Desde el punto de vista de Lucy
Después de que Dante se retiró de su oficina. No tuve más de otra que salirme.
Pero me pregunté. ¿Quién Diablos eres Dante? o mejor dicho... ¿Qué eres?, como diablos un hombre puede romper una puerta, y por sobre todo, emitir un gruñido tan feroz, que me produjo un escalofrió, pero no de placer, fue de miedo. No parecía un hombre normal, pero tampoco podía decir que era.
Cuando estaba en la puerta, vi pasar a Cassian con cara de pocos amigos, pero no me dirigió ni la mirada, estoy segura que ni siquiera me vio.
Me vi tentada a acercarme, aún tenía que convencerlo, pero por como salió corriendo tras Dante… lo pensé mejor.
Mañana era el día, y yo tenía que ver cómo salvar a mi hermana, en vez de preocuparme por un hombre que apenas conozco.
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Apenas llegue a la casa fui directo a la habitación de Amelia…
Como la encontré, me volvió a romper el corazón, ella esta acurrucada en una esquina, abrazando sus piernas.
—No me quiero ir hermana. —dijo sin levantar la mirada hacia mí.
Corrí a ella, y la tome en brazos y la abrace. No lo iba a permitir, primero me tenían que matar a mí para poder llevarse a mi hermana.
Me separe, le tome de la cara, y limpie sus lágrimas.
—Y no te llevaran… —dije, completamente segura.
—¿Dante nos va ayudar? —preguntó mi hermana.
Cuando escuche su nombre, recordé su reacción de hace unas horas. Por lo que negué. No podía deberle a alguien así.
—No importa… hoy nos vamos de aquí. —dije, mientras ideaba un plan de escape.
—Tengo que ir al restaurant por algunas cosas. Mientras prepara una maleta. —dije mientras me alejaba de mi hermana.
—Pero Amelia, pequeña, me refiero a pequeña, solo unos pares de ropas, tenemos que dejar las cosas, para cuando se den cuenta de que no estamos ya sea demasiado tarde.
—Pero hermana… —protestó. Pero la corte con la mano.
—Nada de peros Amelia.
—Cuando regrese tienes que tener todo listo. ¿Entendido? —pregunte mientras la miraba fijamente.
Ella solo asintió, rumbo a su vestuario.
No tenía ni idea a donde iríamos, pero lo que estaba segura era que no me separarían de mi hermana.
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Apenas llegue al restaurant de mi madre, sentí un vacío difícil de explicar. No quería dejarlo, era lo único que teníamos de nuestra madre.
Pero tenía que irme, tenía que poner a salvo a mi hermana, yo sé que si mama estaba. Lo iba a aprobar. Aunque si mama estaba esto nunca iba a pasar.
Me fui hasta la caja, y tome la foto de mi madre que lo tenía ahí, para recordarme que todo iba a estar bien, a pesar de que he tenido que sacar adelante esto sola, la foto de mi madre siempre me traía un poco de paz.
“Perdón Madre. Tengo que dejar tu herencia”
“No puedo decir que lo dejo en buenas manos, ambas sabemos que apenas salga de aquí y papá se haga cargo… todo se perderá… tus años para sacar adelante esto será en vano…”
Tome todo el dinero que había en efectivo. Y me fui a la cocina. Solo había en una persona en quien podía confiar.
—Roberto… puedes acompañarme…
Roberto asintió y me acompañó a la pequeña bodega, que también cumplía como oficina.
—Amelia y yo viajaremos por un tiempo... —empecé diciendo. —necesito que te hagas cargo de todo hasta que regrese.
Vi que estaba queriendo hacer preguntas pero lo detuve, no tenía mucho tiempo.
—No hay tiempo para responder a tus preguntas. Será por un tiempo. Y no puedo dejar que papa se haga cargo del restaurant. Queda en tus manos el legado de mi madre Roberto.
—Está bien, pero prométeme que cuando puedas volverás mi niña.
Yo asentí, y lo abrace, Roberto ha sido más padre para mí y Amelia que León Voss.
—Ahora ve a trabajar, que esa cocina se va incendiar sin ti. —dije en modo de broma.
Amaba a este hombre, y lo admiraba del mismo modo.
Cuando se fue, me dirigí directamente a la caja fuerte detrás del mueble. Solo cuatro personas sabíamos la ubicación, pero la clave, solo tres.
No podía llevarme todo, pero si podía llevarme el dinero suficiente para sobrevivir unos meses.
Con eso en mente me dirigí a la salida, pero regrese, para que esto pudiera salir bien, primero mi padre tenía que estar borracho, porque si salía con mi hermana de la casa, él iba a sospechar, y no dudaba ni un segundo de que nos iba a delatar.
Por lo que tome varias botellas de alcohol, alcohol tan potente, que lo iba a hacer dormir por días.
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Mientras iba manejando rumbo a mi casa. Sentí una punzada demasiado fuerte en la cabeza. Que tuve que detenerme y apretar mi cabeza. El dolor era demasiado fuerte.
“Que diablo” pensé. Jamás sentí un dolor tan fuerte en mi vida, era como si fuera que martillos estaba taladrando la cabeza. Y mi cerebro estaba siendo quemado con lava.
Todo me daba vueltas.
Pero de repente todo dolor se fue. Ya nadie estaba martillándome, ya el fuego se extinguió.
Esto no era normal, pero luego pensaría que me pasa, por ahora tengo que regresar a casa, emborrachar a mi padre, y largarme con mi hermana.
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Cuando llegue a casa encontré a mi padre en la sala, era un maldito holgazán, todos los días me preguntaba que le había visto mi madre a él, mi padre solo tenía un apellido, pero mi madre, mi madre había empezado desde cero, y todo lo que hoy teníamos era gracias a ella.
Por eso me dolía tanto dejar todo atrás.
Estaba en el sofá, viendo un maldito partido de fútbol, en vez de estar al pendiente de su hija. Pero también ya estaba tomando, porque lo esto iba a ser un poco más fácil.
—Hola papá… —salude, tapando completamente su visión de la televisión.
—Mira lo que te traje. —dije extendiendo la botella.
—Oh hija… —dijo, note que iba a protestar por no dejarlo ver el juego, pero como también le tendí la botella se quedó más interesado por eso que por la televisión.
—Justo estaba por llamar al restaurant a pedir algo de comer. Por qué no le pides a Roberto que me preparé algo. Y me lo mande. —dijo, extendiendo la mano para tomar la botella.
Otra idea se me cruzo, entre más dormido este mejor.
—Claro papi, lo llamaré ahora… —dije, jamás lo había llamado así, pero repito nunca fuimos prioridad para mi padre. Ni cuenta se dio que había cambiado.