_ Entiendo, papá. – susurré cuando dije la última palabra, aún así Filippo pudo escucharme provocando que se sonrojara. – Supongo que no me dirás dónde encontrarte. – volví a mencionar y el negó con su cabeza, confieso que me sentí triste por su respuesta, pero era obvio que no me contaría, ya me había dicho sus motivos. _ Cr-crees bien. – mencionó, estaba nervioso. – Se siente raro que me llames así. – agregó, por un instante pensé que le molestaba y me entristecí. – Pero me gusta, hija. – terminó diciendo provocando que me dieran hasta ganas de saltar, sin embargo, no lo hice, no quería cometer alguna locura. Eso sí, me lo volví a abrazar, esta vez con más intensidad. – Eres cómo la hija que siempre quise tener al lado de la mujer que siempre he amado. – agregó nuevamente, mi corazón se

