Valeria – 6 semanas de embarazo El embarazo empezó como un milagro silencioso. Náuseas por la mañana, cansancio repentino, una felicidad que me salía por los poros. Hasta la mañana en que todo cambió. Estaba en el baño del ático, recién duchada, cuando sonó el telefonillo. Mateo había bajado a abrir el café a las seis y media como siempre. Contesté sin mirar la pantalla: —¿Sí? Una voz de hombre, grave, con acento del este que no lograba ubicar: —Señora Bianchi… tengo un mensaje para su marido. Dígale que Viktor Ivanov está en Palermo. Y que ha venido a cobrar una deuda que Matteo creyó olvidada hace quince años. Colgó antes de que pudiera preguntar nada. El teléfono se me cayó de la mano. El nombre me golpeó como un martillo: Viktor Ivanov. El ruso. El único hombre del que Mateo j

