—Lo siento, Emma —le dijo Santiago con cara de sorpresa al saber que ella había enviudado hacía tan poco tiempo. Ahora entendía la distancia que ella ponía cada vez que él la tomaba del brazo para ayudarla a entrar en algún sitio o cuando le indicaba algo para que ella lo viera y le ponía una mano en el hombro. Siempre sentía la reacción de ella como si estuviera esperando un choque eléctrico o algo parecido. Sentía que se ponía rígida y que se alejaba un poco, en especial cuando se le acercaba para hablarle en voz baja para indicarle algo. —Está bien, Santiago —le contestó Emma— En realidad no tenías por qué saber esto. Solo quiero estar tranquila y terminar de vivir este proceso que estoy viviendo, de manera que pueda continuar mi vida con tranquilidad, ¿Sabes? —Lo entiendo perfectam

