Capítulo 18

1148 Palabras
Brand había vivido dos años en una corte en la que ocupaba una oposición semejante a la que ocupaba Modan en Bamburg en ese momento-.Supongo que lo odiabas. -¿Porque quisieron colgarme?-él se apartó ligeramente, dominándose, cubriendo con una manto el fuego que ardía debajo-. No, no lo odiaba. Alina se quedó mirando su enorme sombra.¿Cómo no iba a odiar Brand Alcluyd? Lo mismo que la odiaba a ella. -Pero ¿cómo lograste sobrevivir sabiendo que tu vida significaba tan poco que podían matarte en cualquier momento? En los ojos dorados ¿Cómo sobrevive uno siempre?-su voz parecía oscura y llena de sombras que se retorcían como el aire-. Además, nada es permanente.La alegría y la pena se siguen como el hambre al festín.Hasta la vida es sólo prestada. Eso era lo que creían todos los anglos en el fondo de su corazón, pero su modo de decirlo hizo que Alina sintiera una opresión en el pecho. -Hay tanta gente que ha intentando matarme...-Alina sintió un escalofrío. Tanta gente: Osred, Hun y, ahora , fuera de aquellos muros, el hermano de Hun.¿Y el hermano de Alina? > Alina sintió el movimiento de un cuerpo atormentado por el dolor físico y el fuego de la ira.Pero, cuando Brand volvió a hablar, su voz sonó ligera y disipó las tinieblas. -Al menos los anglos de Strath-Clóta tenían una razón de peso para querer mi pellejo. En aquellos tiempos me tocó el turno de representar ante ellos al difunto rey Osred. Eso bastaba para que cualquiera quisiera colgarme. Aquella súbita ligereza de su voz contenía un atisbo de lo que Alina añoraba.Los sutiles caminos de un espíritu que comprendía la nobleza y el deshonor, el egoísmo y los intereses que impedían a las personas actuar de un modo u otro. Era esa comprensión la que la había impulsado a poner su suerte en manos de Brand sin la menor reserva. Era esa comprensión la que debía derrotar. -Fui tan feliz de niña en Strath- Clóta...-hizo una pausa. Tenía que escarpiar con cuidado la verdad. Tomó aire y se tragó los sentimientos de su infancia- Pero, a diferencia de mi madre, yo sabía cuál sería mi destino. Sería una tejedora de paz.Haría lo que pudiera por mi padre, por mi tío y por el reino de los pictos. Triunfaría allí donde mi madre había fracasado. Tendría...-no se le ocurrió una palabra que encajara  con la monstruosa imagen de Hun. Inhaló y estuvo a punto de atragantarse-. Tendría riqueza, seguridad y...poder. El aire se heló de pronto. No se oía nada. Alina podría haber sido la única persona que había en la habitación, pero no lo era.Sentía la presencia de Brand. Sentía que se acercaba. Sigilosamente. -¿Es eso lo que querías de Hun? ¿Poder? El hilo de la verdad se había roto. Alina se quedó tan quieta como él. -Sí, eso es lo que quería de Hun. Eso era lo que podía darme. Sé que durante un tiempo, cuando estaba contigo, lo perdí de vista, y créeme, no hay nada que lamente más profundamente que eso- cerró las manos con fuerza. Se clavó las uñas en las palmas-.Al final entré  en razón. Supongo que, al final, no nos quedó más remedio. Yo volví con Hun y todo se resolvió. -¿Todo se resolvió? Su voz suave y ruda a un tiempo sonó como un profundo susurro en la oscuridad. Estaba tan cerca que su cabello rozó la garganta de Alina, suave como el roce del ala de un ángel.Y, sobre ella, la sombra de su cuerpo. A Alina se le erizó la piel. -¿Fue así? Su sombra la apabullaba. Le deseaba tanto que la cabeza le daba vueltas. El ansía de su cuerpo, de la plenitud que Brand le había mostrado en aquella misma habitación le desgarraba  la carne. Pero Brand no era suyo. Nunca podría serlo. Alina se forzó a hacer resonar aquellas lúgubres palabras en medio de la oscuridad, cargaba de susurros, de su cama compartida. -Sí, así fue- no le hizo falta intentar que su voz sonara áspera. Sonó como el granizado de un cuervo tras una batalla-. Todo me salió bien con Hun y, al final, pude cumplir mi deber para con el reino de mi padre. Y tendría mi lugar en el mundo. Hasta que apareciste tú. Como la última vez. Sólo hasta que llegaste tú. La forma que se cernía sobre ella se contrajo, cambió de forma. Alina sintió un soplo de aire sobre su cuello, allí donde antes sentía la suavidad de su pelo. Pero, tras la frialdad, se adivinaba la quemazón del hielo. Alina sabía que la ira estaba allí, dentro de él. Conocía sus razones y presentía su poder. Si Brand hubiera sido Hun, la habría matado por lo que había hecho. Alina pensó que Brand era más fuerte que Hun. Estaba segura de ello. Había tocado su cuerpo íntimamente era cuestión de instinto. Naturalmente, los hombres podían cobrarse su venganza de otros modos. Alina había deseado antes a Brand, cuando la había estrechado en sus brazos. Su cuerpo se lo había demostrado a él. Pero ahora sólo podía haber odio en el corazón de Brand. Sólo odio. Su cuerpo le tapaba la luz. Pensó en sus padres, y en las tinieblas que desgarraban su mente. -Entonces, que duermas bien esta vez, Alina. Vas a necesitar fuerzas. -¿Qué...?¿A dónde vas...? Sintió el aire sobre ella. El vacío. Un vacío capaz de destruir su alma. -Partiremos hacia Bamburg dentro de cinco días. Díselo a tu hermano ese perro de Strathclyde. Debe preparase para la batalla. Y tú también. Su ropa había desaparecido. Alina parpadeó a media luz. Las formas oscuras extendidas frente al fuego para secarse tras su torpe intenso de lavarlas no estaban allí. Se sentó. Las mantas de la cama de Brand se plegaron y el frío le rozó la piel. se abrazó. Pero allí no había nadie que pudiera verla. Dormía sola. Apenas había visto a Brand durante los tres días anteriores. No sabía dónde estaba, ni qué hacía. Se quedó mirando el lugar donde debían estar su túnica y su camisa y vio de pronto un par de alforjas a los pies de la cama. Se estremeció, pero no de frío. Habría reconocido aquellas alforjas, aunque apenas había luz. Aunque las bolsas de cuero fino con sus hebillas de plata parecían proceder de otra vida. Eran suyas. Contenían todas las cosas que había llevado consigo en su loca huida de Hun. Sus únicas posesiones. Cruzó la cama gateando y abrió una de las hebillas. Vio de pronto un lienzo fino, de un azul intenso, bordeando de cintas de seda. Se quedó mirándolo. Rielaba entre la luz del alba y el fulgor del fuego ardiente . Era precioso.La hacía parecer preciosa.O eso decía la gente.
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