Capítulo 4

5000 Palabras
Irritada, me giré hacia donde había oído la voz de mi hermano. Sin embargo, antes de tener la placentera oportunidad de oír a mi hermano sermonéandome como solía hacerlo y sabiendo de antemano todo lo que iba a decirme, porque lo conocía demasiado bien, la chica a la que anteriormente Alex le estaba succionando hasta el alma, aparece delante de él y se da la vuelta para mirarme de mala manera de arriba a abajo y coge a mi hermano del brazo para arrastrarlo hacia cualquier otro lado lejos de mi vista. ¿Y esta quién diablos se creía que era? Pensé. Más tarde, caí en cuenta que la había visto antes y era aquella chica que iba acompañada de otra en el elevador cuando ingresé a la residencia. Iba a hacer lo posible para molestarla con mi hermano para luego hacerle saber que soy su hermana menor pero no esta noche, quería librarme de mi hermano y aunque no me gustó la forma en que me vio antes, decidí convencerme de que aquella chica me había sacado a Alexander de encima. Suspiré para girarme a la barra y Keyla levantó su mano al chico que estaba haciendo tragos, era una mesa improvisada llena de botellas de diferentes tamaños, colores y etiquetas. Aquel chico se acercó a nosotras y antes de que pudiera decirle algo, Keyla se me adelantó. ― ¿Podrías darnos una ronda de shots?― elevó su voz por lo alta que se encontraba la música. ― ¿Shots?― pregunté descolocada y con el ceño fruncido. ¿Acaso había oído bien? ― Sí― asintió con una sonrisa mientras esperábamos que aquel chico nos entregara lo que sea que Keyla pidió por ambas―. Vamos a beber algo juntas y luego nos vamos. Legué a sentir temor. ― Nunca he tomado ni una sola gota de alcohol― confesé. Keyla abrió su boca con asombro. Mi acompañante se acercó para decirle algo al oído y él la observó con desconfianza, sin embargo, Keyla sacó un billete para pasárselo y no se negó, le entregó una botella cristalina de tequila y luego me echó un vistazo para pasarme sal y limón. Luego le entregó unos seis diminutos vasos de vidrio y salimos de la fila que se había hecho detrás de nosotras. Solté una risa echándole un vistazo a los vasos, Keyla me observó con las cejas alzadas. ― ¿De qué te ríes?― preguntó. ― Son vasos pequeños― dije mirándolos una vez más sin dejar de sonreír―. Por un momento llegué a sentir miedo pero con esos vasos diminutos, ¿qué es lo peor que pueda suceder? Keyla se echó a reír y no dijo nada hasta que encontramos un lugar para apoyar las cosas, puso los vasos en fila y los llenó de aquel líquido transparente que a simple vista parecía agua, me crucé de brazos mientras miraba todo lo que Keyla hacía. Cortó el limón en rodajas y luego se echó un poco de sal en la mano izquierda para coger una rodaja de limón. ― Jamás subestimes al alcohol, cariño― dijo―. Ahora observa y aprende. ― Empiezo a sentir miedo― ella soltó una risa que se perdió con la música alta. Luego pasó la lengua por donde había echado sal anteriormente y mordió la rodaja de limón para coger un pequeño vaso con tequila y tomárselo de un solo trago. Puso una mala cara y observé todo aquel proceso con temor, luego empezó a saltar y cogió el pequeño frasco de sal y un limón para pasármelo. ― Tengo miedo― expresé. ― Confía en mí― fue lo único que dijo mientras me ayudaba a echarme un poco de sal en mi mano izquierda―. Llegó tu turno. ― Mi hermano va a matarme― fue lo único que dije luego de pasar la lengua donde estaba la sal y mordía la rodaja de limón―. Que asco. ― ¡Rápido, bebe!― exclamó y cogí un vaso para beberlo de un solo trago. El líquido que parecía agua quemó mi garganta a su paso e incluso mi estómago, cerré los ojos con fuerza y entonces, sí, lo peor sucedió. Después de haber subestimado el poder del tequila puro y al cabo de unos cuantos vasos de tequila, me sentí mareada. No sólo me sentí mareada sino que también ¿poderosa? No sabía si era exactamente esa la palabra pero sentí que podía llevarme a todos los que estaban en aquella fiesta por encima, ya no me sentía cohibida, al contrario. ― ¡Vamos a bailar!― exclamé y por primera vez, sentí que estaba haciendo cosas de una adolescente normal. Quiero decir, no siempre un adolescente normal se emborrachaba, no, pero jamás había sentido aquella sensación extraña que me recorría de pies a cabeza. No había nadie controlando lo que hacía, tampoco quería pensar en mi hermano echándome el sermón de mi vida siempre que intentaba divertirme. Keyla estaba divirtiéndose junto a mí. Cogí su brazo y ella tomó la botella de tequila antes de mezclarnos entre la gente, me dejé llevar por la música en cuanto nos ubicamos en un lugar rodeada de estudiantes y liberé cualquier tensión dejándome llevar por la voz y el ritmo de aquella canción que había escuchado antes pero no lograba recordar su nombre de Nicki Minaj. Un brazo fuerte y musculoso rodeó mis hombros, giré mi cabeza hacia mi derecha para encontrar un rostro familiar con una enorme sonrisa justo a mi lado. Iba acompañado de un chico que no dudó ni un sólo segundo en acercarse a Keyla y se alejaron un poco con la excusa de bailar. ― ¡Viniste!― alzó la voz encima de la música con entusiasmo por verme allí―. Hace una hora estoy buscándote. ― Tuve que hacerlo si no quería que te aparecieras por la residencia para acosarme― respondí también obligada a aumentar mi voz porque no se escuchaba nada más que la música y gritos eufóricos a nuestro alrededor. La perfecta sonrisa de Dave se ensanchó al escucharme hablar. ― ¿Ya has visto a tu hermano?― interrogó. Asentí con la cabeza. ― Por desgracia― puse una mueca―. De hecho, estaba a punto de darme el sermón de mi vida pero una chica se lo llevó lejos de mi vista y espero no volver a verlo hasta mañana. Asintió repetidas veces y me fijé en cómo algunas personas se acercaban a él para saludarlo, incluso le convidaban de beber. Las ventajas de ser popular, supuse. ― Estás en la universidad, no debería decirte esto pero eres adulta y puedes tomar tus propias decisiones. Alex no debería influir en ellas, al contrario, debería darte apoyo― el amigo que estaba junto a Keyla, luego de saludarme, extendió dos latas de cerveza sin abrir en dirección a Dave. ― Sí, tienes razón― asentí y Dave levantó una lata a mi dirección. Permaneció con las cejas alzadas hasta que terminé aceptando. Movíamos nuestros cuerpos al ritmo de la música y abrí mi lata de cerveza para beber un sorbo de ella, recordé que mi abuelo, años atrás me había invitado un poco de cerveza cuando fuimos a almorzar junto a mi abuela y Alexander. Claro que mi abuela y Alex no habían estado para nada de acuerdo pero ignoré aquello y acepté la cerveza de mi abuelo, al principio no me gustó para nada, pero ahora que volví a tomar de ella, me recordaba un poco a aquella vez que mi abuelo me hizo probar de su cerveza y con los tragos de tequila que llevaba encima, no tenía tan mal gusto. Parecía agua o era mi imaginación. ― Dejemos de hablar de tu hermano y vamos a bailar― cogió mi mano para apartarme un poco de donde estábamos, me dejé guiar hacia un lugar en el que no había tanta gente y empezamos a bailar Promises de Calvin Harris y Sam Smith―. ¿Te estás divirtiendo esta noche? Asentí y él se acercó un poco más a mí, también estaba un poco pasado de copas al igual que yo y la gran mayoría de los que nos encontrábamos en la fiesta. ― Todavía no se como diablos haré para asistir a clases mañana pero supongo que valió la pena― las luces de colores parpadeantes a nuestro alrededor me hacían sentir todavía más mareada de lo que estaba. Hacía un calor sofocante allí adentro, así que me deshice de la chaqueta de cuero que estaba llevando para atarla en mi cintura y me bebí lo que quedaba en mi lata de cerveza. ― En serio me alegra que hayas decidido venir― confesó―. Estás hermosa, no había tenido la oportunidad de decírtelo. Le sonreí sin dejar de mirar sus llamativos ojos azules. ― Gracias, Dave― justo cuando iba a acortar la distancia que había entre nosotros, un estudiante completamente borracho y que parecía conocer a mi acompañante, se lo llevó a rastras lejos de mi vista sin que tuviera la oportunidad de decirme algo o incluso negarse. Pensé en seguir a Dave pero lo perdí de vista tan pronto como aquel sujeto se lo llevó junto a él. Solté un suspiro y observé a mi alrededor con la esperanza de encontrar a Keyla para decirle que nos marcháramos, incluso me di cuenta que tenía mis cosas, entre ellas, mi celular. Como pude, busqué la salida, recibí empujones, pisotones y hasta que algunos chicos ebrios intentaran sacarme a bailar. Me negué rotundamente y en una de esas oportunidades, alguien pasó por mi lado llevándome por delante y provocando que perdiera mi equilibrio, sin embargo, una mano fuerte se enrolló alrededor de mi brazo evitando mi caída y me atrajo hacia él. Tan pronto como alcé mi vista, me crucé con aquella mirada que tenía una combinación extraña de dos colores. Sus manos calientes estaban sobre mis brazos sujetándome con firmeza y descendí mi vista para ver con más claridad los tatuajes que llevaba en su cuello y se perdían debajo de su camisa negra. Ya no tenía encima aquel olor extraño o es que estaba en el ambiente y me había acostumbrado a él. ― Lo siento― me disculpé y toqué sus brazos por encima de la camisa con el pretexto de que así mantenía el equilibrio, sin embargo, no pude evitar sorprenderme aún cuando ya lo sabía porque se veía a simple vista que se la pasaba en el gimnasio. Sus brazos estaban duros y parecía que iban a explotar de lo firmes que eran, era puro músculo. Inclinó su cabeza y acercó su rostro al mío. Dejó de agarrar mi brazo izquierdo para coger mi mentón y obligarme a levantar un poco mi cabeza, estábamos tan cerca el uno del otro que llegué a sentirme extraña porque desde que había llegado no parecía estar muy feliz con mi presencia y ahora repentinamente lo tenía a escasos centímetros de mi cara. ― ¿Eres realmente torpe o estás borracha, corderito? Incliné mi cabeza y asentí sin dejar de reírme aunque no había mencionado nada gracioso. ― Estoy un poco borracha― asentí afirmando su pregunta y él blanqueó los ojos. ― Dame eso, Hannah― le oí decir y la chica rubia de puntas azules en su cabello se acercó a nosotros. Le arrebató una botella de plástico de agua y entonces me pregunté si era agua de verdad o era alcohol. ― ¡Hola, Hannah!― me liberé de su agarre y corrí a abrazarla como si fuéramos grandes amigas. Ella soltó una risa y también me abrazó. ― Hola, Cailin― me saludó sonriente y también me abrazó de vuelta―. Veo que has bebido un poco, ¿verdad? Asentí. ― Shots de tequila y cerveza― confesé y ella abrió su boca con sorpresa. ― Bebe un poco de agua y te sentirás mejor― insistió Hannah pero me negué rotundamente. ― ¿No nos van a presentar?― intervino la chica que había visto aquella misma mañana al lado de Leblanc. La chica es alta, tiene el cabello n***o que le llega debajo de los hombros, tiene ojos oscuros y está a un lado de Leblanc con sus ojos clavados sobre mí―. Soy Abby Stevens. Oh, así que ella era la compañera de Keyla que le dijo que se acostaba con el chico de tatuajes. No podía continuar sin saber su nombre. ― Soy Cailin― aclaré mi garganta―. Cailin Fost. ― Oh, veo que eres Fost― fue lo único que escuché salir de su boca y su mirada viajó desde donde estaba hacia donde se encontraba Leblanc. Hannah me rescató de aquella incómoda situación cuando volvió a acercarse para extender nuevamente la botella de agua que llevaba consigo misma. ― Bebe un poco― insistió. ― ¿Es agua?― pregunté con cierto disgusto. Negó su cabeza. ― No, es alcohol. Ahora bebe― ordenó. Me encogí de hombros y lo acepté. Bebí unos cuantos sorbos y realmente sentí que era agua. ― Tiene sabor a agua. ¿Me estás engañando, Hannah? Hannah soltó una risa y negó su cabeza. ― Eso es porque estás demasiado ebria― respondió y agregó por encima de la música―: Me agradas, Cailin. ― Tu también me agradas― eché un vistazo por encima de su hombro―. Aunque tu amigo no parece muy feliz con mi presencia. ― No le hagas caso. Al principio siempre se ve un ogro pero es todo una farsa, créeme― susurró y señaló la botella que estaba a la mitad―. Dejatela. Asentí y otra vez sentí que iba a morirme de calor. Parecía que me asfixiaría en cualquier momento, eché un vistazo a mi alrededor para intentar buscar a Keyla con la mirada pero no había rastro alguno de ella ni del amigo que acompañaba a Dave tiempo atrás, no logré ver a Dave ni mucho menos a mi hermano. ― Saldré a tomar aire― comenté y Hannah asintió. ― ¿Necesitas que te acompañe? Sacudí mi cabeza. ― No te preocupes, voy y regreso― antes de darle tiempo de responder o negarse a dejarme ir sola, decidí mezclarme una vez más entre la gente para buscar la salida y en cuanto encontré a una pareja que estaba saliendo, aproveché para salir junto a ellos. La brisa suave y fresca me dieron la bienvenida y acarició mi rostro tan pronto como puse mis pies afuera, acomodé mi cabello detrás de mis orejas porque el viento despeinaba lo despeinaba y cerré los ojos durante unos segundos. Sin embargo, al hacerlo, tuve que volver a abrirlos rápidamente porque el mareo empeoraba si lo hacía, a mi alrededor pude ver a chicos bebiendo, enrollándose e incluso vomitando, busqué el gigantesco árbol que estaba a unos metros para sentarme al final y tomar asiento para poder apoyar mi espalda. Supe que era tarde y que difícilmente iría a las primeras clases dentro de un par de horas. Ni siquiera tenía idea de la hora que era y me sentí algo preocupada, siempre he sido responsable, no era propio de mi salir, emborracharme e ir a clases con resaca. Esperaba que mi hermano no me viera en aquel estado porque se enfadaría demasiado. Maldita sea la hora en la que confié en la palabra de Keyla, pensé. Ni siquiera sabía cómo iba a volver a la residencia si Keyla no aparecía pronto. — Era ir y volver— una voz familiar me hizo sobresaltar. Ascendí mi vista para encontrarme con la extraña pero atractiva mirada de Leblanc, quien estaba mirándome desde arriba—. Veo que estás realmente ebria. — ¿Acaso debo creer que estás vigilándome? Él soltó una risa y echó un vistazo a nuestro alrededor para luego tomar asiento a mi lado. Ahora debo pensar que comienza a agradarle mi compañía, ¿o qué? — No. Para eso tienes al idiota de tu hermano— respondió y no lo retruqué porque estaba en lo cierto. Aún puedo escuchar la música dentro de aquel galpón que no tenía ventanas cerca, había algunas arriba casi en el techo y estaban cerradas. Era un verdadero infierno. — ¿Quiéres?— pregunté entregándole la botella. Negó la cabeza. — No— sentí su mirada sobre mí pero no me giré—. ¿En serio te creíste el cuento de que es alcohol? Me detuve a mirar la botella y luego me atreví a mirar sus ojos que brillaban con diversión. La luz blanquecina iluminaba su cara y sus ojos esta vez se veían celestes, me fijé en el piercing de la nariz y me moría por preguntarle si los tatuajes de su cuello habían sido dolorosos. — ¿Estás diciéndome que Hannah mintió? Se encogió de hombros. — Tuvo una buena razón— juntó sus labios en una sonrisa—. Debes tener cuidado, no deberías ir por la vida recibiendo bebidas de desconocidos, corderito. Alcé una ceja sin dejar de observar su perfil. — Es cierto, fui demasiado descuidada— enterré mi codo en su estómago para llamar su atención y sonreí—. ¿Estás preocupado por mí, Leblanc? Frunció el ceño. Me observó como si hubiera enloquecido y me reí de la cara que había puesto. — No, ya quisieras— soltó un bufido pero aquello no eliminó la sonrisa que llevaba en mi cara—. Eres demasiado ingenua y no todo el mundo es bueno, corderito. Deberías tener los ojos bien abiertos la próxima vez. — Vale, tienes razón— asentí de acuerdo a lo que mencionó antes. Estaba siendo muy confiada y todavía no llevaba una semana en la universidad, a la única persona que conocía a la perfección era a mi hermano—. ¿Puedo hacerte una pregunta? — Ya la hiciste. Rodé los ojos. — La haré de todas formas— me encogí de hombros—. ¿Por qué me llamas así? — ¿Corderito?— preguntó a lo que asentí—. Eres un cordero. La gente no es buena aquí...te ves indefensa, pura, ingenua y eres algo torpe. Eres un cordero en una manada de lobos. — ¿Y tú eres un lobo? — Depende— se encogió de hombros—. Supongo que eso tienes que descubrirlo tú. — Estoy fuera de mis cabales como para pensar con claridad lo que eso significa— fue lo único que respondí—. Debería volver a la residencia. Intenté colocarme de pie pero no logré hacerlo, tuve que agarrarme de la pierna de Leblanc y él me sujetó otra vez. Sentí como se tensaba bajo de mi agarre y su rostro estaba muy cerca del mío. — ¿Te sientes bien, corderito?— preguntó. Negué mi cabeza y rápidamente me solté de su agarre para ponerme de rodillas e impulsarme un poco hacia adelante. Un líquido amargo subió desde mi estómago hasta mi garganta para finalmente ser expulsado por mi boca. — Mierda, esto no puede ser verdad— sentí como unas manos amarraron mi cabello con suma delicadeza en una coleta y yo no dejaba de vomitar todo lo que había bebido—. ¿Quieres que llame a alguien? Puedo conseguir que Hannah llame a tu hermano. Le oí decir lo último de mala gana. Apreciaba su intento por buscar a mi hermano pero por ningún motivo podía enterarse. Limpié mi boca con el dorso de mi mano cuando creí que era suficiente y avergonzada, lo miré a la cara. Estaba mirándome con seriedad mientras continuaba sujetando mi cabello y nuevamente me pregunté en qué momento habíamos pasado a esto, supuse que no era tan desagradable después de todo. — No— negué mi cabeza y él soltó mi cabello en cuanto se dio cuenta que ya no iba a volver a vomitar—. A mi hermano no, va a matarme si me ve en este estado. — Bueno, yo también lo haría— asintió—. ¿Con quién viniste? — Vine con Keyla, mi compañera de habitación, pero ni siquiera sé donde está y tiene todas mis cosas— rodé los ojos—. Para empezar, no debería estar aquí. Se suponía que íbamos a quedarnos un rato y luego nos marcharíamos. — No luces como alguien que asiste a fiestas diariamente— confesó—. Supongo que estaba equivocado. — No lo hacía, hasta hoy— me encogí de hombros y repentinamente comencé a temblar de frío. Él pareció notarlo y sin previo aviso, desató mi chaqueta que estaba anudada alrededor de mi cintura para ayudarme a colocarla. Por alguna razón aquello me conmovió y sacudió un poco mi corazón. — Gracias— él asintió—. Supongo que no eres tan idiota como creía. — Que te haya ayudado esta noche no quiere decir que seamos amigos, corderito— se atajó y rodé los ojos—. Por cierto, me gusta tu estilo. Te ves bien esta noche. ¿Sólo bien? Sonreí agradecida, segundos después sentí el calor acumularse en mis mejillas y él sonrió. ¿Acaso él también estaba ebrio y por eso estaba siendo bueno conmigo? — Gracias— quise decirle que él también se veía muy bien pero se colocó de pie y extendió sus manos a mi dirección para ayudarme a ponerme de pie—. ¿Cuál es tu nombre? — ¿Por qué?— alzó una ceja. Sus manos sostienen con firmeza las mías cuando me pongo de pie, están frías y son grandes a comparación de las mías, descendí mi vista para admirar los tatuajes que tenía en ellas pero no quise incomodarlo por lo que regresé mis ojos a los de él—. ¿Desperté interés en ti, corderito? Sí, lo había hecho. Estaba más interesada que antes de aquella noche y no sólo interesada sino que emanaba un magnetismo único y despertaba mi parte más curiosa. Él era enigmático y aunque luchaba por mantenerme alejada de alguien como Leblanc, por mi propio bien, no podía hacerlo porque cuando estaba convencida de que no era más que un idiota, hacía cosas como esas de intentar “cuidarme” por el simple hecho de estar ebria, aún siendo consciente de las pocas cosas que ya sabía sobre él. — Una pregunta no se responde con otra. Asintió de acuerdo a mi respuesta y comenzó a caminar, lo seguí para caminar de vuelta a su lado. Todavía me costaba poder caminar con normalidad y él se percató enseguida, así que se detuvo a esperarme. — Sujétate de mi brazo— me tendió su brazo—. Te acompañaré hasta la residencia. — ¿Tú?— pregunté risueña a la vez que entrelazaba mi brazo con el suyo y comenzábamos a caminar—. ¿El chico malo se ha ofrecido a acompañarme para que llegue sana y salvo a la residencia? Me empujó un poco y de no haber sido porque él me sujetaba con firmeza, podría haber caído al suelo porque casi perdí el equilibrio. — ¿Estás burlándote de mí, Fost?— cuestionó y apoyé mi cabeza en su brazo, sentía mis pies adoloridos y mi cuerpo cansado. Levanté mi vista para mirarlo—. Pareces un gato callejero desesperado por cariño. Lo miré mal mientras me alejaba. — ¡Oye! Soltó una risa y disfruté viéndolo reír. Siempre llevaba esa cara de culo que espantaba hasta a los directivos de la universidad por eso me quedé admirando su sonrisa porque ya inexpresivo era atractivo y cuando sonreía...madre mía, era todavía más hermoso. ¿Pero qué diablos estaba pensando? — ¿A quién no le gustan los gatos callejeros? — Eres un idiota— dije con el ceño fruncido—. ¿Vamos a ir caminando? Asintió a lo que abrí mi boca asombrada y dispuesta a quejarme porque quedaba algo lejos y no tenía ganas de caminar, si caminaba iba a tener que cargarme. Sin embargo, luego la risotada proveniente de su garganta, lo delató de inmediato. Rodé los ojos y me crucé de brazos como una niña pequeña. ― Voy a llevarte― asentí de acuerdo―. ¿Me esperas aquí? Asentí. ― No pienso volver a entrar a ese lugar― puse una mala cara y después extrajo unas llaves de su bolsillo para señalar un coche blanco que reconocí casi al instante gracias a mi hermano y a mi abuelo. Un Tesia Model S estaba aparcado del otro lado de la acera y resaltaba entre los demás modelos y coches oscuros―. Sube. Así no pasas demasiado frío, voy al baño, buscaré a Hannah y regreso. Asentí y luego de sacarle el seguro al coche para que pudiera subirme. Crucé la acera para adentrarme a él y esperar a Leblanc, suspiré una vez me senté en el asiento copiloto y cerré la puerta. Aquel característico olor a pino en el interior del coche provocó que me relajara automáticamente, encendí la radio y no pude evitar pasar por alto un brazalete de plata que colgaba del espejo retrovisor, tenía pájaros en él y me pregunté quién era la dueña de dicha pulsera. Mientras esperaba, habrán pasado unos quince minutos que marcaba en el reloj del gps del coche, estaba dispuesta a bajarme porque si, era demasiado ansiosa pero me detuve cuando deslicé el taco de mi bota derecha, pisé algo duro que llamó mi atención y me agaché pensando que se trataba de alguna piedra que se había quedado allí y no me había dado cuenta. Sin embargo, cuando logré alcanzarlo entre mis dedos, levanté el objeto para ver de qué se trataba. Tragué saliva y fruncí el ceño. ¿Una bala?¿Era posible? De repente, sentí que se abrió la puerta trasera y no tuve mejor idea que guardarla en el bolsillo de mi chaqueta. Luego se abrió la puerta del conductor y miré al frente intentando ocultar cualquier cosa que delatara lo nerviosa que me encontraba o incluso cualquier actitud que pudiera levantar sospechas. Si había una bala, había muchas más e incluso un arma de fuego en el poder de Leblanc. Entonces realmente era peligroso como todos decían. ― Hola, otra vez― Hannah se asomó entre el asiento de Leblanc y el mío. Miré por encima de mi hombro y encontré a Hannah con una sonrisa―. ¿Estás bien? ― Sí― asentí y fruncí el ceño, preocupada―. ¿Por qué? Leblanc encendió el coche para salir de aquel lugar. ― Preguntaba porque antes estabas realmente ebria― se rió y yo también me reí pero me sentí verdaderamente nerviosa―. Creíste que la botella tenía alcohol. Tienes que cuidarte de quien recibes cosas la próxima vez, esta vez tuviste suerte. ― También le advertí lo mismo― intervino Leblanc con la vista al frente y su voz me puso los pelos de punta. Antes no le tenía miedo pero aquello había cambiado, incluso ya no me sentía tan ebria como antes, quería llegar a la residencia rápido―. Ya somos dos que te advertimos sobre lo mismo. ¿Acaso no te lo enseñaron antes, corderito? Hannah golpeó el hombro de Leblanc y éste me sonrió, divertido. ― Deja de molestarla y mantén tu vista al frente, Dom. Hannah se bajó unas cuantas cuadras después y en cuanto abandonó el coche, sentí más temor que antes y mi corazón latió con fuerza cuando detuvo el coche pero no apagó el motor. Me sobresalté cuando su brazo pasó por delante de mí y en unos segundos su rostro estaba muy cerca del mío. ― ¿Qué haces?― le pregunté con la mano en la puerta del coche y sentí una presión en mi pecho mientras se alejaba de mí. Y luego oí un “clic”, tragué saliva cuando me di cuenta que se trataba del cinturón de seguridad. ― Pueden multarme por tu culpa o puedes morir… ― ¿Qué?― parpadeé sin dejar de mirarlo a la vez que encendía el motor del coche. Alzó una ceja, mirándome. ― Puedes morir por ir sin el cinturón de seguridad, corderito― frunció el ceño con sus manos en el volante―. ¿Te encuentras bien? Cogí aire y asentí. Estaba siendo demasiado paranoica, aparté mi vista de la suya que estaba intentando analizarme y miré al frente. ― Sí, estoy algo borracha y cansada― me encogí de hombros. El trayecto hasta la universidad transcurrió en silencio. Él pareció no tragarse mi respuesta del todo pero yo lo único que quería era llegar a la residencia para darle un final a aquel día que se me había hecho demasiado largo. Estacionó el coche afuera de la universidad y desabroché el cinturón de seguridad para poder bajarme del coche. Oí como suspiraba y me atreví a mirarlo, sabiendo que nos veríamos muy seguido y no iba a poder evitarlo como me gustaría. ― Gracias. ― ¿Debo advertirte de nuevo?― fruncí el ceño confundida y él continuó―: Esta noche tuviste mucha suerte en haberte cruzado con nosotros. Pero, la próxima vez, además de aceptar bebidas de desconocidos, intenta no irte con desconocidos, corderito. Sí, había sido una imbécil por haber aceptado todo aquello. Lo acepté. ― Tienes razón. Fui una idiota― no me atreví a decirle que había encontrado aquella bala dorada en su vehículo, así que aguardé silencio y fingí una sonrisa―. Gracias. Buenas noches. Abrí la puerta rápidamente y antes de poder salir, me detuvo. ― Nos vemos en clase― me guiñó un ojo y salí del vehículo para cerrar la puerta. Bajó la ventanilla del coche y antes de despedirse, agregó―: Mi nombre es Dominique. Buenas noches, corderito.
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