Fue extraño y también fue divertido, porque durante los siguientes dos días Franco me trató indiferente, lo vi por el lado de ayudar a la causa de parar lo que él tanto quería que no pasara, pero la realidad era que cada tarde que salía del colegio Esteban estaba ahí y su disconformidad se notaba hasta el punto de buscar excusas para retarme, lo cual era absurdo porque él había elegido que no siguiera jugando. De las dos horas que teníamos el jueves, dio una explicación rápida para unos ejercicios y dijo que tenía que corregir, lo que era un alivio para nosotros porque estaba de malhumor y nadie quería soportarlo, por los pasillos le decían: el sexi malhumorado, porque era hermoso, nadie lo podía negar, pero tenía un humor de podrido frente a sus alumnos y aunque quisiera pensar que era s

