Capitulo 2.Un nuevo comienzo.

1577 Palabras
Capítulo 2. Un nuevo comienzo. POV Arya Montenegro Un nuevo día y mi alma aún se siente perdida; sin embargo, esta mañana me invade una gran motivación. Gloria ha encontrado para mí un centro de apoyo. Dicen que de la depresión y las dificultades no se sale solo; el que crea que puede lograrlo sin ayuda vive en un mundo de engaños. En este instante, mi más grande apoyo es mi mejor amiga. Es una gran mujer, mi hermana y mi única familia; alguien por cuyas venas no corre mi sangre, pero que se ha hecho cargo de mí. Se ha sacrificado para que yo esté bien. A veces se recibe más de un extraño que de la propia familia, pero eso no me afecta; al contrario, me enseña quiénes merecen estar conmigo cuando vuelva a nacer. Estoy dispuesta a hacer lo necesario para salir de esta oscuridad y dejar mi pasado junto al sueño que tenía con Arturo, quien ya se ha olvidado de mí y ha seguido su vida sin mirar atrás. Ya no queda nada que nos una, salvo esa casa sombría que he puesto en venta. No pienso volver. Como dice Gloria: “Lo mejor es dejar ir todo lo que te aferra al pasado”. Ese pasado que fue mi pesadilla y que hoy intento convertir en mi fortaleza. —¿Lista? —pregunta Gloria con la mirada llena de preocupación. —Sí, entremos —digo tomando aire frente a la clínica. Todo comienza en cuanto entramos. Me doy cuenta de que no soy la única, de que mis problemas no son tan graves como los de otros miembros de este grupo. Siento que sí podré salir de esto; la madre soltera con cuatro hijos que se sienta a mi lado me da esperanza. —¿Tienes hijos? —pregunta una rubia de ojos avellana que amamanta a su pequeña con ternura. —No, pero deseo tenerlos algún día. Quizás yo sea la del problema, como dijo mi expareja. Siento que necesito a alguien para lograrlo y que jamás podré hacerlo sola. —O quizás no —expresa ella con una sonrisa hacia su bebé, dejándome un sabor amargo que me cuesta digerir. —¿A qué te refieres? —respondo a la defensiva. Ella pone su mano sobre la mía con tal seguridad que presiento que lo que dirá será positivo. —Arya, ¿no es así? —asiento con una pequeña sonrisa—. Soy Estefany, un placer. Permíteme explicarte: no necesitas exactamente una pareja. Si deseas esperar a la persona especial, hazlo; si no, tú puedes sola. Sé que ahora te sientes obligada a aferrarte a alguien por esa idea absurda de que para ser madre hay que estar casada. Yo busqué la “familia feliz” por mucho tiempo y me cansé de perseguir algo que, para mí, no existe. Decidí cumplir mi sueño sin excusas. Busqué una clínica de fertilidad, me sometí a un tratamiento y así concebí a mi pequeña Ashley. Es mi milagro. Aunque al principio tuve dudas, no me arrepiento. Ahora soy feliz y vengo aquí a contar mi experiencia. La vida golpea duro, pero depende de nosotros si nos levantamos. Algún día verás tu pasado como una pesadilla que se quedó en el recuerdo. Sus palabras me entristecen al darme cuenta de que estuve buscando un sueño en el que luchaba sola. Me sometí a tanto por Arturo, cuando el deseo era más mío que de él. Aun así, siento que no estoy lista para intentarlo de nuevo… no por ahora. —¿Y bien? ¿Cómo te fue? —pregunta Gloria al salir. Su preocupación desaparece al verme sonreír. —Fue grandioso, gracias por traerme —le digo dándole un fuerte abrazo. —Oh, cariño, no sabes lo feliz que me hace ver esa sonrisa. Confía en mí, todo saldrá bien. Tres meses después Me he convertido en la “tía” de Ashley; esa bebé llena mi vida de esperanza. El apoyo del grupo, de Gloria y de Estefany me ha servido mucho. Hoy me encuentro corriendo para llegar a mi primera clase en el instituto. Después de tanto tiempo, he decidido volver. El primer paso es hacer lo que amo: diseñar. Dejar mi carrera fue un error que cometí por priorizar una familia que nunca llegó. Ahora no tengo prisa, solo quiero llegar a clase. La luz cambia a verde y cruzo la calle corriendo, pero me detiene en seco un Ferrari n***o. El impacto de mi bolso contra el coche me hace reaccionar. —¡IMBÉCIL! ¿Acaso no ves que el semáforo está en verde? No logro ver al conductor. Golpeo el capó con agresividad; estoy furiosa por el raspón en mi rodilla y porque nadie se baja a darme la cara. Lo miro con fijeza y el motor ruge de forma grosera. Llegaré tarde, pero no le daré el paso. Me quedo frente al coche, desafiante, esperando a que se atreva a arrollarme. De pronto, cinco BMW negros aparecen rodeándonos. Dos hombres bajan de uno de ellos y golpean el vidrio del Ferrari. El conductor del deportivo hace rugir el motor nuevamente con insistencia, obligándome a quitarme antes de arrancar a toda velocidad, seguido por sus escoltas. Me hago a un lado, indignada. Mi enojo aumenta al ver la hora en mi reloj. Un año después —¡Felicidades, Arya! Lo lograste, amiga. Por fin terminaste la carrera. ¿Ahora qué piensas hacer? La pregunta de Gloria ha rondado mi mente por meses. Es un gran paso y conlleva una gran decisión: quiero recuperar la empresa de mi familia. Sé que será duro empezar de cero, pero tengo fe. —Voy a recuperar la empresa y a crear mi propio imperio en ella. —¡Qué maravillosa noticia! Hay que celebrarlo. —Eso significa que te seguiré molestando un poco más en casa. He invertido el dinero del divorcio y la venta de la casa en la remodelación del edificio, ya que Arturo lo dejó en la quiebra y abandonado. Los gastos legales han sido altos. Te prometo que te recompensaré por ser una carga este tiempo. —No seas tonta, amiga. Soy feliz teniéndote aquí. Te has propuesto recuperar tu vida y me siento dichosa de ser parte de tu progreso. —Gracias, Gloria. Nada de esto sería posible sin ti. —Y sin tu fuerza de voluntad. Tranquila, vendrán tiempos mejores. Yo invito la cena. Otro año después Tiempos mejores… Desde esa noche no hay día en que no me aferre a esa posibilidad, especialmente ahora que mi deseo de ser madre crece. He investigado y los tratamientos son costosos, lo que me motiva a trabajar más. Con la inauguración de “Arya Confecciones”, mi mundo ha dado un giro. —¡Arya! ¡Es una noticia increíble! ¿Recuerdas el vestido que compraron de forma anónima? ¡Lo usó la sobrina del príncipe Samir en una gala! Están hablando de ti en la revista Lanx. ¡Eres famosa! La alegría de Gloria me contagia. Después de tantas bajas, aparecemos en la revista de moda más leída. Mi socia y mejor amiga corre por la oficina con el artículo en la mano. —¿Escuchaste? La princesa calificó tu diseño como único y glamuroso. ¿Sabes lo que significa? —¿Qué le gustó el diseño? —¡Significa que se nos abrirán las puertas del mundo! Estaremos en la lista de las celebridades. Tu sueño se está haciendo realidad. No puedo dejar de sonreír. En menos de cinco meses, las solicitudes de celebridades no paraban de llegar. Confeccionaba diseños exclusivos día y noche. Pronto estaba en la gala de Nueva York y en eventos en París. Al añadir una línea para caballeros, los ingresos se dispararon. Un hombre misterioso contactó a Gloria; me tiene diseñando ropa exclusiva para él y su pago por adelantado es una locura. Lo logré. Tengo un departamento enorme y coche propio. Los frutos llegaron para todo el equipo. Ahora, estoy en la clínica de fertilidad, apretando la mano de Gloria. Ambas estamos nerviosas. —¿Quieres un jugo? ¿Tequila? —la miro y ella sonríe. —Lo siento, estoy nerviosa. He esperado tanto este momento que ya me imagino a una “mini Arya” corriendo por la empresa. —¿Vas a llorar? —Lloraré. Esta espera me angustia, iré por café. ¿Segura que no quieres nada? —Un jugo, por favor. Me quedo sola en la sala. Hay muchos pacientes, lo que me confirma que es el lugar indicado; es una clínica prestigiosa y costosa. Noto que en el pasillo de la izquierda hay un revuelo inusual. Las enfermeras corren y hay mucha seguridad, como si atendieran a un m*****o de la realeza. —¡Ah! —se queja una enfermera, dejando caer unos documentos al suelo. Me levanto de prisa para ayudarla. Se nota que está bajo mucha presión. —Gracias… —dice revisando sus muestras—. ¡Demonios! Tenía un número, ¿dónde está? Me matarán si no lo encuentro. —Tranquila, aquí está —le digo, entregándole el papel que se había enganchado en su codo. —Nuevamente gracias, me has salvado. Vuelvo a mi asiento justo cuando Gloria regresa. —Incluso la cafetería está llena. ¿No piensan llamarte nunca? —¡SEÑORITA ARYA MONTENEGRO! —Me llaman. ¿Estarás bien? —Sí, ve. ¡Suerte, amiga!
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