Hera. Mi cuerpo estaba tenso, no tenía más respuesta, me había quedado en blanco. ¿Cómo demonios lo sabía? Yo era otra, por completo. —Tu tatuaje, de HM, ¿es muy obvio no?— lo mire confundida, este tatuaje me lo hice después de que nacieran las niñas. —Hunter McLaren...— susurró acariciando el tatuaje. Trague en seco. —¿Que tal que no signifique eso? Tampoco te creas el ombligo del mundo— solté burlona. Él, negó sonriente, me había descubierto. —Cuando me contabas sobre Dalilah Morgan, y mirabas como no la recordaba, te mordías el labio, reprimiendo las lágrimas, tus ojos se ponían vidriosos, gritaban tantas cosas que querías decirme, pero tus labios no pronunciaban nada— mis manos comenzaban a temblar. Hunter tomo entre sus manos las mías y se acuclillo frente a mi, viéndome desd

