Capítulo 17

1019 Palabras
Lo que él había dicho concernía a su hermano. Se lo había dicho para subrayar el vínculo que los unía. Quería que ella supiera que era indisoluble. Lazos de sangre. > Pero no podía. Ahuyentó con esfuerzo la voz de Cunan de su cabeza. Sabía que Brand no le pertenecía. Siempre lo había sabido. Lo sabía en el fondo del alma. Brand se inclinó sobre ella entre las sombras, lleno de poder, a pesar de los efectos de la fiebre y el cansancio, a pesar de la herida que le habría costado la vida de no ser por el amor de su hermano. -Quiero que escuches el final. Cuando encontré a Wulf, tu hermano había intentado devolvérselo a quien se lo vendió.Pero no pudo. Así que llegó Hun con todos sus esbirros y con los mercenarios que había contratado, para llevarse a mi hermano por la fuerza. El final, Alina lo conocía sin asomo de duda. -Pero tú estabas allí.Mataste a Hun antes de que pudiera volver a hacerle daño a tu hermano. Los ojos centelleantes no titubearon. -Sí. Alina no podía decirle al hombre que amaba que se alegraba profundamente de que Hun, aquel hombre malvado y vil, hubiera muerto. -Debes saber cómo están las cosas. Maté a tu amante con la espada que empuñaste en el convento.Esta vez, yo estaba allí.Esta vez, pude salvar a mi hermano. No fue una venganza.Fe simple justicia.Si es que hay alguna diferencia. -Puede que...Alina se interrumpió. No lo miró a los ojos. Brand vería a través de ellos. -Lo que de verdad hizo justicia fue el hecho de que, después de todo lo ocurrido, mi hermano encontrara una felicidad de la que ni tú ni yo fuimos capaces. Encontró a alguien que lo amaba. Alina ocultó la cara entre las manos.pero, a través del dolor de la amargura, corría una hebra de feroz alegría porque para alguien el futuro hubiera quedado redimido, más allá de las esperanzas que abrigaba ella y de los que mereciera. La amargura y la alegría parecieron fundirse en su interior, formando una determinación que no conocía límites. Si tales cosas podían rescatarse de las tinieblas que llenaban el mundo, ello era la prueba de que había tomado la decisión correcta. La deuda que había dejado pendiente era la que aseguraría el porvenir. La redención. -¿Puedes comprender esa clase de Justicia? >. Aquella palabra resonó en su cabeza como un grito. Cerró las manos y se las llevó a la boca. La intensidad del silencio atravesaba su carne y sus huesos, al tiempo que las ondas creadas por aquella palabra se extendían, bañándolos a ambos. -¿Puedes? Ella recogió las hebras de su voluntad.Para Brand, la única posibilidad de redención no radicaba en ella. Era imposible para reparar la dádiva que el destino le había concedido a un hermano condenado al otro a vivir una pesadilla. En alguna parte, fuera de aquellos muros, estaba Goadel. Él la quería.Si ella se acogía a la piedad de Brand, él la protegería con su vida, a pesar de lo que le había hecho. Porque así era él. Pero Alina no podía permitirlo.Ya había estado a punto de verlo morir una vez. -Dime qué pasa por esa linda cabecita tuya, Alina. ¿Dejaste d querer a Hun antes de que muriera? Ella podía sentir la misma intensidad en su voz que había llenado el silencio. Se apartó las manos de la boca con esfuerzo y enderezó los hombros para aparentar despreocupación. -No. Ahora te toca a ti desilusionarte. Yo tomé una decisión y fui feliz con ella. Te he dicho que lamento lo que le pasó a tu hermano porque él  no tenía por qué tomar parte en esto. Me alegra que este...bien.pero no te envanezcas pensando que eso cambia lo que querías? -¿Y qué era exactamente lo que querías? Su negra forma se había acercado a ella. Alina notaba su respiración. Sentía los bordes tensos del dominio de sí mismo que mantenían a raya su ilimitado poder. Brand desesperadamente algo que decir, las palabras que llenaran la aterradora oscuridad y el silencio.Las palabras que podían convencer a un espíritu  que tenía más recovecos de los que ella conocía. Volvió a aferrarse a una verdad fragmentada. -Lo que quería era encontrar mi sitio en el mundo.Y complacer a mi padre. >. >. Tragó saliva.Aquella verdad fragmentada dolía tanto como las mentiras. -No sabes cómo era en Craig Phárdraig. Mi padre... -sintió la boca seca-. Mi padre y mi madre se odiaban -se obligó a hablar a pesar de la opresión que notaba en la garganta-. Eso no te lo dije. Hay muchas cosas que no te dije. Aquellos fragmentados de verdad eran como dagas.Pero te herían sólo a ella. -Hay poco tiempo para intercambiar confidencias cuando se va huyendo.No nos conocíamos en absoluto. ¿verdad? -Sí. Alina sentía su atención concentrada en ella como olas que se estrellaran contra acantilados. -Mi madre odiaba Craig Phárdraig. La llevaron allí para casarse, pero en el fondo fue siempre angla. Sólo pensaba en su hogar, en Strath-Clóta. Se suponía que tenía que hacer lo mismo que yo, establecer una alianza conveniente  entre dos reinos vecinos y enemigos. En anglo hay una palabra para eso. -Frithuuvebbe. Tejedora de paz. La palabra  nortumbria, pronunciada con voz profunda, tomó forma en la oscuridad como algo a lo que poder abrazarse.Pero, naturalmente, ello no era posible.La trama de la paz era tan frágil como una telaraña. -No es cosa fácil. Mi madre dejó a mi padre por un tiempo. Se fue con Modan y conmigo a Stracth- Clóta, al gran palacio de Alcluyd, para ver a su familia. Yo tenía cuatro años cuando me llevó allí. Cuando mi padre la obligó  por fin a regresar, tenía nueve.Tú viste la belleza de Alcluyd antes de que te conociera - ella tomó aire.
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