Cigarettes After s*x sonaba a través de los audífonos conectados a mi celular cuando empujé la puerta del edificio de la residencia para poder salir, solté un bostezo mientras obligaba a mis pies a moverse. Keyla ni siquiera se inmutó que salí de la habitación porque la noche anterior había cogido temperatura, tuve que lidiar con la fiebre que no nos dejó dormir a ninguna de las dos y por esa razón es que me encontraba tan cansada. Normalmente sé dormir bastante bien, no tengo insomnio y rara vez lo he tenido por lo que me sentía más cansada de lo habitual porque no estaba acostumbrada.
Keyla me había contado acerca de las fiestas de la fraternidad y que solían hacer al menos unas tres veces al mes, también eran organizadas cuando jugaba el equipo de fútbol americano de la universidad para festejar los partidos. Mi hermano también sabía hablarme a veces de las fiestas así que no me sorprendía. Así que mi compañera de habitación en cuanto le conté lo que mi hermano me había mencionado sobre las fiestas, me dijo que se moría por asistir a una y que iríamos juntas. Claro que no me entusiasmaba la idea pero acabé diciéndole que sí porque me gustaría conocer el ambiente, aunque ya lo imaginaba.
Eché un vistazo al horario en la pantalla de mi móvil y se me escapó una sonrisa al ver el fondo de desbloqueo de mis abuelos, Alexander y yo en mi entrega de diplomas. Me dije a mí misma que luego los llamaría aunque hicimos videollamada la noche anterior junto a Alex, empezaba a extrañar los desayunos de mi abuelo y las exquisitas pastas caseras de mi abuela de los días lunes, no dejé que la nostalgia pudiera conmigo tan temprano e ingresé a la universidad luego de ver que todavía faltaban unos veinte minutos para entrar a la primera clase del día.
Me dirigí a la máquina expendedora casi al final del pasillo y me percaté que habían unos cuantos estudiantes deambulando como yo por el pasillo, casi me reí porque caminaban como zombies. Esperé a que estuviera listo mi café y me dije que necesitaba un poco de cafeína y azúcar en mi organismo para comenzar el día porque me encontraba realmente agotada, no hacía más que pensar en terminar el día y acostarme a dormir.
Mientras bebía mi café, decidí enviarle un mensaje a Keyla preguntándole cómo se encontraba aunque seguro continuaba dormida. Desconecté mis audífonos para guardarlos en mi bolso y mientras estaba apoyada cerca de una ventana observando el cielo anaranjado y a unos pocos metros del lado de afuera centré mi vista en aquel chico misterioso que se burló de mí en la biblioteca. Me pregunté cómo hacía para verse tan bien a esas horas de la mañana, su cabello castaño oscuro caía de forma despreocupada sobre su frente, sus labios sonreían echando a la basura aquella apariencia intimidante y hablaba animadamente con una chica que iba a su lado, se detuvieron en las escalinatas de la entrada y me fue imposible apartar mi vista de él.
Llevaba puesta una camiseta de mangas cortas negra que se ajustaba perfectamente a su torso, incluso parecía que podía llegar a romperse, con cada movimiento sus músculos se flexionaban y la camiseta de algodón se estiraba un poco más. Tenía puesto un vaquero que en cuanto se giró para saludar a un chico que entró segundos más tarde, me di cuenta que usaba su vaquero debajo de su trasero porque pude apreciar por unos segundos la marca de ropa interior que estaba usando; Calvin Klein. Con detenimiento, repasé una vez más los dibujos dispersados desde su cuello y que aparecían nuevamente en sus brazos llevándome la sorpresa de ver incluso tatuajes en sus dedos.
¿Quién podía tatuarse tanto?
Me obligué a girarme para apoyarme sobre la ventana en cuanto él empezó a caminar acompañado de aquella chica que no recordaba haber visto antes. Escuché la puerta abrirse y ambos entraron, ella se detuvo para saludarlo cuando una chica se acercó a ella y él se dio la vuelta para decirle algo pero entonces nuestras miradas se encontraron y tras una cínica sonrisa acompañada de un asentimiento de cabeza hacia mi dirección, se dio la vuelta para seguir su camino.
Es demasiado temprano para lidiar con aquel idiota, pensé.
Eché un vistazo a la hora en mi celular y quedaban solo cinco minutos para que la clase comenzara, así que empecé a caminar con un poco más de energía que cuando ingresé. Tuve que subir unos pisos y cuando llegué me sentí algo agotada, iba a tener que comenzar a salir a trotar por la mañana o en la noche porque mi estado físico era pésimo. Saludé a algunos chicos que entraron junto conmigo a algunas clases del día anterior y tomé asiento no en la primera fila sino unos cuantos asientos más atrás. Dejé mi café a un lado y me fijé como la clase de a poco comenzaba a llenarse.
Mientras esperaba a que la profesora llegara y se ubicaran mis compañeros, me dediqué a revisar mis r************* de forma desinteresada mientras bebía mi café que todavía continuaba caliente. De a ratos tenía que acomodarme porque mis ojos se cerraban por sí solos a causa del cansancio, sentí rabia hacia Keyla por un momento aunque no era su culpa. La profesora de neurociencia ingresó segundos más tarde cargando una taza de café roja en su mano izquierda y en la otra su maletín, llevaba su cabello marrón suelto y rizado, nos saludó mientras acomodaba sus cosas para luego encender el proyector y conectar un pendrive en él. Se presentó, su nombre es Lauren y comenzó a hablarnos sobre lo que se trataría la asignatura, nos comentó que la tendremos el año siguiente en otra asignatura y empecé a apuntar en mi hoja las fechas de exámenes que colocó en la pizarra a un costado.
Por suerte, era algo que Alex también había visto en su carrera así que si llegaba a tener alguna duda podría preguntarle a él. Alex estaba estudiando medicina y se encontraba en su penúltimo año.
Algo o mejor dicho alguien, irrumpió la clase abriendo la puerta abruptamente, las cabezas de mis compañeros y el hecho de estar encorvada me impedían ver de quién se trataba. Seguí escribiendo lo que estaba en el Power Point sobre la materia y después alcé la cabeza un poco para visualizar a aquel sujeto tatuado otra vez.
¿Me lo iba a encontrar hasta en la sopa de ahora en adelante? Pensé.
― Buenos días, señor Leblanc. Entiendo que ya nos conocemos y que se haya ahorrado escuchar mi aburrida presentación pero procure comenzar a llegar más temprano porque tomaré asistencia apenas entre al salón― él simplemente asiente―. Y esto va para todos.
Sus ojos examinaron el salón lentamente mientras subía las escalinatas y a medida que se iba acercando, sus ojos se encontraron con los míos por segunda vez en el día. Recobré la compostura y me enderecé para caer en cuenta que el asiento que estaba a mi lado está vacío.
Maravilloso. Buenos días para mí, pensé.
Tragué saliva, nerviosa. La profesora continuó con su clase y fingí prestarle atención aunque mi mente no estaba precisamente en la clase, sentí como acortó la distancia para tomar asiento a mi lado, su codo rozó mi brazo y pude oler un aroma extraño penetrar mis fosas nasales. Un chico que estaba adelante se giró un par de veces porque seguro también sintió aquel olor…jamás lo había sentido.
― Buenos días, princesa― susurró a mi lado y no me moví un centímetro. Fingí estar concentrada en lo que decía la profesora pero él insistió―: ¿Me prestas una hoja, princesa?
Rodé los ojos, fastidiada, claro que lo estaba haciendo a propósito. En silencio, arranqué una hoja cuadriculada del bloc y la deslicé por la mesa.
― Gracias, princesa― dijo burlándose de mí una vez más. Rodé los ojos y no dejé que el enojo me consumiera y luego decidí continuar escribiendo lo que decía la profesora.
No aparté la vista de enfrente en ningún momento, podía sentir como cambiaba de posición constantemente y a veces incluso podía oír cómo golpeaba el bolígrafo repetidas veces contra la mesa. Era inevitable no dejar de mover la pierna provocado por el nerviosismo porque no veía la hora de que terminara la clase. Sabía que después tendría que pedir lo que me faltaba, esperaba que no fuera así siempre.
Pude oír cómo maldecía en voz baja varias veces y me pregunté por qué estaba estudiando en la universidad si parecía que era eso lo que le molestaba. ¿O es que acaso le molestaba haber tenido que tomar asiento a mi lado? Alcé mi cabeza un poco para observar a mi alrededor y darme cuenta que habían unos cuantos asientos disponibles.
Me giré hacia su dirección de golpe porque la duda del motivo por el que había tomado asiento a mi lado me habían tomado por sorpresa. Probablemente no había visto los demás asientos vacíos.
― Dejaré un cuestionario para que tengan tiempo de entregarlo dentro de tres semanas. Es bastante largo― anunció la profesora y levanté mi vista para verla dejando un montón de impresiones sobre su escritorio―. Así se conocen un poco más con sus compañeros, deberán realizarlo con el compañero que tienen a su lado.
Mi corazón latió con fuerza cuando escuché que dijo aquello. Miré hacia el otro lado un poco desesperada para oír un leve cuchicheo entre mis compañeros y un codazo a mi izquierda llamó mi atención. Me atreví a ver sus ojos entre verdes o celestes observarme inexpresivos.
― ¿Acaso te noto algo preocupada?― soltó una risa y negó su cabeza―. El año anterior dio el mismo cuestionario, tal vez ha agregado más cosas o ha cambiado otras pero podemos hacerlo juntos. No voy a obligarte…sólo diré que soy bueno en esta asignatura.
― Sí, claro― alzó sus pobladas cejas a mi dirección sin dejar de sonreír y mordiendo su bolígrafo azul―. ¿Sí eres tan bueno entonces por qué estás aquí?
¿Además por qué razón intentaba ayudarme luego de vivir burlándose de mí?
― Porque vivía faltando por motivos que no te incumben― dijo un poco grosero de lo normal y decidí no tomarlo de forma personal. La profesora se despidió justo cuando sonó el timbre y él no esperó un segundo más para guardar las cosas en su mochila pero antes de irse volvió a girarse a mi dirección―. Búscame si quieres hacer el trabajo conmigo, no intento ser bueno contigo porque no te conozco pero sí conozco al idiota de tu hermano, supongo que no debe haber mucha diferencia entre los dos, ¿o sí?
Soltó una risa que me hizo blanquear los ojos mientras yo también guardaba las cosas, iba a realizar el trabajo sola porque no necesitaba de su ayuda. El tal Leblanc sacudió su cabeza y luego agregó:
― Si fuera por mí lo haría solo pero es obligatorio realizar el trabajo en pareja. Piénsalo y dime, no estás obligada pero Lauren te resta puntaje si decides hacerlo de forma individual…nos vemos, princesa.
Y sin más decidió marcharse. No esperó una respuesta de mi parte y me sentí molesta por estar obligada a trabajar con él.
(...)
― Bueno, eso sí es algo que no se ve todos los días― dijo Keyla algo pensativa y asintiendo repetidas veces, al parecer el tiempo que había estado en clase, se había mejorado notoriamente y hasta había ido a la cafetería para buscar algo de comida―. Sin ofender, pero es algo raro y hasta donde estaba enterada, era demasiado antisocial pero es un poco extraño que haya elegido sentarse contigo habiendo asientos desocupados…Quiero decir, ¿quién no elegiría sentarse al lado de la hermana de Alexander Fost?
Bromeó. Rodé los ojos sin dejar de reír mientras negaba mi cabeza y desenredaba mi cabello mojado, apenas llegué dejé la comida que salí a comprar en cuanto terminé la última clase del día creyendo que Keyla no había comido nada y en realidad ya había comido, luego fui a ducharme y ahora estaba comiendo comida de aquel restaurante c***o que Alex me había recomendado horas atrás por chat que quedaba a unas pocas cuadras de la universidad. Me hallaba tan relajada que solo necesitaba dormir para recuperar las horas que no dormí la noche pasada.
― Él y mi hermano parecen no llevarse demasiado bien pero es algo que realmente no me interesa― me encogí de hombros mientras cogía un poco de fideos con palillos y los llevaba a mi boca. Estaba demasiado bueno o me encontraba realmente hambrienta.
― Sí, pero entonces es todavía más extraño― se encogió de hombros y añadió―: Eres nueva y de primer año. Creo que él debe estar en tercer año, también soy nueva así que digamos que no se demasiado, me hablo con Abby, una de las amigas de Leblanc y habla más o incluso igual que yo. Así que me cuenta muchas cosas de ellos, imagínate que también me contó que son amigos con derechos y parece que es bastante bueno en la cama.
Ambas nos reímos y le arrojé un cojín que tenía a mi lado, el cual estrelló en su cara.
― Demasiados detalles― puse una mueca sin dejar de reírme. En cuanto llegué, le había contado a Keyla sobre el sujeto de tatuajes y que también podríamos trabajar juntos, incluso me animó a aceptar hacer el trabajo juntos para que investigara más sobre él y comenzaba a convencerme la idea pero no del todo―. ¿Acaso será bipolar o algo así?
Me pregunté más para mí misma, fue un pensamiento que salió en voz alta. Keyla volvió a encogerse de hombros sin dejar de limar sus uñas.
― Si decides trabajar con él puede que lo descubras― me señaló con su lima―. Estudio abogacía no pretendas que logre entender como diablos te ha dirigido la palabra…es hombre, cariño.
Entonces mi mente viaja a lo sucedido el día anterior y la curiosidad vuelve a cosquillear en mi interior, de repente sentí esa necesidad por querer saber un poco más sobre él e indagar más sobre lo que ya sabía. Y sin querer, terminé aceptando trabajar con él sólo para saciar mi curiosidad y aunque sé que debería guardar silencio y continuar con mi vida, ya no iba a poder porque necesitaba saber incluso por qué razón había desaprobado algunas asignaturas siendo que parecía ser bastante bueno en el estudio.
― ¿Qué opinas, Cai?― oí a Keyla preguntándome algo con una gigantesca sonrisa dibujada en su rostro. Estaba tan sumida en mis propios pensamientos que ni siquiera había escuchado lo que Keyla estaba diciéndome, me sentí un poco mal porque hacía una hora estaba oyendo mis quejas sobre Leblanc.
― Lo siento, no estaba escuchándote― me mordí el labio sintiendo como mis mejillas cogían temperatura y por ende también aquel color escarlata que las caracterizaba cuando algo me avergonzaba.
Ella sonrió divertida sin dejar de negar la cabeza y coloqué los palillos dentro de la caja vacía para ponerlo en la bolsa en la que había venido la comida.
― Dije que podemos ir juntas a la fiesta de la fraternidad― repitió.
― ¿Cuándo?― me coloqué de pie para caminar descalza por la alfombra y buscar el secador de pelo porque estaba comenzando a tomar frío y no deseaba pescar una gripe. Volví a mi cama para enchufar el secador detrás de la mesa de luz y miré a Keyla con ambas manos en su cintura en plan “¿me tomas el pelo?” ―. ¿Este sábado?
― En serio no escuchaste nada, eh― se giró para buscar algo en el armario y luego se giró a mi dirección antes de que pudiera encender el secador―. ¡Es hoy!
― ¿Hoy?― pregunté con disgusto. Keyla asintió animada―. ¡Pero esta mañana estabas volando de fiebre!
― ¿Y eso qué?― se encogió de hombros―. Ya me siento mejor. Además, no quiero ir sola.
Me quejé.
― Es martes…ni siquiera pude dormir anoche y si no duermo una noche más mañana me desmayaré en plena clase― me excusé.
― ¡Vamos, no será tan malo!― exclamó mientras sacaba prendas y las arrojaba sobre la cama―. Además, iremos y nos volveremos temprano. Incluso puedes dormir un poco antes de salir…di que sí.
Rodé los ojos. En el fondo quería conocer las fiestas de las que todo mundo hablaba, así que asentí de mala gana y Keyla pegó unos saltos sin dejar de aplaudir dramáticamente.
― Vale, tú ganas― ambas reímos―. Pero jura que vamos a volver temprano.
― Por supuesto. tus deseos son órdenes― murmuró y se dio la vuelta para seguir revolviendo el armario. En ese instante, recordé que mi hermano formaba parte de la hermandad y seguro iba a estar allí, no, seguro no. Iba a encontrármelo y probablemente no me dejaría en paz.
Suspiré resignada mientras encendía el secador de pelo para comenzar a secar mi cabello húmedo y poder acostarme a dormir una pequeña siesta antes de asistir a aquella fiesta. ¿Acaso los directivos estaban de acuerdo con aquello?
Extendí mi mano hacia la mesa de luz para echar un vistazo a la hora y encontré que tenía mensajes de un número desconocido. Extrañada, desbloqueé mi teléfono y abrí el mensaje para ver de quien se trataba.
Número Desconocido:
« Hola, Cailin. Soy Dave y me ahorraré la parte en la que te pregunto cómo estás y tenemos aquella aburrida conversación para invitarte esta noche a la fiesta de la fraternidad. Si decides no ir juro por mi madre que iré a buscarte a tu habitación sin importar que no me dejen ingresar…buscaré la forma».
Una estúpida sonrisa se dibujó en mi cara y negué con la cabeza mientras continuaba secando mi cabello.
Cailin:
«A ustedes les encanta colarse a la residencia de mujeres…Ya te dije que actúas como un acosador? No hace falta que vengas a buscarme porque voy a asistir por voluntad propia».
Dave estaba en línea por lo que su mensaje no tardó en ser leído y respondido.
Dave el acosador:
« A ustedes? Es que acaso tengo competencia, Fost? Fingiré que no he leído que soy un acosador y procederé a pasarte la dirección».
La ubicación me llegó segundos más tarde y sin poder evitarlo me vi sonriendo al releer el mensaje de Dave. No diré que los chicos no se me acercaban antes porque entonces aquello me convertiría en una mentirosa pero jamás se me había acercado un chico tan atractivo como Dave Davenport y además, Alexander siempre se había encargado de ahuyentar a todos mis pretendientes el tiempo que asistía al instituto y no iba a permitir que sucediera otra vez. Aunque Dave ya conocía a mi hermano y era una gran ventaja.
Demasiadas ilusiones me estaba haciendo y tal vez Dave buscaba una amistad. Hora de bajar mis expectativas, me dije.
Le aseguré a Dave que allí estaríamos y en cuanto terminé de secar mi cabello decidí dormir unas dos horas antes de empezar a prepararme aunque Keyla ya lo estaba haciendo, observé un montón de productos de maquillaje por encima de su cama y también la cantidad de ropa que había sacado del armario, dispersa por su cama y el suelo. No dejé que me atormentara el hecho de que fuera tan desordenada y le di la espalda para cerrar mis ojos hasta lograr conciliar el sueño.
Me estiré sobre la cama cuando oí la puerta cerrarse y al abrir los ojos visualicé a Keyla con su teléfono en la mano, iba ya vestida y me sonrió cuando me vio despierta. Me enderecé para observar su vestido negros que se ceñía perfectamente a sus curvas, tenía solo una manga y va acompañado de unos tacones altos del mismo color que el vestido, mientras que su cabello iba sujetado en una coleta alta.
— ¿Cómo me veo?— cuestionó dando una vuelta sobre su eje.
Levanté mi pulgar hacia su dirección.
— Estupenda. Nadie va a poder resistirse a tus encantos— elogié seguido de un bostezo.
— ¿Ni siquiera tu hermano?— inquirió sólo para molestarme.
Rodé los ojos.
— Voy a pedir en traslado como sigas molestando con mi hermano. En serio— la señalé y ella echó su cabeza hacia atrás para soltar una carcajada.
Negué mi cabeza y me levanté para dirigirme al armario a ver que ropa iba a usar. Keyla tomó asiento sobre la cama y comenzó a maquillarse.
Me coloqué un brasier n***o que formaba parte del conjunto que me había puesto en cuanto salí de la ducha y luego me despojé de la playera gigantesca de los Rolling Stone que me había obsequiado mi abuelo hace muchos años. Mi abuelo era tan fanático de los Rolling Stone como yo, incluso habíamos ido a verlos juntos tocar, aquel recuerdo me hizo sonreír y procedí a buscar un top n***o que jamás había usado, lo compré creyendo que algún día encontraría la oportunidad para utilizarlo y aquella era la oportunidad perfecta, junto a un pantalón engomado del mismo color. El n***o siempre iba a ser una buena opción.
Luego me coloqué una chaqueta de cuero también negra y unas botas cortas que me había regalado la abuela para mi cumpleaños número dieciocho. Me observé al espejo que Keyla había colocado a un costado de su armario y me gustó después de mucho tiempo como lucía.
— Wow— la voz de Keyla llamó mi atención. Sus ojos me examinaron de arriba a abajo repetidas veces—. ¡Estás hermosa! Me gusta ese estilo de chica mala y sexy…
Solté una risa.
— ¿Mala y sexy?— resoplé para volver a mirar mi reflejo en el espejo—. Sí...A mí también me gusta, puede que haya encontrado mi estilo.
— ¡Me encanta!— exclamó con un exagerado entusiasmo. Mi cabello no era muy largo, me llegaba debajo de los hombros y era castaño medio, no llegaba a ser n***o pero tampoco era un color claro, unas ondas naturales caían sobre mis hombros indicio de que no había secado demasiado bien mi cabello y aún continuaba húmedo cuando me acosté—. Ahora solo falta maquillaje.
— ¿Tú crees?
Keyla asintió mientras terminaba de pintar sus labios de rojo.
— La última vez que me maquillé fue cuando asistí a mi baile de graduación, siempre usaba corrector de ojeras, rubor y máscara de pestañas— me encogí de hombros mientras recogía la ropa que había dejado tirada en el suelo—. Ese era todo el maquillaje que usaba. Claro que cuando fue mi graduación mi abuela me hizo asistir a un salón de belleza.
— ¿Y te gustó cómo te veías maquillada?— preguntó.
Asentí.
— Sí, me veía diferente.
Keyla se colocó de pie con algunos productos de maquillaje y tomó asiento a mi lado en la cama mientras buscaba aquellas argollas gigantes para ponerlas en sus orejas.
― Me gusta maquillarme desde que supe que podía cambiar mi apariencia cuando tenía dieciséis años y mis compañeros me molestaban por mi aquello― me confesó repentinamente y puse una mano sobre su hombro desnudo, ella me sonrió. Una imagen de una Keyla de dieciséis años solitaria y humillada me hizo sentir cierta empatía porque desde que la vi en la habitación, creí que siempre se había visto de aquella forma―. Era la viva imagen de Betty la fea. Tenía brackets, mucho acné y cuando digo mucho, es demasiado, incluso puedes ver cicatrices si te acercas y ellos se burlaban de aquello que es normal en un adolescente... Fueron muy crueles.
Soltó una risa pero pude ver en su mirada lo mucho que le costaba hablar sobre aquel doloroso momento de su vida, pensé.
― Lo siento mucho, Key― ella cruzó mirada conmigo y asintió con una sonrisa.
― Pero gracias a eso pude sacar a relucir mi talento como maquilladora, puedo hacer que quedes irreconocible― me guiñó un ojo―. Aunque no es eso lo que buscas, ¿o sí?
Negué mi cabeza.
― Sólo quiero verme diferente a como me veo habitualmente pero quiero seguir siendo yo― ambas reímos y se colocó de pie para comenzar con su maquillaje en mi cara. Me fijé en la hora en mi reloj y Keyla estuvo alrededor de unos cuarenta minutos colocando maquillaje en mi rostro, ya estaba empezando a impacientarme y culpaba a la falta de costumbre pero tuve que contenerme si buscaba verme diferente.
― Ya puedes ir a verte al espejo― dijo repasando por última vez mis labios.
Caminé entusiasmada hacia el espejo y Keyla se colocó detrás de mí con una enorme sonrisa dibujada en su rostro y abrí mi boca al ver mi propio reflejo frente al espejo. Mis ojos van de n***o, se ven ahumados y rasgados, ha logrado resaltar todavía más la parte más expresiva de mi cara, mi frente era prominente y ha provocado que se vea más pequeña a simple vista. Mis labios se ven un poco más grandes porque llevan gloss.
― ¿Te gusta?― preguntó impaciente y agregó―: Si no te gusta o crees que es demasiado, puedo arreglarlo…
― ¿Bromeas? ¡Me encanta!
Su sonrisa se ensanchó.
― Tienes unas cejas preciosas― elogió a lo que le sonreí, agradecida―. Tu hermano también tiene esas cejas.
Alcé una ceja.
― Sí, supongo que es genética― asentí levemente―. En serio te gusta mi hermano, ¿eh?
Keyla rodó los ojos y negó la cabeza mientras soltaba una risa para caminar a coger su bolso. Me puse perfume para finalizar mi look y Keyla pedía un Uber a nuestra dirección, pude haberle comentado a mi hermano que pasara a recogernos pero era muy temprano para enloquecer a Alex, podía esperar a que estuviera un poco ebrio para cruzármelo en la fiesta y empecé a prepararme mentalmente de aquello.
En un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos frente a lo que parecía un galpón que estaba algo apartado de la ciudad, se oía la música y había miles de autos. Incluso habían estudiantes bebiendo, vomitando y hasta enrollándose afuera. Rollos de papel higiénico colgaban de los árboles y del lugar.
― ¡Vamos!― cogió mi mano y me arrastró hacia adentro.
En pocos segundos, nos mezclamos entre los demás estudiantes ebrios y sudorosos. Bailamos en la pista aquella canción que tanto amaba; DJ Turn It Up de Yellow Claw, Keyla me animó a bailar junto a ella y puso su espalda contra la mía para mover sus caderas y decidí hacer exactamente lo mismo. Me dejé llevar por la música.
Observé a mi alrededor y mis ojos se desviaron a un par de chicos que no quitaban su vista de nosotras o tal vez estaban mirando a Keyla. Entonces entre ellos, pude visualizar a Leblanc con un vaso de plástico en su mano y un cigarrillo en la otra, una camisa negra se ceñía a su torso y sus fuertes brazos. Repentinamente, mis pies habían dejado de moverse en cuanto lo vi. Él también parecía buscar algo o alguien con la mirada.
Y entonces su mirada se detuvo sobre mí y se tomó el descaro de observarme de pies a cabeza. No dejé que aquello me afectara y aparté mi vista de la suya rápidamente de él, luego de unos segundos, regresé mi vista a dónde estaba y ahora estaba con la mirada sobre su vaso pero no estaba serio sino con una sonrisa genuina dibujada en su rostro.
― ¿Oye, ese de ahí no es Alexander?― cuestionó Keyla alzando la voz observando hacia nuestra derecha.
Encontré a Alex, quien estaba metiéndole la lengua por la garganta a una chica que desconocía y rodé los ojos mientras asentía a la pregunta de Keyla. Cogí a Keyla por el brazo y justo cuando íbamos a girarnos hacia donde se encontraba la barra de tragos, choqué con alguien que derramó un poco de su bebida en mis botas.
Reconocí unas manos tatuadas y alcé mi vista para encararlo. Él estaba mirándome desde arriba y alzó una ceja.
― Buenas noches, corderito― me saludó con la voz ronca y esbozó una sonrisa ante aquello mi piel se erizó de pies a cabeza. Iba a responderle por cortesía, sin embargo, sentí aquel olor extraño que había sentido por la mañana cuando tomó asiento a mi lado y entonces Keyla tiró de mi brazo para alejarme de él.
Eché un vistazo a su dirección cuando llegamos a la barra.
― No creo que sea buena idea que te acerques a él, no parece estar en sus cabales― dijo Keyla en un susurro―. Estaba completamente drogado y tu hermano estaba viéndonos. De nada.
― ¡¿Cailin?!― cerré los ojos cuando oí la voz de mi hermano―. ¡¿Qué rayos haces aquí?!
Rodé los ojos antes de oír el sermón de mi hermano. Ah s**t, here we go again.