Emma se bajó del auto todavía un poco desorientada, pero ya se sentía mejor. Ahora solo sentía algo de vergüenza por haberse quedado dormida en el auto de Santiago, era horrible el hecho de no haber podido controlar el sueño, parecía como que si simplemente la hubieran desconectado. —Lo siento mucho, Santiago —le dijo apenada mientras se bajaba y éste le sostenía la puerta— No entiendo cómo pude haberme quedado dormida. —Eso tiene mucho que ver con el vuelo, Emma —ahora el que tenía cara de avergonzado era Santiago— Y eso es culpa mía, debía haber dejado que descansarás hoy todo el día e incluso el de mañana, se nota que no estás acostumbrada a viajar por varios husos horarios. —La verdad es que no lo estoy —le dijo ocultando un bostezo con la mano— Apenas si solo el cambio de la costa

