián durante sus jornadas y a compartir con él, algunas anécdotas de su vida. Aunque el chico no solía hacerle muchas preguntas, sentía que abrir la puerta de la intimida de alguien más explícitamente le daría la oportunidad a los demás de abrir la suya y él siempre se mantuvo a la raya de qué podía decirle y qué no.
Y aun así, el hombre en más de una ocasión había logrado descifrar lo que el chico intentaba ocultar y al final con un consejo, un refrán y algo de aceptación lo hacían sentir mejor a la vez que más cercano.
Todo fue por mejor vía cuando hablaron de los misterios de las cuidadoras y de Esther. Hablaban constantemente sobre las probabilidades de huir de aquel lugar aunque Bastián intentaba resistirse y desviar el tema, la verdad es que el sujeto era bastante agradable y era de fiar.
Bastián y esto de sentirse en casa fue algo que se tejió con el tiempo y aunque Cesar no sería exactamente el padre que buscaba, podría funcionar como un tío o quizás un primo, así que no escatimó en contarle algunas cosas sobre Sadoine y el ejército. De todas manera Cesar le confesó que ya conocía algunos de sus secretos, lo que al final no pasó de una broma que hizo sentir a Bastián incómodo y nuevamente cauteloso.
Así que Cesar no tardó en descubrir el asunto de los sentimientos del muchacho por Violeta y ahora quería sacarle el tema teniendo en cuenta que pasó toda la tarde en la que todos consideraban era la guarida de la chica.
—Tienes suerte en poder interactuar con la joven —le dijo mientras secaba unos platos.
—Amm… —Bastián quería explicar que no se trataba de eso, pero en parte si era de eso y la otra parte no creía conveniente decirla.
—Vamos muchacho, no hay que avergonzarse de nada —le dijo dándole un codazo amistoso al chico que ya no estaba desempeñando ninguna labor— es algo de estar orgullosos.
—Yo no… estoy avergonzado —aunque se sonrojó al decirlo, su sentir era más de confusión que de vergüenza.
—Ya sabes, también estoy enamorado de esa mujer que no hemos podido volver a ver…
Bastián sabe que siente algo por Violeta, no cree que sea amor sino admiración o algo así, quizás era sólo interés, la quería para salir de allí o la quería para acompañarlo y eso era un pensamiento egoísta, pero en verdad la quería. Dejó de escuchar a Cesar mientras se perdía en sus pensamientos, además repudiaba un poco hablar sobre romances y amor. “¿Será acaso eso lo que impide que sepa que es lo que siento?” Pensó el chico.
—… aceptación —continuaba hablando Cesar —se requiere aceptación y valentía…
Andaba un poco existencialista sobre su rol en el mundo y en el silo ¿Cuidar a Violeta para siempre? ¿Será eso el amor? ¿El deseo de no querer separarse de una persona nunca y querer protegerla siempre? Eso parecía ser demasiado y podía preguntárselo a su interlocutor pero…
—Vamos hombre… cuénteme que hicieron allá —lo dice con un tono bastante humorístico.
Pero Bastián no quiere que nadie sepa acerca del diario por ahora, por lo que amargamente deja a Cesar sólo en la cocina y se dirige con sus pensamientos hacia su habitación.