Capítulo 20

2003 Palabras
Fue algo tan simple como el canto de un mirlo lo que la puso sobre aviso. Se había apartado el breve rato que le permitían quedarse a solas, y oyó el rápido y enojado parloteo del pájaro.Los mirlos eran los centinelas de la tierra. Anunciaban cualquier presenta presencia inquietante. Pensó al principio que era ella la que había causado la indignación de pájaro.Pero no era ella. El mirlo estaba lejos, con la atención fija en otra parte. Duda, entonces. Él era su perro guardián. Los dos fingían que no era así, pero ninguno se hacía ilusiones. Alina no podía decir que la molestaba, pero si alguna vez consideraba la posibilidad de escapar, los dos sabían cómo acabarían las cosas. Esta vez, le habían descubierto, aunque no ella. Alina se permitió sonreír. A su izquierda, una rama crujió y el mirlo chilló de nuevo. Se oyó un roce. Pero Duda nunca hacía aquellos ruidos. A pesar de sus andrajos y su pelo enmarañado, nunca emitía aquel sonido como de ropas al moverse. A Alina se le erizó el vello de los brazos. Era otra persona, uno de los otros, que había ido a hacer lo mismo que ella.¿Cunan? Cunan y sus secretos. No quería volver a quedarse a solas con su hermano. Echó a correr entre los arbustos, hacia el campamento. Estaban todos allí. Incluso Cunan. Nadie podía haber vuelto al campamento antes que ella. Había tomado el camino   más corto. Se sentó. Había comida. Comenzó a masticar la ración que Brand esperaba en vano que se comiera. ¿Y si era uno de los hombres de Goadel?¿Y si Goadel ya sabía dónde estaba? ¿Y si estaba allí, esperando su ocasión? Aquello era ridículo. Habría sido un animal que había ido a beber a la poza que había al otro lado del claro. Un zorro, un armiño, un tejón madrugador. Su mirada se posó en Brand. Estaba sentado, hablando en voz baja con sus hombres. Uno de ellos se rió suavemente. Parecían peligrosamente relajados. Cunan estaba tenso como un halcón. Si era un hombre de Goadel... Tenía que advertir a Brand. Sentía un impulso puro e imparable.Pero al instante se dio cuenta de que no podía. u propia farsa se lo impedía. Sólo había otro modo de hacerlo. Esperó a que Duda se hubiera echado sobre una manta sucia junto a una haya y pasó a su lado. Le lanzó una mirada que contenía un atisbo de burla. -Estás perdiendo facultades. Hubo un destello furtivo entre los andrajos. Alina se lo tomó como un signo de interés. No podía aferrarse a nada más. -Ahora, cuando me has seguido. Has espantado a un mirlo. Te he oído. -No era yo. Los andrajos volvieron a relajarse. Alina lo miró con irritación. -Entonces habrá sido otro- intentó darle ánimo con la mirada.> -Qué va. Sería un zorro, entonces. O tú misma. Refrenó el impulso de pisar el lugar donde parecía estar su cerebro. -No creo.¿Nunca te pone nervioso lo que nos rodea?-No-Alina comenzó a retorcer el pie-. ¿Aprietan esos zapatos nuevos? Ella cobró de pronto conciencia de que Cunan la estaba observando desde el otro lado del fuego. Y Brand también. Su oportunidad se había esfumado. Dejó los pies quietos. -No tanto como deberían. Duda, no tanto como deberían. -Déjame ver la herida- siempre había más de un modo de conseguir lo que se quería. Pero Alina hubiera preferido que no fuera aquél. -Está perfectamente. -Tengo que echarle un vistazo. -¿Deber de esposa? Los ojos que la miraban eran tan afilados como la hoja de un cuchillo. -¿Qué, si no?- ella titubeó. Sentía la mirada de Cunan clavada en su espalda. Era como estar atrapada entre dos lobos enfurecidos-. Hay una poza al otro lado de esos árboles. Puede que necesite agua. Era una excusa sumamente endeble y, si Brand había visto la poza, sabría que el agua no estaba lo bastante clara.Pero, si la herida estaba en mal estado, si Brand iba a ponerse enfermo otra vez, no quería que Cunan lo supiera. No, después de lo que creía haber oído. Intentó no acobardarse bajo la mirada calculadora de Brand. Éste se levantó al fin con una agilidad que desmentía el cansancio de la jornada que anquilosaba los miembros de Alina. La mirada de Cunan siguió fija en su espalda hasta que las sombras de los árboles se los tragaron. E incluso después. Alina sentía lo que decía aquella mirada: >. -El agua no sirve. -¿Ah,no?No me había dado cuenta. Entonces, usaré sólo el ungüento-tuvo la precaución de no mirarlo a la cara. Fijó su atención en la costra hinchada del brazo. Sintió un leve mareo y cerró los ojos un instante-. Se te está levantando la cicatriz. No deberías montar mañana. Hoy tampoco deberías haber montado.¿No te lo dijeron los monjes? Retrasar otros dos días e viaje no habría supuesto tanta diferencia... -Parece que eso te molesta tanto como a Cunan. Dos días. Creía que estabas ansiosa por ver a Modan. Brillante comienzo para la conspiradora que Alina no era. Despertar primero las sospechas de su oponente y luego intentar advertirle. Sacó un poco de un ungüento del frasco y lo extendió sobre la piel, que era cálida, pero no febril, sólida y cargada del calor que ella había deseado toda su vida. Se mordió el labio. El deseo de acabar con una farsa para la que no estaba hecha, de decirle la verdad y confesarle sus anhelos, le atravesó el corazón. Tocó con los dedos la carne desgarrada de la herida y comprendió que no podía hablar. Prefería morir antes que ver sufrir de nuevo a Brand. O a su hermano. -Quiero ver a Modan. Eso, al menos, puedes creerlo. Iré contigo a Bamburg. Así que tendréis que cargar conmigo, por más que os desagrade la idea. Sus dedos, untados de ungüento, se deslizaron  sobre el borde enrojecido y protuberante de la cicatriz. Intentó no temblar. Intentó tocarle levemente con las yemas de los dedos para no hacerle daño. Para no sentir la carne de su carne, ni siquiera de la piel cicatrizada. -Ya he ofendido a Duda- dijo en tono ligero. Parloteo.Simple ruido para distraer al paciente.O a ella misma, porque lo que estaba haciendo le desagradaba-. Oí que me seguía, ¿sabes?-añadió con un toque de jactancia y de resentimiento. Le había agarrado el brazo a Brand para que no se moviera mientras le curaba y creyó notar que sus músculos se tensaban. Pero un instante después ya no estuvo segura-. Claro, que no quiso admitir que le había pillado. Intentó convencerme de que había sido algún animalillo, un zorro, lo que había oído. Reconozco que no vi nada, pero sabía que era una persona. Brand sabía que nadie oía a Duda cuando se movía.¿Se daría cuenta de lo que le estaba diciendo? ¿Lo entendería? -Estaba cerca de aquí-aventuró una mirada hacía los densos matorrales que ensombrecían los restos de la hojarasca del año anterior.-. Así que volví corriendo al campamento, peo estabais todos allí, así que tenía que ser Duda- cacareaba con tanta fatuidad que hasta el más necio se habría sentido superior. Y Brand no era ningún necio. El verdadero sentido de lo que había contado le parecería claro como el agua. -Ya está- exhaló un suspiro. -Yo no lo creo. Alina se sobresaltó y pellizco sin querer la carne enrojecida. Soltó un exabrupto. Le salió en celta. -¿Qué es lo que pretendes, Alina?- preguntó Brand en la misma lengua. Su brazo herido se movió.La agarró de la muñeca y sus músculos se crisparon. Ella levantó la cabeza. -Sabes muy bien lo que pretendo:mirar por mí misma. Se me da muy bien. Deberías aprender de mí egoísmo. Quizá así cuidaras mejor esa herida. -¿Por qué? ¿Para conservar el pellejo o para que así pueda recuperar el tiempo perdido llevándote a Bamburg, con tu hermano? ¿Qué estás tramando? Ella miró aquellos ojos incisivos que siempre lo querían todo. Miró la mano que agarraba su muñeca. -Ambas cosas-djo, arriesgando una verdad a medias-. Quiero llegar a Bamburg. Ya te lo he dicho. Y, naturalmente, necesito que me lleves tú. -¿Por eso te quedaste conmigo cuando estaba enfermo? Alina intentó apartar la mano.Pero fue inútil. Sin embargo, no se esperaba aquello. Se había persuadido a sí misma de que a Brand no le preocupaba aquello, de que no lo había notado. Santa Dwyna,¿qué le habría dicho el bruto de Duda? ¿Qué había visto y entendido? -¿Contéstame- ella no podía moverse-. Dímelo -Brand deslizó su mano fuerte, curtida, en la batalla, hasta mucho más poderoso. Alina no quería ver sus manos unidas, pero no podía apartar la mirada. -Estabas enfermo. Y yo sé algo de medicina. -También el boticario.¿Por qué te quedaste? > Alina miró fijamente sus manos unidas. No, unidas no. Su mano permanecía cerrada e inerte bajo la de él, como una piedra.Porque no podía hacer otra cosa. Se encogió de hombros un poco. -Ya te lo he dicho. Necesito que me lleves con mi hermano. No me convenía que murieras. -No me necesitaba. Duda te habría llevado a Bamburg. Ya te lo dije. > Ese había sido su último pensamiento antes de sumirse en la ciénaga de la fiebre y el dolor. Por ella. También le había dicho que Cunan la traicionaría. Su hermano sin duda estaba dispuesto a traicionarlo a él. Alina pensó en la espía desconocido agazapado en el bosque. Era como batirse en una de aquellas mágicas lagunas llenas de algas y monstruos marinos. A cada paso había una nueva amenaza. -¿Eso dijiste de Duda? Supongo que se me ha olvidado. A través del pequeño resquicio de sus párpados entornados. Alina vislumbrada retazos de Brand: el brillo del sol en su pelo n***o, las sombras purpúreas del atardecer sobre los músculos tensos de su brazo fuerte. -¿Qué se te ha olvidado? ¡por eso dijiste que eras mi mujer? Alina dejó la mano muy, muy quieta bajo la de él para que el estremecimiento que la recorrió no traspasara su piel. -Ah, eso.Me parecía muy astuto. Así podría quedarme contigo. Deberías haber visto la cara de Duda. Bueno, lo poco que se veía. -Alina,¿por qué tienes tanto miedo? Aquella pregunta pareció surgir de la nada. O eso pensó ella. Entonces vio que, a su pesar, sus dedos se habían movido, volviéndose hacia arriba, y que se estaban entrelazando con los de Brand como los zarcillos de una viña, buscando calor. El temblor al que le había cerrado su mente debía de resultar obvió para Brand. Él lo había notado. Su mano, la mano que entrelazaba con la de Alina, se deslizó lentamente sobre el brazo de est. Igual que el día que le llevó el agua caliente para el baño. Igual que cuando él la tomó en sus brazos y le hizo sentir todo lo que se creía incapaz de sentir. -No tengo miedo. ¿Por qué iba a tenerlo?- su voz temblaba tanto como su mano. Bajo el endeble escudo de sus pestañas, podía ver a Brand: la tela negra de las calzas, tensas sobre los muslos, su tez bronceada, su amplio pecho, sus músculos en sombras, su cabellera dorada. Su belleza era viril, salvaje.Perfecta. Y, sin embargo, no lo era del todo. Alina veía la fea herida que le había infligido uno de los hombres del rey Osred. Goadel era paciente de Osred. Goadel andaba cerca, en algún lugar. Tenía que ser así. Brand se inclinó hacia  ella y Alina sintió de pronto que su presencia la sofocaba. Lo mismo que la última vez, se repetía nuevamente aquella imagen del momento vivido.
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