-Te es fiel y depende de ti. Se derrumbará sin ti.No quiere que te vayas .Si supiera cómo, te lo suplicaría->-. ¿Brand?-el cuerpo enfebrecido se movió.Como si la oyera, como si la comprendiera y no quisiera abandonarles-. Brand...-pero no era nada, sólo sueños febriles. Cada vez que su cuerpo atormentado se movía, cada vez que sus labios secos parecían formar palabras, a Alina le daba un vuelco el corazón.Pero Brand no la veía, no podía devolverle sus palabras.
El único susurro que había reconocido no era su nombre, sino el del hombre sacrificado.
Athelwulf.
Alina le tocó la frente.Pero al sentir su contacto Brand se apartó de ella, como un hombre torturado. Como un hombre aislado incluso de los que podían ayudarlo.
Como un hombre solo.
Incluso cuando pronunció el nombre de su hermano fue como si ahuyentara a alguien.
Alina recogió el paño, lo sumergió en el agua, lo escurrió.Le temblaba la mano del cansancio, del miedo, del dolor y la impotencia... y de la rabia que le destruía el alma. El paño golpeó la pared con un golpe que sobresaltó al montón de harapos del otro lado de la cama, que permanecía inmóvil, sumido en su desesperación.
A Alina no le importó. Hundió las manos en el montoncillo de hierbas que había sobre la mesa de madera arañada: marrubio,matriarca, beleño, víborea y semillas de presera. Y verbena. Verbena, la hierba mágica que restañaba las heridas, disipaba la fiebre y la ponzoña de las serpientes, y que cuando se restregaba en el cuerpo concedía los deseos.
Y conciliaba los corazones.
Nada podía hacer allí. Allí de nada servía. Todo era inútil: el paño, las hierbas, los conocimientos del boticario. incluso la desesperación de Duda era inútil. Sus manos se cerraron sobre las hojas aplastadas.
Ninguno de ellos podía nada contra la enfermedad, porque ninguno de ellos lo entendía. Aquello no tenía nada que ver con la herida.
Ella era la única que conocía la causa. Y era la única que no podía sanarle.
Dado que no podía hacerse nada más, se lanzó a las llamas con él.
Abrazó su cuerpo ardiente, sin importarle ya si dañaba la herida o si dificultaba su laboriosa respiración.Lo abrazaba con una fuerza que superaba el cansancio de sus brazos.La frescura de su cuerpo se fundió con el calor del de Brand hasta que fue consumida y sólo quedó un cuerpo atormentado por el mismo dolor,y las palabras que brotaban a borbotones de su cabeza eran las que más ansiaba decir.
-Si yo quien no puede vivir sin ti. No puedes dejarme. Tienes que recordar lo que dijimos. Que afrontaríamos esto juntos, pasara lo que pasase, para bien o para mal-inhaló una trémula bocanada de aire-. Quiero compartir contigo todo lo malo que ha pasado, y también lo bueno. Sé que fue culpa mía y no permitiría que llevaras mi carga- su voz era como un hilo en la oscuridad; tal vez Brand no la hubiera oído de estar consciente-. Estoy contigo...
Sus palabras se agolpaban, tropezaban las unas con las otras mientras lo abrazaba. Susurraban sobre su piel ardiente.
-No he roto la promesa que hicimos. Puede que aparezca que sí porque no podía soportar la idea de lo que perderías por mi culpa.
Sus manos se clavaron con desesperación en la carne abrasadora, trozos de hojas se pegaron a su piel húmeda:matriarca, marrubio blanco.Y verbena mágica. Su aliento fresco se mezclaba con el de Brand.
-En el fondo nunca te dejé. Siempre estabas conmigo y siempre lo estarás. Si te vas ahora, si pasas a las sombras, iré contigo. Así será siempre entre nosotros.
Era consciente en un rincón de su cerebro de que Duda se había puesto en pie, de que se movía hacia ella. Pero no se detuvo; nada podía detenerla. sus manos se aferraban a Brand;fragmentos de hojas se aplastaban contra su piel.
-No te irás. Vas a vivir.Lo sé, porque no puedes dejarme con tantas cosas aún por hacer. Habiendo tantos que te necesitan.Porque así eres tú. Das la cara por la gente y les ayudas y comprendes su sufrimiento. No te irás.Lo sé, aunque tú no lo sepas. No importa que no lo sepas.Yo lo sé por ti.
La piel de Brand ardía.
Alina se despertó en la misma postura que el día anterior: con la cabeza apoyada en el pecho de Brand, acurrucada a su lado como una chiquilla asustada.
Él no se movió.
Era como despertar en la misma pesadilla.Salvo que no era la luz pura fría del alba la que tocaba sus párpados, sino un resplandor dorado y movedizo. Alina comprendió dónde estaba.
No podía haberse dormido en aquel momento.No era posible.¿Cuánto tiempo?¿Cuánto tiempo había dormido y por qué no la había despertado nadie?¿Y Duda? ¿Y Cunan?¿Y los monjes?
El fulgor anaranjado latía contra sus párpados: luz de antorchas mezclada con el resplandor del fuego de la celda del monasterio. El calor del fuego.
No podía abrir los ojos.
-Duda ...
Estaría allí, aquel salvaje anglo, agazapado a su lado de la cama como un espíritu iracundo y desesperado. Él podría decírselo.
-¿Duda?
No se oyó nada. Ningún sonido.
No había nadie allí. La cámara estaba vacía. La habían dejado sola.
Habían dejado solo a Brand.
¿Cómo podían haber hecho eso?
Alina se giró, abrió los ojos, obligó a sus miembros inermes a moverse.Giró la cabeza.
Los dolorosos sollozos que llevaba reprimiendo toda la noche se agolparon en su garganta, se abrieron paso al fin, y su cuerpo se convulsionó.
Los sollozos no paraban. Aunque no debía llorar.
Ahora no.
Claro, que eso era lo que tenía el poder de lacerar verdaderamente el corazón:la vida, no la muerte.
Enterró la cabeza en la carne milagrosamente fresca. Lo rodeo con los brazos, hundió las manos en su carne,el cuerpo entero. Lo abrazó con fuerza porque, por un instante, era suyo.
Él dormía.No como el día anterior, cuando Alina se había despertado a su lado bajo los árboles, sino de manera muy distinta.Apaciblemente.Alina tardó un momento con aquella paz y rara vez la había experimentado.
Paz era algo que ellos nunca habían tenido.
No quería despojar a Brand de un regalo tan inesperado. Debía irse, dejarle solo, pero no podía moverse. Se sentía presa de un noble encantamiento. Atrapada por él y por esa elusiva cualidad de la que uno no podía apropiarse y que sin embargo irradiaba de él en ese momento como un obsequio del cielo. Estaba allí, en la simplicidad y la tersura de su aliento, en su tacto.
Alina bajó la cabeza con infinito cuidado, temerosa de despertarle, de romper el hechizo. Apoyó la cabeza sobre su pecho, pero sintió que, pese a la levedad de sus movimientos, la respiración de Brand se alteraba.Iba a despertarse...
-Alina...-su voz era ruda, grave, pero no áspera.Podía haber sido parte del encantamiento.
Ella levantó la cabeza. Los ojos de Brand la observaban, grandes, apenas enfocados, empañados, a medias todavía en el mundo de los sueños.
-Eres real.
Ella sonrió.No pudo evitarlo.Pero le asustó sonreír porque tal vez su sonrisa no mostrara lo que sentía:el gozo abrumador que era el otro lado del miedo espantoso que había sentido.Intentó pensar, ser práctica. Salir del sueño que parecía haber hecho presa en ambos.
-Ya ha pasado todo.Ahora te pondrás bien y...
Pero, de nuevo, él la hizo callar y Alina vio en su mirada el mismo esfuerzo por concentrarse en lo que había que hacer o decir, en lo que era real.
-¿Estás a salvo?
-Claro..
-Duda...
La sonrisa de Alina se tornó irónica.
-Se hizo con el mando por la fuerza de los números y la medida de su rabia. Si hubieras muerto, habría habido sangre.
Su irónica sonrisa encontró su perfecta contrarréplica en el sutil cambio de expresión de los ojos de Brand. A Alina le dio un vuelco el corazón. Sabía que, entre ellos, la comprensión instintiva había necesitado de palabras.
Un calor totalmente inadecuado atravesó su cuerpo. Veló los ojos con las pestañas para que él no lo notara, para que no adivinara que todavía era esclava del deleite de compartir sus pensamientos y el placentero tacto de su cuerpo, aunque fuera fugazmente.
-Debes beber-dijo-.Hay una pócima de hierbas que he...que ha preparado el boticario. Te hará falta.
Se alejó para que él no notara cómo temblaba, para que no percibiera su ardorosa agitación. En sus prisas, rozó con la mano su muslo desnudo. Dejó escapar un gemido de sorpresa. Era tan distinto tocarlo ahora, ahora que él estaba consciente, ahora que podía verle los ojos.
Alina le había velado aquella noche inacabable, había tocado casi cada rincón de su carne desnuda. Le había deseado y, cuando él la miró, se quedó sin respiración y un relámpago atravesó sus venas.Un relámpago de miedo.