Los dedos de Alina se deslizaron de nuevo hacia abajo, sobre la tela de lino, pero Brand le agarró la mano y se la puso más arriba, como si ella pudiera sentir a través de su corazón lo que no tenía palabras para expresar. Ella ejercicio presión sobre su piel. Un arrebato de exaltación, de impío deseo, se apoderó del cuerpo de Brand. Éste sintió que su eco reverberaba en Alina, cuya mano acariciaba el ardor desbocado de su carne. Lo tocaba con una firmeza que sorprendió a Brand. Sus caricias no se parecían a ninguna otra. Por más que intentaba acorazar su mente. Brand las sentía atravesar su cuerpo, presa del deseo. Brand dejó a un lado la razón. Nada existía para ellos, salvo ese instante. Debían superar las sombras del pasado. Él no dejaría sombras sobre el porvenir de Alina. El ali

