Astrid Quería contarle a mi familia la noticia de las audiciones cuando llegara a casa, con mis palabras, con la emoción aún vibrando en mi pecho. Había imaginado el momento mil veces: mamá dejando lo que estuviera haciendo y abrazándome con fuerza, papá sonriendo con ese orgullo tranquilo que a veces no necesita palabras. Pero Helena se me adelantó. Subió a su i********: una foto mía en pleno ensayo, con el rostro concentrado y los brazos extendidos como si de verdad pudiera volar. El epígrafe decía: “La mejor bailarina del mundo conquistó el protagónico de sus sueños.” Y claro, Adele lo vio en cuestión de segundos. Porque mi hermana menor, lo ve todo. Lo compartió en sus historias, etiquetando a mamá. Y entonces fue cuestión de minutos hasta que recibí dos mensajes, uno de cada uno

