El auto estaba detenido en medio de la noche, el silencio en el interior solo interrumpido por el suave zumbido del aire acondicionado. El chofer no estaba cerca; solo Iván y yo estábamos en el vehículo. La atmósfera se había vuelto densa, cargada de tensión y anticipación. Justo cuando estaba por terminarme acomodar ahorcajadas de su cuerpo, él me hizo aún lado, dejándome acostada sobre el asiento y mi cabeza reposando sobre la puerta del auto. Sin pensarlo, abrir mis piernas en espera de su movimiento. Mi vestido arriba y sin bragas, era todo lo que él quería. Iván, con una mirada decidida, no perdió ni un momento. Se inclinó hacia mí y comenzó a lamerme con una intensidad que me hizo estremecer. Cada toque de su lengua me hacía temblar de placer. Su boca se movía de manera experta, r

