—¿Te sientes bien? —la pregunta la sorprendió un poco, estaba un poco ensimismada pensando cuando Santiago se dirigió a ella— Pareciera que te encuentras a kilómetros de aquí. Aunque la pregunta fue hecha en un tono normal a Emma le dió la impresión de que lo decía como un reproche, por eso trató de disculparse. —Lo siento, Santiago —le dijo esbozando una dulce sonrisa— Estaba pensando en la diferencia de trato entre los restaurantes de aquí y los de mi país. —¿No atienden bien a los clientes? —preguntó Santiago un poco extrañado— La vez que estuve en Nueva York me trataron muy bien. —Claro, por supuesto que te atienden bien —le dijo Emma tratando de explicarse— Pero tampoco lo hacen en todos los restaurantes, y definitivamente no son tan atentos como aquí. —¡Oh, claro! —le dijo mient

