Capítulo 14 No es mejor que yo

1389 Palabras
POV Alessandro Minutos antes... —No sé cómo, pero debes lograr que ella acepte ir a esa cena conmigo —le ordeno a Rita, mientras hago que reviso mi celular—. Tú sabes muy bien como persuadir a las personas, lo dejo en tus manos. Ella permanece de pie y en silencio. No la veo, pero la conozco desde que era niño así que, me imagino su expresión. Ella no es solo mi secretaria. Es lo más parecido a una madre que he tenido. —No me mires así y haz lo que te estoy pidiendo —le digo sin levantar la vista—. ¿Desde cuando cuestionas mis ordenes? —No le estoy cuestionando nada Alessandro —responde ella con una tranquilidad pasmosa—, solo que estoy asombrada. He trabajado para usted durante muchos años y jamás ha hecho algo así. Digo, que yo sepa usted nunca me invitó a cenar —finge un tono de reproche. Dejo el móvil sobre el escritorio, la miro y esbozo una sonrisa. —No lo he hecho, tienes mucha razón. Pero hasta donde sé siempre he sido muy generoso contigo. Además, a tu esposo no le haría ninguna gracia que salgas con un hombre guapo y soltero —bromeo—. Sé que no debo darte ninguna explicación, pero por esta vez haré una concesión solo porque eres tú: bien sabes que ni a Eleonora le hablo sobre mis decisiones, pero ahí va: esa mujer hoy a salvado a mi empresa de una quiebra inminente. No solo hubiese sido mi ruina, sino la de todos. Quiero agradecérselo de alguna manera y bien sabés que lo mío no son las palabras ni los halagos. Además, ya la has visto. Es una insolente y soberbia. Cualquier cosa que le diga, solo alimentará ese ego que tiene —suspiro hondo—. Y hasta donde sé, soy el dueño y jefe de todo esto ¡Pero esta cicciottella se trae unos humos! —refunfuño. Rita suelta una carcajada, divertida. —Creo que lo dejaré en buenas manos. La señorita Eleonora, sin saberlo dio en el clavo. Selena es una mujer muy inteligente y capaz. Fijo mi mirada sobre ella de manera inquisitiva. —Tú sabes porque Eleonora la contrató ¿no? Digo, ese día estabas con ella. ¿Por qué la eligió? Rita se acomoda las gafas, y por un segundo, esa chispa de complicidad materna brilla en sus ojos antes de recuperar su compostura profesional. —Alessandro, conoce a Eleonora —responde, suavizando el tono—. No quería ni quiere cerca de usted, mujeres que puedan tentarlo —hace una mueca—. ¡Como si eso pudiera detenerlo! —¡No te pases Rita! —le respondo con fingida seriedad—. Para insolente, ya tengo con la nueva. —Bueno, es la verdad. Yo manejo su agenda ¿lo olvida? La contrató porque pensó que Selena es poco atractiva y además es madre de un niño. Ni siquiera se fijó en los posgrados que Selena tiene. Lo único que le importa es que usted, no se interese en ella. Mientras la escucho, esbozo una sonrisa cómplice. —Eleonora y sus decisiones impulsivas. Bueno, al menos esta vez, para variar, hizo algo bien. Sus celos nos salvaron de caer en bancarrota —me levanto y voy hasta ella—. Ahora ve y haz lo que te pedí. Encargate de comprarle lo que necesite. Si pone excusas, que seguramente lo hará, recurre a lo que sea para convencerla. Comprale un lindo vestido, no importa el costo. Ella asiente sin dejar de sonreír. —Como ordene señor. Delo por hecho. Esa chica irá hoy a la cena a como dé lugar. Si algo he aprendido de su abuelo y de usted, es que no existe un no. —Todos tienen un precio —respondo con seguridad—. O, un punto débil. Siempre hay que saber dónde tocar. Te lo dejo a ti. Porque presumo que, aunque soy su jefe, no soy santo de su devoción. No entendería porqué si soy un ser encantador —reflexiono con sorna—. Dime... ¿no soy un buen jefe? Ella arquea levemente su ceja y se encoje de hombros. —Ya estoy más allá de todo así que le responderé con sinceridad: Sé que no es malo, pero hay días en los que realmente su genio no lo hace el más popular entre los empleados. Yo frunzo el ceño al oírla. No hace falta decirlo, pero la verdad es que si soy como soy es porque es lo que aprendí de mi abuelo. Desde muy pequeño me hizo entender que en el mundo de los negocios hay que manejarse a con cara de pocos amigos porque donde vean una señal de debilidad, se abusan. Además, no me importa derrochar simpatía con personas que ni conozco. Les pago y muy bien por su trabajo. Rita se retira sin decirme más nada. Yo me quedo leyendo unos documentos y de repente me asalta un pensamiento que expreso en voz alta: —La dejé y estaba hecha una fiera... me pregunto si va a aceptar ir a cenar. Bueno, no creo que ponga reparo... comer le gusta y se le nota —pronuncio, divertido—. Hum, por su bien, espero que acepte o me encargaré de que aprenda de que mí, nadie me dice que no. Como si tuviera un resorte en el trasero me levanto de mi asiento y camino hacia la oficina de Rita porque tengo la imperiosa necesidad saber —no tengo idea de porqué—que dirá la cicciottella. No sé, ella tiene algo que me hace enojar, pero a la vez me divierte. Me acerco a la puerta que está semiabierta y escucho la conversación entre ella y Rita. Como era de esperar, no está para nada feliz. Me cree de todo menos bonito. En un sinfín de epítetos, escucho que me dice vampiro, que la miro y la trato mal y no sé cuántas cosas más mientras Rita, trata con paciencia de convencerla para que acepte. Aguanto una carcajada. Si supiera que el "vampiro" está a escasos metros escuchando cómo disecciona su personalidad, probablemente le daría un síncope... o me lanzaría un zapato. Lo segundo me parece más probable. Escucho el sonido de unos tacones que suenan apresurados. Levanto mi mirada y veo a una chica que está llegando con una bolsa de la tienda de lujo. Supongo que es la encargada de comprar el vestido. Antes que diga algo, le pido que haga silencio llevándome el dedo índice a la boca. Ella con una dulce y cómplice sonrisa asiente y entra vociferando algo para alentar a mi malhumorada secretaria, quien sigue soltando maldiciones y todo lo que piensa de mí sin ningún pudor. Parece que a Barker le sería más posible ocultar su trasero —algo que creo es bastante improbable—, que lo que piensa y siente. Sonrío y meneo la cabeza, divertido. En otro momento y si fuera otra persona, no una que me acaba de salvar, entraría y la pondría en su lugar. Pero ella, ella es otra cosa. Prefiero mil veces a una persona honesta que me diga lo que piensa —mientras no se pase de la raya—, a ratas obsecuentes como Moretti que casi entrega mi cabeza por un puñado de dólares. Al fin puedo oír un suspiro hondo y su resignada aceptación. Bueno, tanto como resignada no porque alcanzo a escuchar cuando dice que me clavará un tenedor en la frente. ¿Tan insoportable y detestable soy? Yo nunca me había visto así. Me encojo de hombros, sinceramente no me quita el sueño que las personas piensen eso de mí. Me separo de la pared con una sonrisa de suficiencia. Ella va a ir y es un punto para mí. Regreso a mi despacho antes de que me descubra, caminando con un paso más ligero. La noche promete ser cualquier cosa menos aburrida. Ella cree que va a una extensión de su trabajo; yo solo quiero ver cuánto tiempo tarda en perder esa compostura de hierro frente a una buena copa de vino y mi... "encanto natural". ¿Ven? Yo intento agasajarla y ella solo me insulta. Después se queja. No es mucho mejor que yo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR