Salvar a Leandro, sostener a Coco

1089 Palabras

Desde el primer día en que vi a Leandro, supe que algo no estaba bien. No hacía falta ser madre para notarlo. Pero yo lo era, y esa mirada apagada en un niño de apenas seis años me partió en dos. Traía la ropa impregnada en olor a humedad y cigarrillo, los dientes marcados por el abandono, el cabello largo, sin brillo y el cuero cabelludo lastimado de tanto piojo. Su cuerpo flaco y su vocabulario me hablaban de una infancia a medio vivir, de una rutina sin ternura. Y fue en ese momento, al verlo entrar con su pequeña mochilita colgando y los ojos inseguros, que sentí algo dentro mío que no supe detener: tenía que hacer algo. Tenía que salvarlo. Yo no era su madre. Ni lo sería. Pero sí era una mujer que conocía del amor y del cuidado, que sabía lo que era sanar heridas que no se ven. Y aun

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR