Nunca imaginé que estar solo me fuera a doler tanto. Pensé que, si alguna vez me liberaba de Natalia, iba a ser como soltar un peso muerto. Una parte de mí lo deseaba. Lo había deseado tantas veces… Fantaseaba con la idea de no verla más, de poder decidir por mí mismo, de no tener que soportar más sus gritos, sus mentiras, sus chantajes. Pero la realidad fue muy distinta. No fue una liberación. Fue un pozo. Ella me dejó. No fui yo quien se fue. Fue Natalia quien me soltó, y en vez de sentir alivio, me derrumbé. Me encontré solo en mi casa, rodeado de silencio, del eco de una historia mal contada, de años donde no fui dueño ni de mi cuerpo ni de mis decisiones. Intenté volver con ella. Por meses. Le escribía, le llamaba, me humillaba. Pero ella no quería saber nada. Y yo no entendía por q

