capitulo 23

685 Palabras
-Brand… >. Él tiró con insistencia de las cintas del cuello de su vestido, separó los lazos como si no fueran impedimento alguno. Tocó su piel. Acarició con la palma uno de los pechos de Alina y ella dejó escapar un leve gritó. Se arqueó contra él y el estallido de placer que sintió fue tan intenso como si las garras de un depredador desgarran su vientre. Brand acarició con un dedo el prieto botoncillo del centro de su pecho y el placer se intensificó, pero él siguió acariciándola. Sus caricias eran leves, tiernas, cuidadosas. Ello debería haber mejorado las cosas, pero no fue así. Era aún peor, multiplicaba por mil el placer, hasta el punto de que Alina pensó que nada podía haber más poderoso que aquello. Luego Brand besó su piel y ella sintió su húmedo calor, su secreta y oscura humedad. Y la impresión que le produjo su lengua al tocarla, el modo en que invadió su boca, y la sensibilidad de su pezón erizado, quedó engullida por su oscura pasión. Alina pensó que iba a partirse en dos. Se retorcía bajo él como un alma en pena. Tenía los ojos cerrados con tanta fuerza que le dolían y no veía nada, sólo negrura. Aquella oscuridad la arrastraba, la aturdía, y su cuerpo ya no le pertenecía. Aquello le daba miedo, y el miedo le arrebató la sensación de poder que había experimentado un momento antes. Brand se la había arrebatado con sus caricias y su cegadora belleza. Con su pasión, su  aplomo y su habilidad. Porque tenía el don de seducir a la gente y no había defensa contra él, especialmente para una criatura y una fina y mordiente frialdad se abrió paso entre su aturdimiento. Recordó entonces la pesadilla de la que no lograba librarse. La impotencia. La maldición de su madre. Era como su madre. Peor aún. Porque no sólo estaba desvalida: estaba atrapada por sí misma. Porque en su interior ardía el ansia terrible de las caricias de Brand. Alina sintió que él deslizaba una mano sobre su pierna, que atraía sus caderas hacía sí, hasta que todo el poder de su cuerpo la tocó, y ella lo sintió como lo que era: la dureza, hinchada de sangre, de su m*****o viril, el fiero palpito de la vida y el poder. Conoció entonces el íntimo movimiento de su cuerpo y la primitiva certeza de una sensación ardiente y cegadora que la hendía, como si ya le sintiera dentro de ella. No podía permitirlo. El leve resquicio de miedo de su cerebro se agrandó. No podía permitirlo porque no podía afrontarlo. Porque, si culminaban el acto, cruzarían una terrible barrera y no habría marcha atrás. El vínculo que habían sentido desde el momento en que se conocieron quedaría completado. Sería irrevocable. Y, a pesar de su miedo, Alina sabía que, si lo permitía, habría fallado a Brand. -Alina… El sonido de su voz no tocó el aire susurrante del páramo. Llenó su boca, junto con su aliento y su calor. Fue sólo sentido, surgió directamente de su interior, como un embrujo que apresaba el alma. Brand se movió y Alina sintió un estremecimiento que le recorrió la piel, como si él ya formara parte de su ser. No podía permitir que aquello pasara. Si no, el sacrificio de la separación no habría servido para nada. No podría protegerlo. Las caricias de Brand eran ávidas. Deseaba poseerla por entero y, si lo hacía, Alina no podría seguir ocultándose. Él se daría cuenta de lo que era: vació, donde él era fuego. Su cuerpo se tensó, sus músculos empujaron la fortaleza irrefrenable de Brand. Pero sus esfuerzos no surtieron el menor efecto. Ni lo que Alina le había dicho. Él podía hacer lo que quisiera.   La verdad tenía rostros escondidos. Brand podía ver la verdad de Alina, incluso a través del borde de la locura. El dominio que hacía falta para parar era de su clase. Rudo. Del capaz de atravesar el dolor. Era una habilidad pulida en el infierno. Y ése era el último lugar al que enviaría a Alina.
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