-Eres tú quien debería tener miedo-dijo con voz áspera,cargada de miedo-.Eres tú quien está en peligro.
-¿Por qué? ¿Porque Goadel va a matarme y a ti va a darte todo lo que deseas?
-Sí.
-Pero Goadel no es lo que deseas, Alina. Como no lo era Hun.
-¿Cómo puedes pensar eso?
Él no contestó,pero le apartó el fino velo, dejando al descubierto su delicada garganta. Posó la mano allí.
La esbelta columna del cuello de Alina se ciñó a la curvatura de su mano.
Brand no hizo nada más.No bajó la mano hasta sus pechos,los cuales estaban casi pegados a su musculoso torso y al calor de su piel. Dejó que ella sintiera su presencia,su cercanía,hasta que empezó a temblar de los pies a la cabeza.
Estaba tan lleno de vida... Era como la encarnación del sol. Alina lo veía cómo la luz que se colocaba entre los árboles proyectaba sombras movedizas sobre su piel. Luego él se acercó aún más, y dejó de verlo.Apoyó la cabeza en su mano y sintió que las garras bestiales del deseo la desgarraban.
-Dime lo que deseas.
-No puedo-su voz sonó rasposa. Su aliento rozó a Brand.
-Entonces, te lo enseñaré.
Alina sintió sobre la piel su mano recia. Brand se inclinó sobre ella.Iba a tocarla, y ella no podría defenderse. Todo cuanto había intentando hacer, se perdería.No habría modo de detenerlo.Nunca lo habría.Ella había perdido la batalla. El sórdido sofoco de la vergüenza y la impotencia se mezcló con el ardor del deseo, y Alina se preguntó si era eso lo que había sentido su madre.Aquella impotencia.
-Alina...
-Puedes hacer lo que quieras.No puedo detenerse.
Pero si podía. Con sólo mirarlo.Los músculos de Brand quedaron paralizados.El miedo que había sentido oculto dentro de ella, el miedo que había vislumbrado en su rostro al abrazarla la última vez, se reflejaba en sus ojos. Alina lo había negado. Decía que había sentido deseo por Hun. Qué sólo su voluntad había guiado sus pasos.
Y, sin embargo, temblaba, y ardía bajo las caricias de Brand. Su cabeza reposaba, inerme, sobre la palma abierta de la mano de él.
Brand esperaba que se encolerizara; esperaba oír el eco de la ira que se agitaba dentro de él. Sabía con cada gota de sangre de sus venas que el deseo de Alina podía igualarse con el suyo, porque era la otra cara de la misma moneda. Así eran las cosas. Como un sino del que no podían escapar.
Se preguntaba si Alina lo odiaba y su odio era más fuerte que cualquier otra cosa. A menudo le había parecido que ella lo odiaba. Pero Brand no soportaba verla asustada.
-¿Por qué se había quedado con él cuando estaba enfermo? Duda le había dicho que se había desvivido por ayudarlo a sanar. Que no había querido separarse de él y que no cesaba de susurrarle en la lengua de los pictos.
Brand no se acordaba de aquello. Sólo recortaba sueños febriles en los que contempla la delicada perfección de su rostro, y ella le decía que no podía vivir sin él y que arrostrarían juntos todos los peligros.Pero eso no podía ser cierto. Ella ya le había prometido aquellas cosas antes, y había faltado a su promesa.
-¿Qué estás ocultando, Alina?
Ella no dijo nada. Sus pensamientos permanecían sellados tras sus ojos oscuros y brumosos.
A pesar del fuego que ardía dentro de él, Brand no la habría forzado si ella se hubiera apartado. Pero ella no se apartó. Siguió con la cabeza apoyada en él y luego su mano se movió.Sus dedos se clavaron en el brazo de Brand, se curvaron alrededor de sus músculos.Uno de sus dedos se deslizó sobre él.
Era la mano que durante su niñez había sufrido un accidente nunca del todo explicado.
Alina le había llevado allí. Se había inventado un sin sentido acerca de que había oído a Duda haciendo ruido entre la maleza, cuando los dos sabían que no podía haber sido él. Que tenía que ser el espía de Goadel, al que el medio hermano por el que ella se preocupaba tanto había enviado allí. Con la intención de apoderarse de ella, como había hecho Hun.
Hun. Al pesar que aquella horrible bestia se había acercado a ella, sus músculos se convirtieron en acero templado. Brand se dio cuenta de que Alina estaba intentando contener el llanto.
Sus músculos se movieron con una fuerza capaz de aplastar los huesos. Brand intentó aflojar su mano. Pero ya no podía refrenar lo que sentía.
Alina lo estrechó entre sus brazos con una fuerza que, en cierto modo, era semejante a la de él. Y, si no dejaba de llorar, no había duda sobre lo que deseaba en este momento.
Un deseo que contenía su propia destrucción. Brand no la comprendía en absoluto y, sin embargo, la comprendía muy bien. Todo cuanto sabía quedaba inscrito en la fuerza con que ella se aferraba a él, en sus sollozos y el suave tacto de su piel.
Los labios de Alina buscaron su boca.
Lo inesperada pasión de su roce, su ansia, ofuscó la razón de Brand. Un amargo deseo que inflaba su sexo se entornó palpitante en un abrir y cerrar de ojos.
Alina no se apartó. Su temeridad sin duda sobrepasaba la de Brand, porque era ella quien había convocado la tormenta.La irá, la pasión y el odio de los meses anteriores de la vida de Brand ardieron en un instante. En minutos ardientes llenos de nerviosismo a flor de piel, temiendo,y a la vez deseando, escuchar a Brand llamar a su eterno amor de un momento a otro, Alina colgó con sumo cuidado el vestido en el armario antes de desnudarse . Después de darse una ducha rápida. Luego se colocó una camiseta y la bata, fue recogiendo sus cosas. Se iba a dormir , porque a primera hora de la mañana, tendría que seguir...Sus pensamientos y sentimientos se llenaba de intensos y cálidos deseos mortales.
De la misma manera que estaba totalmente segura de que Brand nunca le haría daño a nivel físico, también sabía con toda certeza que a nivel emocional podía dejarla totalmente destrozada.
Se estremecía de una inseguridad de parte en su amado, hombre guerrero.