Capítulo 15

1404 Palabras
La mano sobre su hombro se aflojó. -No-la voz de Cunan se suavizó de pronto, como la mano-. No es culpa tuya. Tienes una oportunidad. Piénsalo, Alina.¿Qué puede ofrecerte ese inglés?¿De veras crees que te quiere? La mano se deslizó sobre su manga, y la tela áspera arañó la piel de Alina. La mano se deslizó sobre su manga, y la tela áspera arañó la piel de Alina. La mano de Cunan... -El nortumbrio se mueve por impulsos solamente. ¿Con cuántas mujeres crees que ha estado? ¿Qué te hace a ti especial, Alina? Para él sólo eres un entretenimiento más. Un entretenimiento que le ha dado más molestias de las que esperaba. Lo único que quiere es vengarse de ti. >Pero, esta vez, Alina no dijo nada. -Hay otros modos de liberar a tu hermano de manos de Cenred. Formas más convenientes  que meterte en la boca del lobo, en Bamburg, acompañada por el hombre cuya vida arruinaste.¿Crees que le importa lo que sea de ti?No. Sólo a tus compatriotas, a tus parientes les importa. Al final, es a ellos a los que estás de verdad unida. Cunan la agarró de la mano. Sus dedos fuertes y finos se deslizaron sobre las cicatrices que el tiempo había puesto allí mientras ella ansiaba aquel vínculo imposible. Cunan lo sabía. -Deberías haber visto el semblante de dolor de nuestro padre cuando creyó por segunda vez que habías muerto. -No te creo. -Ése es tu problema, Alina. Que nunca lo has creído. -¿Y crees que debería? -Sí. La expresión de los ojos de su hermano la sorprendió.Podría haber sido la de sus propios ojos: una necesidad amarga e insondable de aceptación.¿No se había dado cuenta?¿No lo había visto? Parecía un vínculo común.Y Cunan creía... -Deberías tener más confianza. Fui yo quien primero descubrió que estabas viva, no el nortumbrio.¿Lo sabías ? No, no digas nada.Lo veo en tu cara. Siempre ha sido así. A fin de cuentas, somos de la misma sangre,¿no es cierto?-la mano de Cunan se crispó sobre la suya -. Pregúntaselo a él la próxima vez que le veas. Pregúntaselo a  ese bribón astuto e irresponsable.Pregúntale si tengo razón- sus dedos fibrosos cubrieron los de Alina, tapando las cicatrices como si ya no existieran. -Nuestras necesidades son las mismas, Alina. Sólo te pido que confíes en mí. Ya lo verás. No había dónde ir. A menos que quisiera dormir en el salón, con los sirvientes, o en el dormitorio, con los monjes. Pasó sobre el montón de andrajos que roncaba suavemente en el umbral.El montón de andrajos no protestó.Era la mujer de su señor, a fin de cuentas.Entró en el aposento de su esposo. Había esperado hasta que estuviera bien entrada la noche, hasta que todos estuvieran durmiendo. No se acercó a la cama. Apenas se atrevió a dar dos pasos dentro de la habitación, por si lo despertaba. Se acomodó en el suelo, frente a las ascuas del hogar. Tardó mucho tiempo en dormirse. En la quietud de la noche, sólo notaba el leve sonido de la respiración de Brand, que sentía más que oírlo. Y la espesura de las sombras que la rodeaban. Se despertó con un sollozo que logró sofocar con la prontitud que daba la experiencia. No había tenido un sueño placentero, sino una pesadilla de las que tenía de vez en cuando desde que la llevaran de Strath-Clóta al reino de los pictos a la edad de nueve años. En aquellas circunstancias, había aprendido a no hacer ruido para no despertar a su aya o sus hermanas. Ella era la intrusa, aislada por los años que había pasado en otro país, con su madre, por barreras que nunca había llegado a comprender del todo. Había aprendido a no esperar compañerismo ni ternura;ni siquiera la indulgencia de la que sus hermanas menores disfrutaban todavía en Craig Phárdraig. Volvió a apoyar la cabeza en el duro suelo y se quedó mirando distraídamente el brezo manchado de humo del techo. Sólo se oía el latido de su corazón. Giró la cabeza hacia la pared. -¿Qué demonios haces en el suelo? Alina no pudo reprimir un gemido de sorpresa.Porque Brand estaba allí, a su lado, arrodillado en el suelo, en la oscuridad. El tenue resplandor de las brasas mortecinas siluetaba su cuerpo entre luces anaranjadas y negras sombras. ¿Cómo podía haberse movido tan rápida y sigilosamente en los estrechos confines de la habitación? Alina apenas se había atrevido a dar un paso sobre los juncos crujientes del suelo. Entonces vio el resplandor de la daga en su mano. El corazón comenzó a latirle más fuerte que en la pesadilla.  -Al menos esta vez no me da la has tirado. -Lo mismo da- el blanco destello de sus dientes brillaba más que la hoja de la daga. -Si.Habrías vuelto a fallar. Sólo se dio cuenta de que estaban hablando en celta. Como había hablado con Cunan.Pero no del mismo modo. Se estremeció al recordar lo que le había dicho su hermano. -¿Qué sabrás tú mi puntería?-preguntó la voz que daba vida al alegre acento no del reino de los pictos, sino de Strath- Clóta. Ella se mordió el labio. Brand parecía tan seguro de sí mismo como siempre. Estaba muy cerca y parecía muy grande en la oscuridad. Alina intentó no mirar su piel desnuda, los prietos músculos de sus muslos, la sombra oscura de la carne que detonaba su virilidad. Su temblor se hizo más profundo.Vio que su brazo izquierdo, el herido, con el que sujetaba la daga, se movía. Su mano la tocó. -Estás temblando. Pero Alina temblaba porque sentía el roce firme de sus dedos sobre la piel desnuda de su brazo, una presión cálida y sin esfuerzo, aparentemente acariciadora, sobre la carne expuesta.Pero no era una caricia. > -¿Tienes frío?Sólo te has arropado con el manto.¿qué hacías en el suelo? -Estaba durmiendo-contestó ella, sobreponiéndose al pálpito atronador de su sangre en los oídos-. O lo estaría, si no te empeñaras en hacerme preguntas mientras te piensas si me tiras eso o no. Además,¿dónde quieres que vayas? -A la cama. -¿Qué? -Tú me has preguntado. -Sí, pero...-el resto se perdió mientras. Alina se levantaba-. No voy a... Los dientes de Brand centellaron, pero de modo distinto, como la invitación de un animal de presa. -Yo tampoco. En ese sentido, estamos a salvo el uno del otro. Ya lo hemos demostrado,¿no? Ella no pudo contestar. Sentía una opresión en la garganta. Y veía y adivinaba su cuerpo bestial en la oscuridad: el modo en que los músculos de sus piernas se movieron cuando se levantó y su costado al darse la vuelta, iluminado por el fulgor del fuego. Brand la abrazó, y los pies descalzos de Alina apenas tocaron el suelo a pesar de que estaba herido, a pesar de que no debía tener fuerzas para levantarla en volandas. Sus pies se levantaron del suelo por completo. La cama conservaba aún levemente el calor del cuerpo de Brand. Había muchas mantas. Brand las colocó. Alina sintió que el frío se disipaba.Al instante.No por la lana de pieles, sino por él.Porque él estaba cerca. El fulgor de fuego era tenue. Alina apenas podía verlo. Sólo veía la oscuridad y negras sombras.Pero sabía que estaba cerca. Al alcance de su mano.Tumbado junto a ella sobre las mantas. Intentó encontrar su voz, recuperar l dominio sobre sí misma. -Ahora eres tú quien tendrá frío-tuvo que luchar por mantener un tono ligero, tan aparentemente inocuo como el contacto de Brand. -No.Tengo el manto. Alina creyó sentir el peligroso filo de su aliento sobre la cara y la garganta.Pero sólo fue una impresión. Brand estaba más lejos de lo que creía.Siempre. -Eres tú quien está enfermo-dijo con voz ligera-. Deberás quedarte con la cama. -Si quisiera tenerte en mi cama, ¿qué crees que me  lo impediría? Alina sintió de nuevo un temblor que le corría por la piel. Pero no era de frío. -Sólo el honor-contestó a las sombras. -¿Sólo qué? -El honor- tragó saliva-. No el mío.El tuyo. -Qué cortante eres con las palabras.Se me había olvidado.Pero esta vez eres tú quien ha errado el tiro.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR