Capitulo 4

2056 Palabras
Dalilah. La luz del sol se cuela através de las cortinas que se mueven con el paso del aire. Mire a mi alrededor y vi que no estaba en mi habitación. —¿Dónde mierda estoy?—susurré para mí misma. Al intentar pararme sentí una presión en mi cintura y después ví un gran brazo, después ví el cuerpo de Zayn a mi costado. Y todo llegó a mi memoria, claro después de un tremendo dolor de cabeza. Me levanté y dejé mi cuerpo al desnudo para después pasarme por toda la habitación vistiendo y buscando mis pertenencias, ya que encontré todo, me dirigí al baño para asearme y arreglarme un poco la cara. Al mirarme ví un poco de mi maquillaje corrido, y lo limpie con una toallita húmeda que traía en mi cartera me arregle y tome un poco de pasta para después con mi dedo tallar mis dientes y después enjuagar la boca, salí del baño y mire de nuevo la cama, Zayn seguía dormido. Salí de la habitación haciendo silencio y con mis tacones en las manos,camine la final del pasillo hacia las escaleras y finalmente hacia la salida de la fraternidad, al salir me encontré con el auto de Hunter enfrente y a un Hunter realmente molesto recargado en la puerta de su auto con los brazos cruzados y unos lentes puestos. ¿Qué demonios hacia aquí? Y para empezar... ¿Porqué estaba molesto? —¿Que haces aquí?—pregunté acercándome. —¿No es obvio?, vine a buscarte para ir a desayunar, pero tardaste demasiado, ¿acaso te estabas aventando un palo mañanero?— pregunto con burla y a la vez molestia. —Eso a ti no te interesa, pero ya que me vas a invitar a desayunar adelante, vamos—me subí a su coche esperando a que el lo hiciera, sin embargo tardo un par de segundos en asimilar lo que le había dicho, subió al coche y arranco para después dirigirnos a una cafetería cerca de la fraternidad. Entramos y pude ver que había varios chicos sentados en una sola mesa, y pude identificar a Hanna junto a sus amigos al fondo. Yo, como podrán saber, seguía con la ropa de la fiesta, así que me encogí de hombros y seguí a Hunter hacia una mesa al fondo. Apesar de todos mis rechazos, no entiendo porque Hunter sigue insistente, no me molesta su atención, al contrario me fascina tenerla, pero no quiero depender de una persona. No quiero esto. —¿Porque insistes tanto?—pregunté directa justo después de que se fuera la camarera con nuestros pedidos. —¿De qué hablas?- pregunto confundido y quitándose los lentes para poder verme a los ojos. —Si, te he rechazado más veces de las que he aceptado salir contigo— continúe. El se pasó las manos por su cabello n***o y después se fregó la cara. —Sinceramente, eres una chica que no se aferra, y eso me gusta, somos libres y el hecho de que no me acoses como las demás es lo que me atrae de ti, me gustas—afirmó viéndome fijamente. No quería volver a sentir. Así que con mi máscara de frialdad y crueldad le dije. -Lo siento Hunter, yo no quiero nada contigo, tu no me gustas, en realidad, no quiero nada ahora.- —Lo se y lo entiendo, pero jamás me había abierto tanto con alguien, y tú con solo patearme haz hecho un revoltijo mi cabeza—siguió y podía ver la sinceridad en sus palabras. Pero, ¿por qué no me agradaba nada esto? debería de estar feliz, el chico está para comérselo y aparte es un cara dura con todos menos conmigo. —Lo siento Hunter, pero creo que tú y yo no podemos seguir hablando— y sin decir más salí del lugar para dirigirme a mi habitación. El no me siguió. Y tampoco me busco. Y mucho menos lo hice yo. ... Mi turno en la cafetería estaba por acabar, cuando la campanita de la puerta suena anunciando un nuevo cliente. Al alzar mi mirada pude ver lo que no había visto en años. Ahí estaba el sonriéndole a la chica con la que iba de la mano, su cabello castaño iba peinado desordenadamente hacia un lado y su cuerpo estaba más fornido. Pero ahí estaba el. Y aún lo amaba. Y aún me hacía sentir tan pequeña y a la vez tan miserable que me sentía estúpida de seguir sintiendo todo ese amor después de tantos años. Ahí estaba el que había sido el amor de mi vida, y el que alguna vez hubiera sido el padre de mi pequeño bebé. Ahí estaba Ashton Miller. *** Hace 4 años... Miraba frente a mi la prueba que acababa de realizarme. Positivo. Esa palabra retumbaba en mi cabeza una y otra y otra vez. Las lágrimas no paraban de bajar. Mi cuerpo temblaba a pesar de que no hacía frío. ¿Que es lo que iba a hacer? Apenas estaba en el último año de preparatoria. Iría a la universidad el próximo año y no podré estar embarazada. Mierda. ¿Como le diré a Ashton? Dios... ¿Me apoyará? —Venga Dalilah, sal del baño necesito saber que estás bien— Rebecca,mi mejor amiga, al otro lado de la puerta insistía por tercera vez en que abriera. Me levanté y tome la prueba, abrí la puerta y la mire. Le enseñe la cosita y ella me miró. Y las lágrimas volvieron a salir. —¡Dios! No sé que haré Becca, esto no era lo que quisiera, cómo se lo diré— seguí parloteando hasta que Rebecca me tomo fuerte de la cara y me obligó a verla. —¿Acaso te estás escuchando? No eres tú Dalilah, tu no tienes miedo a nada, eres fuerte, has superado cosas peores. Puedes con esto y más—asentí y la abrace. ... Las semanas pasaron, y llego el día en el que tenía que ir con la doctora para saber cómo estaba el bebé. Dios, un bebé, iba a tener un bebé con el chico que amo y me ama. Era un sueño. Muy precipitado pero aquí estoy. —¿Dalilah Morgan?—llamaron y yo me levanté para pasar al consultorio. —Hola, soy la doctora Michelle Jones, ¿es tu primer embarazo?— pregunto después de indicarme con la mano que me acostara en la camilla. —Si..—dije apenas. —Bien, levanta tu blusa y yo te pondré un poco de este gel, para que podamos ver al embrión—ella me puso el gel, el cual estaba frío, y empezó a mover el aparato por mi abdomen buscando al bebé. —Mira aquí está—apunto a la pantalla y solo se veían manchas blancas y negras—Tienes 8 semanas de embarazo ¿porque vienes hasta ahora?— pregunto. —La verdad— titubee al responderle —No lo sabía hasta hace dos semanas, y tenía mucho miedo, estoy en mi último año de preparatoria y aún no se lo he dicho al padre—respondí sincera. —Lo entiendo, pero creo que ya es hora de que hablen, por qué si piensan en que se debe de intervenir el embarazo tienen que hacerlo antes de los 4 meses, si no después será peligroso para ti— Mi mente se quedó en blanco. Él...¿ Sería capaz de pedirme abortar? No, él no es así. La doctora me entrego papel para limpiarme y después prosiguió a darme las indicaciones y vitamínicos para llevar a cabo un embarazo sano y fuerte. Me despedí de la doctora y me encamine hacia mi auto, pero al alzar la mirada me quedé de piedra. Ahí estaba Ashton, viéndome con los brazos cruzados y su espalda recargada en mi auto. Me acerque temerosa hacia él. —Por qué no me lo dijiste?—pregunto con rencor. No sabía que decir. —Me tuve que enterar por la ubicación de tu teléfono—y maldije mi celular. —Yo... no sabía... si...— solo me calle de repente cuando su mano se levantó para detener mi humillación. —Sube al auto—ordenó después de darse la vuelta y abrir su puerta. Obedecí y entre, me coloque el cinturón de seguridad y espere a que arrancará. Sus nudillos se volvían blancos en el volante por la presión que ejercía en este, su mandíbula estaba demasiado tensa, y juraría que escuche crujir sus dientes. Estaba demasiado molesto. Cuando me di cuenta que estábamos llegando al departamento que sus padres le habían regalado en su cumpleaños número 18, ví que aún seguía molesto, aparco el auto en el estacionamiento subterráneo del edificio para después salir y yo seguirlo hasta el elevador. Cuando el elevador llegó al piso, mi pulso se aceleró más, en todo el trayecto del elevador jamás me miró y mucho menos me habló. Abrió su puerta y me dió el paso para que entrara primero. Cerro y se dirigió a su habitación. Me quedé ahí, parada en medio de la sala y después de debatir que hacer, me senté en el sofá. No sé si pasaron horas o minutos, hasta que escuche que la puerta de su habitación se abrió y de ella salió él un poco más relajado. —¿Por qué?—pregunto después de haberse sentado en la mesa ratona frente a mi. No sabía que contestar, otra vez. Solo sentí mis mejillas mojadas. —No sabía cómo decirte, me enteré hace dos semanas, estaba muy asustada— sorbí mi nariz y tome un respiro y proseguí— Yo no sé que voy a hacer, ni siquiera hemos terminado la preparatoria, dios arruine tu futuro—y solté a llorar. Me dolía, por qué jamás me había sentido así, tan culpable. El se acercó a mí y me abrazo. Me derrumbe por completo. Tenía demasiado miedo. Estaba temblando y el lo sabía. Cuando logré calmarme un poco el no me soltó, solo un poco para poder verme a los ojos. —Lo vamos a solucionar, nuestro futuro no importa ahora, lo que importa es nuestro pequeño retoño, y si te lo sigues preguntando, por supuesto que me haré responsable, eres lo que más amo en esta vida, y ahora me haz hecho el hombre más feliz del mundo, aunque yo esperaba antes casarnos y volverte mi esposa,pero jamás hemos sido una pareja normal, y tal vez saltarnos un par de pasos no sea malo— me sonrió. Y ahí fue cuando todo el miedo que sentía fue reemplazado por total alegría y felicidad. El me amaba como yo lo amaba a el. Era el amor de mi vida. ... Durante los próximos meses, las cosas se estaban poniendo un poco pesadas, las clases y los exámenes finales se acercaban, al igual que mi parto. Tan solo tenía 24 semanas, estaba casi a la mitad ya y no podía resistir a tener a mi pequeño. Por qué si señores, iba a ser un niño, lo habíamos confirmado en la última ecografía a la que habíamos ido con Ashton, el estaba muy feliz con todo esto, y nuestras familias nos habían apoyado, mis padres al principio se habían puesto necios a qué abortara, pero después de tantas peleas me dieron su apoyo, y los de Ashton estaba más que felices de que tendría a su primer nieto varón. Y con Ashton, las cosas estaban más que perfectas, nos habíamos mudado juntos a su apartamento, según el, para estar pendiente del bebé. Yo le llamaba, papá sobreprotector. —Hola, hace días que no nos vemos,¿porque no salimos al centro comercial y vamos a ver cosas para mí sobrinito?— pregunto Rebecca acariciando mi ya abultado vientre. Sonreí. En efecto, con todo de los exámenes y las calificaciones, no habíamos tenido tiempo de nada, así que asentí y tomadas de la mano salimos a buscar a Ashton para decirle que me iría con Becca al centro comercial. A lo lejos lo ví, con una chica, besándose. Los dos. Y todo cayó como agua fría en mi. Una furia creció en mi, mi corazón se destrozó, mi alma, mi todo se murió, y entre mis piernas un líquido bajo. Sangre. Y luego todo n***o.
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