Susan no podía creer lo que Rosalie le contaba sobre su cita con Ricardo Mondragón, mientras ella empezaba a sacar vestidos de su clóset y elegir uno para la fiesta de Hannover. —¿Entonces no solo se comprometieron, sino que también se casarán? —Así es, Susan, no solo fingiremos estar comprometidos sino que nos casaremos por tres años. —¿Tres años? —Sí, Susan, tres años — el asombro en el rostro de su amiga solo hacía que Rosalie empezara a sentir ansiedad sobre cómo se lo tomarían las demás personas. —¿No tienes miedo de que en esos tres años te enamores de Ricardo Mondragón? — le preguntó Susan, a su amiga al verla sentarse por fin en el sofá abrazada a un cojín. Rosalie no respondió de inmediato, puesto que no podía negar que tal vez el único hombre que le hacía temer que la hicie

