CAPÍTULO VII-5

2473 Palabras

Por fin terminaron de tomar el té; habrían terminado mucho antes si el señor Donne no hubiera insistido en seguir sentado con la taza medio llena de té frío mucho después de que los demás ya se lo hubieran tomado y de que él mismo hubiera devorado todas las viandas que se sintió capaz de engullir; ciertamente, mucho después de que todos hubieran manifestado claros signos de impaciencia: hasta que las sillas se retiraron, hasta que languideció la charla, hasta que se hizo el silencio. En vano inquirió Caroline repetidamente si quería otra taza, si quería un poco de té caliente, pues el que aún tenía debía de estar frío, etcétera: Donne no quería beberlo ni dejarlo. Parecía pensar que su aislada posición le confería cierta importancia, que le daba dignidad y majestuosidad ser el último, que

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