ARIANA Me escapó una risa amarga mientras observaba a la multitud desinhibida bailando, como si su alegría borracha pudiera distraerme lo suficiente como para no derrumbarme. —Marco, si esto es una especie de chiste o estás jugando conmigo… —empecé a decir. —Ariana... —susurró. Pero yo ya negaba con la cabeza. No quería aceptar ni una palabra. El mismo que estuvo a mi lado cuando todo se vino abajo... ahora resulta que era parte del derrumbe. Y el dolor volvió a golpear como una ola que no avisa. Las lágrimas ya marcaban un camino en mis mejillas cuando lo miré. Él ya me estaba observando, y su rostro lo decía todo: culpa, pena, arrepentimiento. —¿Por qué ahora? ¿Qué te hizo soltarlo justo en este momento? ¿Es porque la conciencia ya no te deja tranquilo? ¿Después de años mintiéndome

