Dylan caminó sin rumbo por varias horas, las palabras de Jimena resuenan en su cabeza, no podía ser real, no podían ser hermanos, tenía que ser un invento más para que Valentina odiase a los Lisboa. Su cabeza estaba por estallar y no supo exactamente cómo fue que tomo el camino hasta la oficina de su padre. Pero ya estaba ahí, frente a las instalaciones Lisboa. Para sorpresa de muchos empleados el joven heredero subió por el ascensor hasta la oficina principal. Sin saludar a nadie se apresura a la puerta. —¡Dylan! No puedes pasar, tu padre está en una reunión importante. —Estefanía, la secretaria deja su lugar tras el escritorio para detenerlo. Más, Dylan parece no escucharla, abre la puerta, entra y cierra estrellándole la puerta en la cara a la pobre chica. —¡Maldito miserable! —grit

