CAPÍTULO VIII NOÉ Y MOISÉS Al día siguiente, Moore se había levantado antes que el sol, había ido cabalgando hasta Whinbury y estaba de vuelta antes de que su hermana hubiera preparado el café con leche y las rebanadas de pan con mantequilla y mermelada para el desayuno. Las transacciones que pudiera haber llevado a cabo allí no fueron mencionadas. Hortense no hizo preguntas: no tenía por costumbre comentar los movimientos de su hermano, ni él acostumbraba a rendir cuentas. Los secretos del negocio —misterios complejos y a menudo deprimentes— estaban enterrados en su pecho y jamás salían de su sepulcro, salvo en contadas ocasiones para asustar a Joe Scott, o a algún corresponsal extranjero; en verdad parecía que en su sangre mercantil anidaba un hábito general de reserva sobre todo lo qu

