El Juicio del Halcón

1574 Palabras

La madrugada había engullido. Las Azucenas en un silencio espeso, un manto oscuro que ocultaba las postrimerías de la celebración. Aunque la fiesta aún vibraba en las paredes de Las Diosas, un eco distante de risas y música, el rancho Moretti estaba en calma. En el asiento del copiloto de la camioneta blindada, Salamandra dormía profundamente, la cabeza recostada contra la ventana, sus labios entreabiertos por el cansancio y el suave embriaguez. Su vestido de seda ya lucía arrugado, y sus mejillas, antes sonrosadas por el baile, ardían de un rubor cálido y embriagado. Giovanni sonrió con una ternura inusual en su rostro, una expresión que rara vez permitía asomarse. Su plan había funcionado a la perfección. Quería que ella durmiera profundamente, sin sobresaltos. Quería que no escuchara

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