Capitulo 3.El cruce del destino.

1709 Palabras
Capítulo 3. El cruce del destino. POV Arya Montenegro El eco de mis pasos sobre el pulcro suelo de la clínica parece marcar el ritmo de mi corazón. Cuando la enfermera pronuncia mi nombre, siento un vuelco en el estómago. Es una mezcla de pánico y una esperanza tan voraz que me quita el aliento. —¿Arya? —pregunta la joven. Asiento en silencio, incapaz de articular palabra. —Por aquí, por favor. Caminamos por un pasillo iluminado por luces blancas y frías. El ajetreo es evidente. Una segunda enfermera intercepta a mi guía, hablando con un susurro apresurado que denota ansiedad. —Es el peor día de mi vida —se queja la mujer, ajustándose el uniforme—. Justamente hoy tenían que traer a la esposa del príncipe; entre la seguridad y el protocolo, todo esto es un caos absoluto. —Tómalo con calma —le responde mi guía con una sonrisa compasiva—. En cuanto se retiren, todo volverá a la normalidad. —Eso espero. Deséame suerte. La chica abre una puerta para mí, ignorando el drama real que parece suceder en el ala privada de la clínica. —Adelante, Arya. Estás en buenas manos. Al entrar, el aroma a antiséptico me invade. Me reciben la doctora Daniela Palma y su asistente. La doctora me observa con una mirada que mezcla profesionalismo y una calidez casi maternal. Ha leído mi expediente; sabe de mis intentos fallidos, de mi matrimonio roto y de la soledad que me trajo hasta aquí. —Arya, ¿estás lista? —pregunta mientras revisa unos papeles. —Sí —respondo, y mi voz suena más firme de lo que esperaba—. Un poco nerviosa, pero estoy lista. —Es normal, cariño. Laura te acompañará para que te cambies. Minutos después, me encuentro en una camilla. El frío del metal atraviesa la bata de papel. Laura y la doctora me ayudan a acomodarme, dándome instrucciones que escucho como si estuvieran bajo el agua. Mi mente divaga; trato de procesar que este es el momento. La doctora me explica que, aunque no hay garantías del 100%, mis probabilidades son muy altas gracias a la preparación previa. El procedimiento inicia. Siento un pinchazo de dolor, una molestia que se queda pequeña comparada con la ansiedad que me oprime el pecho. Cierro los ojos con fuerza. Por favor, que funcione, ruego en silencio. Esta es mi única oportunidad; me tomó meses de privaciones y trabajo duro reunir el dinero para estar aquí. No puedo permitirme fallar. —Listo, hermosa —anuncia la doctora Palma con un tono triunfal—. Ahora, solo debes quedarte así unos minutos. Debes esperar quince días para la primera prueba de confirmación, y veinte para estar totalmente seguras. Feliz día. Cuando se retiran, me quedo a solas con mis pensamientos. El proceso es extrañamente aséptico: no sabré quién es el donante y él jamás sabrá de mí. Es un contrato de sombras. A partir de hoy, no habrá vínculo que me una a nadie más que a mi futuro bebé. Al salir, Gloria me espera como si ella misma fuera la que acaba de salir de cirugía. —¿Y bien? —pregunta, saltando sobre sus pies. —Ya está. Ahora solo resta esperar. —¡Excelente! Pronto voy a ser tía. Esto hay que celebrarlo: tú con jugo y yo con un tequila doble. —Gloria, son las once de la mañana —le reprocho, aunque no puedo evitar sonreír ante su locura. —Que sean dos tequilas, entonces. Necesito algo fuerte para calmar los nervios. ¡Vámonos de aquí! Mientras caminamos hacia la salida, el despliegue de seguridad es impresionante. Veo a una chica joven y hermosa subir a un coche blindado, rodeada de hombres con trajes oscuros que la custodian como si fuera una reliquia. Es un mundo ajeno al mío, un mundo de poder que no alcanzo a comprender. Sin embargo, al salir a la calle, el sol brilla con una intensidad que me parece una señal. Mi corazón late con una fuerza renovada. Voy a ser mamá. Lo siento en mis huesos, una certeza instintiva que me llena de una paz desconocida. No veo la hora de tener ese resultado positivo en mis manos. POV Erick Sabag Fajardo El silencio de mi mansión es interrumpido por el paso firme de Safah, mi mano derecha. —Vamos, amigo, es el momento —dice él con una chispa de triunfo en los ojos—. Ya han dado aviso de que vienen hacia acá. —¿Entonces ya ha funcionado? —pregunto mientras hago el esfuerzo de subirme a mi silla de ruedas. —No lo sabremos con certeza hasta dentro de unos días, pero el procedimiento médico fue un éxito rotundo. Asiento, apretando los puños sobre los reposabrazos. —Solo espero que todo salga según lo planeado. Le voy a demostrar a ese déspota de mi padre quién manda realmente. No voy a permitir que me someta a sus caprichos nunca más. Safah me observa con una mezcla de lealtad y duda. —¿Aún sigues pensando que es la mejor idea, Erick? —¿Acaso tengo otra opción? Para ellos, ahora soy un hombre “incompleto”. Intentar obligarme a casar no es una opción; no quiero a ninguna mujer en mi vida, no después de lo que pasé. ¿Quieren un nieto? Se lo daré. Pero bajo mis propias reglas. Me levanto de la silla de ruedas, sintiendo la fuerza en mis piernas. He fingido estar lisiado durante dos años, usando la lástima como un escudo contra la ambición de mi padre, el príncipe de Arabia. Él es un hombre cuya codicia no conoce límites y que siente una profunda vergüenza de mí por haberme enamorado de una americana. Para él, fui un error; para mí, ella fue mi destrucción. Hoy se cumplen dos años y medio del accidente que me cambió la vida. Me enamoré de Aneta González cuando apenas tenía veinte años. Mi padre me envió a Nueva York para estudiar y manejar sus empresas, pero yo tenía mis propios planes. Mientras estudiaba, fundé mi propio imperio en secreto, lejos de sus normas religiosas y sus compromisos matrimoniales arreglados. Fui un estúpido. La traté como a una reina, puse el mundo a sus pies y me enfrenté a mi linaje por ella. ¿Y qué obtuve a cambio? El día de mi cumpleaños número veinticinco, la encontré en nuestro departamento con otro hombre. Su traición me volvió loco. La seguí por la carretera, fuera de mí, ignorando a mis hombres que intentaban detenerme. Recuerdo a una mujer atravesándose en mi camino, golpeando mi auto, tratando de frenar mi locura. Su mirada me paralizó por un segundo, pero la ira fue más fuerte. Seguí adelante hasta que el destino me cobró la factura: un camión de carga, el estruendo del metal retorciéndose y una barra de acero atravesando mi cuerpo en el lugar más sensible. En ese momento perdí mi hombría y mi dignidad. Tuve que congelar mi esperma, mi última esperanza de ser padre, antes de someterme a las cirugías. Me encerré en esta mansión, fingiendo una parálisis que ya no existe, pero el juego se acabó. Camino hacia el salón principal, donde mi familia me espera. Mi madre y mi abuela palidecen al verme de pie. —¿Erick? —exclama mi madre, llevándose las manos a la boca. —Hijo… estás caminando —susurra mi abuela. —He vuelto —digo con una voz que corta el aire como un cuchillo—. Y quiero presentarles a Marisol Guevara, la futura madre de mi hijo. El silencio que sigue es sepulcral, hasta que mi padre aparece, escoltado por sus hombres. —¿Qué barbaridad estás diciendo? —ruge, su rostro enrojecido por la furia. —Lo que has escuchado —respondo, sosteniéndole la mirada—. Sé que te molesta que no siga tus reglas. Me viste en una cama y solo pudiste sentir vergüenza. Quieres casarme con quien te plazca, pero no habrá boda. ¿Querías un nieto? Pues ya está hecho. Acaban de inseminar mi única muestra. Felicidades, van a ser abuelos. —¡Erick, por Allah! —grita mi abuela—. ¡Es una americana! —Mi madre también lo es —le recuerdo con frialdad. —¡Tu madre sigue nuestras normas! —replica mi padre—. Esa mujer no es digna de nuestro apellido. —No te preocupes —sentencio—. No tendrás que lidiar con ella. Tenemos un acuerdo legal firmado: en cuanto nazca el bebé, ella recibirá su pago, me entregará al niño y se marchará para siempre. No voy a tener esposa, padre. ¿Querías un heredero para devolverme lo que es mío por derecho? Aquí lo tienes. Quiero mis empresas de vuelta. Ahora mismo. El caos estalla en la sala, pero yo ya no escucho sus lamentos sobre el amor y las costumbres. El amor murió para mí en aquel accidente. Solo me importa mi linaje y el poder que este bebé me devolverá. Cinco meses después El ambiente en la mansión es tenso. El doctor ha venido para realizar una ecografía de control a Marisol. Ella se ve incómoda, cansada; no ha tenido un embarazo fácil. Me mantengo a una distancia prudente; este es un negocio, no un romance. —¿Y bien, doctor? —pregunto, cruzando los brazos—. ¿Cuál es el sexo? —Es un varón, mi señor —anuncia el médico con una reverencia—. Allah ha bendecido su hogar. Un calor repentino me recorre el pecho. Un varón. Un heredero. Es como si la vida me estuviera dando una segunda oportunidad para ganar esta guerra contra mi padre. —Safah, esparce la noticia —ordeno, y por primera vez en años, una sonrisa de triunfo real asoma a mis labios—. Que todos sepan que tendré un hijo. Llama a la diseñadora que mencionaste; quiero que todo sea perfecto. Mi primogénito llegará pronto y con él, mi imperio será invencible. Me siento en la cima del mundo. Mi padre tendrá que doblar las rodillas. Le demostraré que, incluso roto, sigo siendo el dueño de mi destino.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR