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4695 Palabras
descubriremos su traición a la abuela antes de lo que pensábamos. —Esperemos que sí. Tal vez ella lo pensó así también, Philip. No dudo de su sinceridad cuando escribió que nos dejaba esas casas porque éramos McGill, pero no olvidemos lo astuta y perspicaz que era. Paula no pudo evitar una sonrisa afectada. —Debemos reconocer que Sonia Harte ha sido la última en reír. —Y yo diría que lo ha hecho a carcajadas —contestó Phillip riendo entre dientes. Daisy echó hacia atrás su silla y dio la vuelta alrededor de la mesa rápidamente. —¡Pobre John. Está siendo acusado injustamente —dijo, inclinándose sobre Paula —. Mamá ha sido la redactora de su testamento, y no él. Sólo es el abogado de la familia. ¿No puedes hacer que dejen de comportarse de esa manera tan grosera? Los Lowther y los Ainsley se están sobrepasando. —Quizá papá pueda hacer algo —murmuró Paula. —No —respondió Daisy con firmeza —. Sonia Harte te ha designado cabeza de esta familia. Es responsabilidad tuya, cariño. Lo siento, pero es así. Paula asintió y se levantó. —Por favor, tranquilizaos un momento, todo el mundo. Su natural reserva hizo que tuviese dificultades para imponerse a un grupo como aquél, pero, al ver que ninguno de los alborotadores le prestaba atención, se inclinó sobre la mesa y le dio un golpe con el puño cerrado. —¡Callaos! ¡Todos! ¡ Y sentaos! Los Lowther y los Ainsley la miraron con antipatía y, aunque se quedaron alrededor de John Crawford, dejaron de discutir entre ellos. —Gracias —dijo Paula con un acento más normal. pero su voz reflejaba la frialdad de sus ojos. Se enderezó completamente y su fuerte personalidad e innata autoridad sorprendieron a todos. —¿Cómo os atrevéis a comportaros de manera tan inconsciente? —les reprendió con severidad—. Vuestra conducta es muy censurable, la de todos, Me parece que demostráis muy poco respeto por Sonia Harte. ¡Dios mío! Sólo hace unas pocas semanas que ha muerto y aquí estáis vosotros, comportándoos como buitres, mientras os disputáis sus despojos. Paula fijó su dura mirada en Jonathan y en Sarah, que estaban juntos. —Mi abuela sabía muy bien lo que hacía y creo que ha sido demasiado generosa con ciertos miembros de esta familia. Paula se agarró con fuerza al respaldo de la silla y continuó hablando en un tono que casi resultaba amenazador. —Que a ninguno de vosotros se le ocurra impugnar el testamento de Sonia Harte. Porque, si lo hace, lucharé contra vosotros hasta el final aunque me lleve cada hora de de mi vida y me cueste hasta el último penique que tengo. Todos los reunidos la miraron con asombro. La inmensa mayoría de ellos la admiraban y el resto la maldecía, pero todos estaban hipnotizados por la a*****a de poder que emanaba de ella. Winston se acercó a Emily y le tocó el brazo. —Mírala... es Sonia Harte personificada —dijo en un susurro —. Creo que la leyenda sigue viva. Shane y Paula atravesaron la terminal de «British Airways», en el aeropuerto Kennedy, subieron en el ascensor hasta la segunda planta y entraron en la sala de espera de primera clase. Encontraron un rincón tranquilo. Tras ayudarla a quitarse la esclavina de visón salvaje, Shane se despojó de su gabardina y la echó en una silla cercana.—Vamos a tomar algo —sugirió—. Tenemos tiempo antes de que salga tu avión.—Estupendo. Gracias, cariño. Shane la sonrió y se dirigieron sin prisa hacia el bar que había en el otro extremo de la sala. Paula lo miró. Qué aspecto tan maravilloso tenía. Tan moreno, apuesto y seguro de sí mismo. Los rasgos de su cara se suavizaron; sus ojos se llenaron de amor. Desde que sus relaciones amorosas empezaron, el cariño que sentía por él no había hecho sino intensificarse. Significaba tanto para ella que se sentía perdida cuando estaban separados y medio muerta sin él. Nunca había dejado de sorprenderla. Aunque lo conocía de toda la vida, jamás se había detenido a pensar en lo seguro que era en cualquier circunstancia o emergencia. Se sentía muy comprometido con ella y con todas las cosas que significaban algo en su vida. Su fuerte personalidad la impresionaba. «Tiene una voluntad férrea», pensó. Lo miró cariñosamente mientras regresaba con las bebidas. Shane le sonrió, le dio el vodka con tónica y se sentó a su lado. Después, entrechocaron los vasos. - —Por el mes próximo, Paula, por el comienzo de un nuevo año. —Por 2021—dijo Paula. —Será nuestro año, querida. Todo se arreglará con Jim. Conseguirás la libertad y, piensa sólo en ello, estarás de vuelta en enero, no es mucho, la verdad. Podemos comenzar a hacer planes para nuestro futuro. Por fin. —Será maravilloso —dijo Paula, pero la preocupación nubló sus ojos luminosos. Shane lo notó. Frunció el ceño. —No me gusta esa mirada, Paula. ¿Qué sucede? Ella agitó la cabeza y rio despreocupadamente. —Nada. Sólo que me alegraré cuando haya hablado con Jim y hayamos aclarado las cosas. Resulta frustrante. Se niega a admitir que algo no vaya bien entre los dos y esconde la cabeza debajo del ala. Puede que creas que no he sido capaz de solucionar este asunto. Pero es difícil hablar con alguien que, simplemente, no te escucha. Shane alargó la mano y le apretó el brazo. —Lo siento ----continuó Paula—. Siempre vuelvo sobre lo mismo y me repito. —No te preocupes. Lo entiendo. Pero hablarás del asunto con él cuando regreses. Shane esbozó una sonrisa y añadió: —Lo meterás en una habitación, cerrarás la puerta con llave y te la guardarás en el bolsillo, De esa manera, no tendrá más remedio que escucharte. Lo haré, si es necesario, Te lo prometo. Estoy decidida a zanjar ese asunto de una vez por todas, Por supuesto, sé que no resulta un buen momento, a sólo dos semanas de Navidad, Pero, por otro lado, supongo que 'nunca es buen momento para discutir sobre un divorcio„, las situaciones emocionales son muy difíciles siempre, Se inclinó hacia delante con decisión. —Ya supongo que no será fácil, Paula. Ojalá pudiese estar en Inglaterra contigo, al fondo, por si me necesitases pero tengo que ir a las Barbados. No me da otra al. ternativa. Sin embargo... —se calló y la miró fijamente-.volaría a Londres de inmediato si no pudieses hacerlo sola, —Ya lo sé, pero me las arreglaré. De verdad, Shane, lo haré. Se produjo un pequeño silencio. —Gracias por este mes —dijo Paula—. Ha sido maravilloso. El estar juntos todo este tiempo me ha parecido un milagro. Me siento mejor que cuando vine en noviembre.. en todos los sentidos. —Yo también. Escucha, Paula, creo que ha sido un mes triunfante para ti si lo piensas con detenimiento. Dale Stevens ha renovado su contrato y has vencido a Marriot Watson en muchos asuntos de «Sitex». Puede que sea un buen augurio para el futuro. Has tenido muchos asuntos tristes que afrontar. —Tú me has hecho salir adelante, Shane, lo digo de verdad. Me has apoyado y animado. Gracias a ti, a tu amor y comprensión, me siento más fuerte que nunca. Y, hablando de «Sitex».,. —dijo con un tono poco convincente, mientras lo miraba fijamente y arrugaba la nariz— Como en el fondo eres un supersticioso con raíces celtas, sé que no te burlarás de mí cuando te diga esto... Volvió a detenerse. Sus ojos se mantenían clavados en el rostro de Shane. —Nunca me burlo de ti. Así que, venga, dímelo. Los labios de Paula se curvaron con una ligera sonrisa y, de pronto, empezó a agitar la cabeza, riéndose de sí misma. —Bueno, cuando me comunicaron la explosión en el Emeremm III, se me ocurrió pensar que era un mal presagio, un aviso de nuevos desastres que ocurrirían en el futuro, Si echamos una mirada retrospectiva, veremos que los últimos catorce meses han estado llenos de problemas: la muerte de Min, el asunto de Irlanda sobre el tiempo de la explosión, Las sospechas de la abuela con respecto a JCF nathan; la aversión de Sarah hacia mí y su intento de hacerse con las boutiques, El desastre de mi matrimonio. El terrible comportamiento de tía Elizabeth, el temor del escándalo de su divorcio y la actitud de Giani. Los continuos problemas en «Sitex», la lucha interna por la empresa, por no mencionar el accidente de Jim y su posterior crisis nerviosa. La muerte repentina de Blackie y la de la abuela tan poco tiempo después y todas esas horribles peleas familiares por su testamento. Apretó los labios. —Siento como si hubiese una maldición sobre mí o, más bien, sobre la familia de Sonia —concluyó. Shane la cogió la mano. —En cierto modo, has soportado mucho más de lo que te correspondía. Pero, seamos objetivos. Para empezar, Blackie tenía ochenta y cuatro años y Sonia ochenta y uno, así que era de esperar que falleciesen pronto. Murieron en paz, Paula, tras unas vidas largas y productivas. Después acallaste las protestas de ciertos sectores a causa del testamento. Arreglaste muchos de los problemas de «Sitex» y Sonia atajó la idea de Sarah inmediatamente. Por lo visto, Jim se ha recuperado. Anthony y Sally están casados y tienen un niño encantador. Hasta Elizabeth consiguió su divorcio y ahora parece feliz con Marc Deboyne. En cuanto a tu matrimonio, estaba acabado mucho tiempo antes de que el Emeremm III explotase. La rodeó con el brazo, la besó y se echó hacia atrás, mirándola a la cara fijamente. —¿Y si hablásemos de lo positivo? Blackie y Sonia pudieron celebrar juntos el octogésimo cumpleaños de ella, y pasaron ocho estupendos meses viajando alrededor del mundo. Emerald Bow ganó el «Grand National», lo que fue un gran triunfo para el abuelo. Edwina se reconcilió con Sonia quien, además, vivió lo suficiente para presenciar las bodas de Emily y Winston, y de Alexander y Maggie. Ha habido muchos acontecimientos felices; es decir, que, además de cosas malas, también han ocurrido buenas. —Oh, Shane, tienes mucha razón. iQué tonta debo parecerte! —En absoluto, como has dicho, no hay nadie más supersticioso que yo. Pero intento buscar el lado positivo de las cosas, Todas Io tienen, La expresión de su rostro cambió ligeramente mientras le dirigía una mirada —Cuando me telefoneaste aquella noche de octubre, después de la lectura del testamento de Sonia, me dijiste que había elegido uno de sus herederos porque me quería como si fuese de los suyos y por la amistad que le había unido a mi abuelo. Y no has dejado de repetírmelo, pero... Se recostó en el asiento, buscó en sus bolsillos el Paquete de cigarrillos, cogió uno y lo encendió. Permaneció en silencio, fumando y mirando al vacío durante un momento. Paula lo observó con más detenimiento e interés. —¿Adónde quieres llegar? —preguntó. —No puedo dejar de preguntarme si Sonia tenía otros motivos o, para ser exactos, otro motivo. —¿Como cuál? —Quizás Sonia sabía lo nuestro, Paula. -—¡Oh, Shane, no lo creo! —exclamó Paula, mirándole con curiosidad—. Estoy segura que me hubiese dicho algo. Ya sabes lo unidas que estábamos la abuela y yo. Además, se lo hubiese comentado a Blackie, sé que lo hubiese hecho, y él hubiese hablado contigo. No habría resistido la tentación de hacerlo. Shane le quitó la ceniza al cigarrillo. —No estoy tan seguro como tú. Sonia era la persona más inteligente que he conocido. Teniendo en cuenta las circunstancias, dudo que hubiese dicho algo. Primero, porque no hubiese querido inmiscuirse en mi vida privada, o en la tuya, y, segundo, no se lo hubiese dicho al abuelo para no preocuparle. Reconozcámoslo, me dejó el anillo de compromiso. ¿Con la esperanza de que yo acabase dándotelo algún día? —Si tenemos en cuenta su procedencia, puede que pensase, simplemente, que te pertenecía con todos los derechos. Es muy valioso. Además, también te dejó el cuadro, que era otro regalo de tu abuelo. —Es cierto. Pero, Paula, ¿y el fideicomiso de un millón de libras.„? Eso es un regalo de todos los diablos. —Desde luego. Paula lo miró sonriendo y sus azules ojos adquirieron un brillo violeta, llenándose de calor y afecto, —Mi abuela te quería mucho, Shane. Te consideraba otro nieto más. ¿Y qué me dices de Merry? También la abuela fue muy generosa con ella. Shane dejó escapar un débil suspiro. —Me hubiese gustado conocer la verdad, Pero supongo que nunca la sabré. Soltó una carcajada y sus ojos brillaron maliciosamente. —Debo confesar que me gusta pensar que Sonia sabía lo nuestro, y que lo aprobaba. —Esto es algo en lo que creo tener razón, Shane. Sé que nos hubiese dado su consentimiento. Además... Paula se detuvo de pronto al oír los altavoces. Se quedó mirándole e hizo una mueca. —Bueno, cariño, están anunciando la salida de mi vuelo. Hizo el ademán de levantarse, pero Shane la detuvo. Le dio un abrazo y susurró: —Te quiero mucho, Paula. Acuérdate de eso en las próximas semanas. —¿Cómo podría olvidarlo? Eres parte de mi gran fuerza. Yo también te quiero, Shane, y te querré durante toda mi vida. - —No, Jim, no ha llegado todavía —dijo Emily—. Mas espero que venga pronto. Con el auricular entre la cara y el hombro, Emily siguió arreglándose la camisa mientras escuchaba a Jim Llamaba desde Yorkshire y la había cogido vistiéndose. Tras unos segundos, Emily exclamó con impaciencia: —Ya sé que el avión ha llegado. Llamé a Heathrow y llegó a su hora. Aterrizó a las siete y media exactamente. Pero Paula tiene que pasar la aduana y venir hasta la ciudad, ¿sabes? Emily miró el reloj de la mesita de noche. —Por el amor de Dios, sólo son las nueve, Jim. Escucha. tengo que irme, Le diré que te llame en cuanto vuelva. —Estoy a punto de irme de la oficina, Emily —dijo Jim---. Voy a Londres, Dile a Paula que no se moleste en venir a Yorkshire como tenía planeado, La veré esta noche en la casa de Belgrave Square. Y a ti y a Winston también. Vamos a cenar juntos, y haremos una fiesta de despedida. —Oh, sí —murmuró Emily—, Ya entiendo por qué lo dices, Es a causa de la marcha de Winston mañana a Canadá. —Sí.„, y yo me voy con él, Emily. Acabo de llamarle a la oficina de Londres y dice que se alegra de que haya de decidido ir, —Oh —exclamó Emily con sorpresa—-. Bueno, supongo que le servirás de compañía, Nos veremos esta noche, Jim Adiós, —Adiós, Emily, Ella colocó el auricular sobre el teléfono y se quedó mirándolo durante un momento. Hizo una mueca y se preguntó si Winston se alegraba tanto como Jim pensaba Lo dudaba. Últimamente, ninguno de ellos hacía mucho caso a Jim Fairley. El teléfono volvió a sonar. Emily lo cogió rápidamente, segura de que era su marido. —¿Winston? —dijo. Éste lanzó una carcajada. —¿Cómo sabías que era yo? —Porque he estado hablando con Jim hace un momento . Preguntaba por Paula. Me ha dicho que se iba contigo a Toronto. ¿No te parece estupendo? —preguntó en un tono sarcástico. —-¡En absoluto! —dijo Winston—. No hay ningún motivo real por el que tenga que venir, pero no le puedo decir que me deje en paz. Es el dueño del diez por ciento de las acciones de la nueva empresa, siente curiosidad por la última adquisición y quiere echarle un vistazo al nuevo periódico. Ya sabes de la forma tan rara que se comporta estos días. Es un quisquilloso y, con sinceridad, está empezando a ser una molestia. —¡Qué latazo para ti, Winston! —suspiró Emily—. Oye, espero que no empiece a armar líos en el Sentinel de Toronto. En la redacción del periódico, quiero decir. Eso podría retrasarte. Debes estar de regreso para Navidad, Winston. —Volveré, no te preocupes, cariño. En cuanto a Jim, bueno, si empieza a molestar le pararé los pies. —Ha dicho que todos íbamos a cenar juntos esta noche. Me aclaró que sería una fiesta de despedida. Yo preferiría estar sola contigo, pero supongo que tendremos que ir con ellos —comentó Emily con tono quejumbroso. —No nos queda otra alternativa. En fin, sólo te llamaba para decirte que Jim se venía a Canadá conmigo. Debo darme prisa. Tengo una reunión. Cuando se despidió de él, Emily sacó del armario la chaqueta del traje y se la puso. Bajó, corriendo, las escaleras de la casa de Belgrave Square, donde pasaban el fin de semana, y se dirigió al estudio. La habitación, blanco y lima con tonos amarillos y anaranjados, estaba iluminada por la fría luz de diciembre de esa triste mañana del lunes, Pero los jarrones de flores' el fuego que ardía en la chimenea y las lámparas encendidas, le daban un aire acogedor. Emily observó que Parker había llevado una bandeja de café con tres tazas. Su hermano llegaría a las diez y esperaba que Paula apareciese por allí un poco antes de esa hora. Se sentó al escritorio, llamó a su secretaria a la oficina londinense de «Genret» para comunicarle que no iría aquel día. Al colgar, oyó que el mayordomo saludaba a Paula en el recibidor. Se levantó y se apresuró a darle la bienvenida a su prima. —Qué agradable sorpresa ver tu cara sonriente —-dijo Paula con cariño, acercándose a abrazar a Emily—-. No esperaba que estuvieses en Londres, Zampabollos. ¿Qué estás haciendo aquí? —Te lo diré dentro de un minuto. Paula se volvió hacia Parker. —Que Tilson deje el equipaje en el coche, Parker, me marcho esta misma tarde para Yorkshire. —Oh, esto... Paula, Jim ha llamado hace un rato dijo Emily—. Viene de camino a Londres. Quería que lo supieras y me dijo que te quedases aquí esta noche. Paula reprimió una exclamación de contrariedad. —Ya veo —murmuró. Miró al mayordomo con una ligera sonrisa. —¿Puedes decirle entonces a Tilson que suba el equipaje, Parker? —Sí, señora. Parker se dirigió a la puerta de la calle. Paula dejó su chaquetón de visón en una silla del vestíbulo y se encaminó hacia el estudio detrás de Emily. Cerró la puerta y se apoyó en ella, —¡Maldición! —dijo acaloradamente— ¡Jim sabía que deseaba ir a Yorkshire directamente a ver a Lorne y a Tessa! ¿Te dijo por qué, de repente, ha decidido venir a Londres? —Sí, Winston se va mañana a Toronto a revisar el estado real del nuevo periódico. Jim ha dicho que se va con él. -—¡Oh, no! —exclamó Paula, con expresión grave. Se dirigió hacia la chimenea y se dejó caer en el sofá. Sintió que la furia ardía en ella. Jim volvía a quitarse de en medio, como había hecho en octubre, cuando se fue a Irlanda para acompañar a Edwina. ¿Tenía un sexto sentido? ¿Sabría, de alguna manera, el momento en que ella iba a abordar el tema del divorcio? Emily se quedó de pie junto a la chimenea y miró a su prima atentamente. —Pareces muy enfadada, Paula. ¿Pasa algo malo? Ella vaciló, pero luego se sinceró. —Emily, supongo que no te sorprenderás si te digo que Jim y YO tenemos que discutir muchos problemas personales. Y resolverlos. Esperaba poder ir al grano en los próximos días. Y ahora se esfuma. De nuevo. Como no logre convencerle de que cancele el viaje con Winston, tendré que esperar su regreso de Canadá para poder hablar con él. Emily se sentó junto a ella y le dio unos cariñosos golpecitos en la mano. —Sé, desde hace mucho tiempo que tenéis dificultades entre vosotros, Paula. Deberías hablar con Jim... sobre el divorcio, si quieres mi opinión. Winston piensa lo mismo. Paula escudriñó, alarmada, el rostro de Emily. —¿Tan aparente resulta? —Oh, para todo el mundo no, pero sí para quienes estamos muy próximos a ti. —¿Y mis padres? —preguntó Paula rápidamente, enderezándose en el sofá. —Tu padre sabe que hay una gran tensión en vuestro matrimonio y le preocupa la situación, pero de tu madre no estoy segura. Quiero decir que no creo que tía Daisy piense que las cosas han llegado a ese punto, Paula. Es muy buena, siempre se muestra muy indulgente con todo el mundo. Paula suspiró pesadamente. —¿Crees que puedo convencerlo de que no vaya a Canadá? —No, definitivamente no. Como la abuela le dejó esas acciones, Jim se cree una parte importante de la nueva compañía y quiere meter las narices en todo. Últimamente, se muestra bastante impertinente. —Lo sé. Paula se frotó la cara de pronto, se sentía fatigada. Parpadeó. —Odio estos vuelos trasatlánticos nocturnos. Emily asintió, Lanzó un profundo suspiro y dijo: —De todas formas, hoy no podrías haberte ido a Yorkshire, Paula. Alexander te necesita aquí, en Londres. De hecho, va a venir dentro de unos minutos para celebrar una reunión. —¿Qué ha pasado? Instantáneamente, adoptó una expresión de entendi- miento. —¿No será Jonathan? —Sí, eso me temo. —Cuéntame. Paula miró a Emily con ansiedad, olvidándose, por el momento, de Jim y el divorcio. —Alexander prefiere decírtelo en persona, Paula. Me dijo que te quedases aquí hasta que él llegara. Es bastante complicado. Por eso estoy en Londres... , a causa de Jonathan. Alexander quiere que asista a esta reunión con vosotros. La verdad es que él y yo hemos estudiado la situación a fondo durante las últimas dos semanas... —¿Significa eso que lo habéis sabido todo este tiempo y no me lo habéis dicho? —Queríamos estar seguros y trazar un plan juntos. Además, teníamos que hablar con Henry Rossiter y con John Crawford. Necesitábamos sus consejos. Vamos a tener que tomar medidas drásticas, Paula. —¿Tan grave es? —Bastante serio. De todos modos, Sandy y yo lo tenemos todo bajo control. También Sarah se halla involucrada hasta cierto punto. —Tal como pensábamos —suspiró Paula. Su consternación fue en aumento. La puerta se abrió silenciosamente y Alexander entró en el estudio. -—Buenos días, Emily. Bienvenida, Paula. Se acercó al sofá, les dio sendos besos y se sentó en una silla frente a ellas, —Me gustaría tomar una taza de café, Emily ---dijo a su hermana—. Vengo andando desde Eaton Square y hace un tiempo de perros esta mañana. Estoy helado. —Sí, por supuesto. Emily cogió la cafetera de plata y comenzó a servir el café. —¿Quieres tú también, Paula? —Sí, gracias, me apetece —dijo mientras dirigía una mirada penetrante a Alexander---. Deberías habérmelo dicho. —Para ser sincero, pensé hacerlo, Paula, Emily y yo lo discutimos y, finalmente, decidimos que no tenía mucho sentido hacerlo, Te hubieses preocupado y, desde Nueva York, no podrías haber hecho nada, Además, estabas ocupado con «Sitex», No quise que te sintieras obligada a regresar a Londres, Es más, he llegado al fondo de todo durante este fin de semana. Bueno, más o menos. Paula asintió. —Cuéntamelo todo, Sandy, —Bien, aquí va. El plan de Philip ha funcionado. Mal. com Perring me ayudó a descubrir a Jonathan, Pero tuve otra fuente de información que fue, realmente, la que me permitió atraparle, Pero me estoy adelantando. Será mejor comenzar por el principio. —Por favor —dijo Paula. —Malcolm Perring encontró la transacción inmobiliaria perfecta para «Harte Enterprises». Se la ofreció a Jonathan, quien mostró un interés considerable. Pero no sucedió nada. Malcolm le estuvo llamando durante dos semanas y, entretanto, Jonathan se anduvo con rodeos. Sin embargo, a mediados de noviembre, invitó a Malcolm a que fuese a su despacho para celebrar una reunión. Por lo visto, Jonathan le dijo que se trataba de un excelente negocio, pero, finalmente, lo rechazó, alegando que «Harte Enterprise» no podría hacerse cargo del asunto por el momento. Le sugirió a Malcolm que ofreciese el negocio a un tal Stanley Jervis, de «Stonewall Properties», una nueva empresa. Le explicó que Jervis era un antiguo amigo, serio y con ganas de hacer grandes negocios inmobiliarios. —No me digas más —murmuró Paula— Jonathan es el dueño de «Stonewall Properties». —Exacto. Y escucha esto: Sebastian Cross es su socio. ——iUf, ese hombre tan odioso! Paula sintió un escalofrío. —Sarah también ha invertido dinero en la empresa —dijo Alexander, agitando la cabeza-—. Estúpida. —Jonathan ha vuelto a engañarle, igual que cuando era pequeña —comentó Paula en voz baja. —Precisamente —interrumpió Emily-— Sólo que esta vez, las consecuencias serán mucho más graves para ella. —Sí —dijo Paula arrugando la frente con perplejidad y preguntó-—; Pero, ¿Cómo averiguó Malcolm todo eso? —No Io descubrió él —respondió Alexander—. Lo hice yo, Malcolm Perring siguió el consejo de Jonathan, pues ése era todo el propósito de nuestro plan: cogerlo con las manos en la masa, por decirlo de alguna manera, Malcolm se entrevistó dos veces con el tal Jervis y, entonces, Sebastian Cross apareció en escena. Es el que representa a la empresa legalmente pues, por lógica, Jonathan se oculta tras algún testaferro, ya que su nombre no aparece en ninguna parte. Alexander encendió un cigarrillo. —Malcolm empezó las negociaciones por Jervis y Cross —continuó—, le siguió el juego y les indujo a pensar que estaba dispuesto a cerrar el trato con «Stonewall». No se fió de ninguno de los dos y sospechó que la compañía estaba en muy mala situación económica. Empezó a investigar, habló con algunas personas de la ciudad y sus sospechas fueron confirmadas pronto. Tal y como estaba planeado, Malcolm empezó a volverse atrás, con gran asombro de Jervis y Cross. Ellos tuvieron miedo de perder el negoció y le contaron los grandes negocios que habían hecho últimamente. Malcolm me pasó esta información. Una noche, fui a los archivos de nuestra inmobiliaria y descubrí que nosotros podíamos haber hecho aquellos negocios. Jonathan se los había pasado a «Stonewall». Eso era todo lo que me hacía falta, Paula. Supe, positivamente, que era tan culpable como el diablo. Poco después, Malcolm interrumpió las negociaciones con «Stonewall» y les explicó que otra inmobiliaria había presentado una oferta muy superior a la suya, que sus socios insistían en aceptar. —¿Y compraron? —preguntó Paula. —No tuvieron otra alternativa. Yo estaba preparado para caer sobre Jonathan cuando, de repente, me llegó otra información y, a las cuarenta y ocho horas, tenía material suficiente como para colgarlo. —¿Dónde Io obtuviste? Paula se inclinó, sintiendo una gran curiosidad. —De John Cross, -—Sandy, no puedes hablar en serio! El asombro de Paula resultó evidente, —John Cross —repitió y, abriendo mucho los ojos, miró a Alexander con desconfianza—, No me l0 puedo creer, —Es la verdad. —Pero, ¿por qué se confió a ti? —La verdad es que John Cross quería sincerarse contigo, Paula, Me avisó a mí porque tú no te encontrabas en el país, Me pidió que fuese a verle a Leeds„, estaba en el hospital de St, James, —Oh —dijo Paula—, ¿Qué le sucedía? ¿Se hallaba enfermo?
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