Astrid —Dios, estoy agotada— resopla Helena apenas la profesora da por terminado el ensayo. Nos alejamos del centro del salón, recogiendo nuestras cosas con lentitud, como si los músculos nos pesaran más que el cansancio mismo—. Esta semana los ensayos han sido demoledores. —No ha sido para tanto— le digo, aunque mis piernas tiemblan ligeramente mientras camino. —Oh, claro que sí— responde ella con una sonrisa ladeada, entrelazando su brazo con el mío—. Te he extrañado, As. No coincidimos desde el viernes pasado. Siento que ha pasado un siglo. —Lo sé, no entiendo por qué nos separaron por grupos. Pero bueno, al menos hoy estamos ensayando juntas otra vez. —Sí, sí, pero no me refería solo a eso— murmura, y su tono cambia, como si escondiera algo entre sus palabras—. Has estado desapare

