El fin de semana pasó demasiado rápido, Keyla me ayudó a conocer las instalaciones de la universidad, pude sacar el programa de Psicología de primer año del primer semestre y la noche anterior no había conseguido pegar el ojo en toda la noche hasta que sonó la alarma de mi celular para asistir a clases.
Ni siquiera había vuelto a ver a mi hermano, solo me había enviado un mensaje la noche anterior deseándome suerte en mi primera semana universitaria y horas atrás mis abuelos habían hecho una videollamada de unos diez minutos para desearme suerte.
Arrojé el vaso descartable que había comprado horas antes en la cafetería a la basura y encontré a Keyla apoyada afuera de la puerta, estaba esperándome. Me sonrió y tapó su boca mientras bostezaba.
― ¿Qué tal la primera clase?
Me encogí de hombros.
― Nada mal, el profesor parece ser bastante comprensivo pero eso se verá en los exámenes finales supongo― asentí―. ¿Y tú?
Doblamos por un pasillo para encaminarnos hacia la cafetería.
― Bien― asintió―. Odio los lunes, siempre los he odiado. Además, ni siquiera he desayunado así que me muero por comer algo para recuperar energía.
En cuanto llegamos a la cafetería, Keyla cogió dos bandejas naranjas que estaban apiladas a un costado y me fijé a nuestro alrededor dándome cuenta que no había tanta gente. Me sentía pequeña por alguna razón, seguí a Keyla quien pidió un jugo de naranja exprimido con unos tostados y yo pedí lo mismo.
― ¿De dónde vienes? Hemos estado juntas los últimos días y jamás te pregunté si eras de aquí.
― Nací y crecí en Atlanta junto a mi hermano― respondí―. ¿Tú eres de aquí?
Pregunté mientras esperábamos nuestros pedidos. Ella asintió, llevaba su cabello suelto y una camiseta cuello de tortuga naranja, un pantalón de jean n***o y zapatillas blancas. Mientras que yo llevaba una playera negra, encima una camisa a cuadros desprendida y un vaquero n***o con zapatillas blancas, mi cabello estaba suelto y unas ondas caían sobre mis hombros.
― Sí, siempre he vivido aquí en Texas, jamás he salido de aquí― me dice a la vez que se acerca cuando nuestros pedidos ya están listos y recoge primero el mío para luego recoger el suyo. Los precios en la cafetería son accesibles pero no del todo, todavía era conveniente comprar afuera y hasta había más variedad de comida que allí adentro―. ¿Cómo es Atlanta?
Me encogí de hombros a la vez que ambas buscábamos con la mirada algún lugar para tomar asiento.
― Es agradable. Bueno, yo tampoco había salido jamás de Atlanta hasta hace unos días, junto a Alexander pasamos toda nuestras vidas allí― respondí con un aire de nostalgia y hasta resentimiento―. Alex y yo fuimos criados por nuestros abuelos pero esa ya es otra historia.
Mis padres se marcharon tiempo después de mi nacimiento, mis abuelos paternos se habían hecho cargo de nosotros. Vaya a saber el motivo por el que nos dejaron pero siempre supuse que era lo mejor, mis abuelos nos dieron todo lo que tal vez mis padres no hubiesen podido brindarnos, quizás ni siquiera la mitad del amor y apoyo que nos dieron mis abuelos. Tuvimos una buena educación, con mis abuelos jamás nos faltó nada y bueno, Alexander es unos años mayor que yo y aunque no tenía la necesidad de hacerlo, desde que mis padres nos dejaron él obtuvo el rol de “padre” conmigo. Por eso, aunque Alexander fuera gruñón y extremadamente sobreprotector conmigo, jamás podría odiarlo, adoraba a mi hermano.
Keyla asintió y agradecí que no siguiera indagando sobre aquello, luego desvió el tema y caminamos en búsqueda de alguna mesa desocupada. La cafetería en cuestión de segundos se había llenado, observaba aquel ambiente jovial a nuestro alrededor y como todos estaban ensimismados en sus cosas, se alcanzaba a oír la música de la cafetería, las risas de los estudiantes y los cuchicheos.
― Ven. Sígueme.
Me obligué a mover mis pies para seguir a Keyla, mantuve mi vista en ella y me fijé como desprendía seguridad. Se veía segura de ella misma y también pude notar como se ganaba miradas del sexo opuesto en cuanto pasábamos por su lado.
Sin embargo, el aturdidor sonido de las patas de la silla chirriando contra el suelo me hicieron sobresaltar y levanté mi mirada cuando el provocante de aquel sonido se colocó de pie. Por supuesto, choqué con la silla y agradecí haber sostenido con fuerza la bandeja en la que llevaba mi comida.
Una figura alta y masculina impidieron mi paso cuando se colocó de pie y perdí de vista a Keyla, me observó con sombría y retrocedí unos pocos pasos por instinto. Sin embargo, permanecí de pie cuando reconocí al dueño de esos atrayentes ojos turquesas y la tinta negra abarcando la mayor parte de su cuerpo e intentando escapar de la playera negra que lleva puesta, me sorprendí cuando una sonrisa iluminó su rostro y me sentí muy confundida.
Madre mía. Poseía una dentadura perfecta, parecía esos modelos que te preguntabas si era posible ser tan atractivo e incluso se veía más hermoso cuando sonreía, sus ojos turquesas se achinan levemente a los extremos, unas comillas se acentúan al final de su sonrisa y no parece tan intimidante como antes.
Decidida a sonreírle también para saludarlo, una voz femenina a mis espaldas me pincharon la burbuja que yo misma había hecho.
― Lo siento, ¿puedes darme permiso?― preguntó. Me giré a verla y hallé unos bonitos ojos verdes mirándome.
Regresé mi vista hacia donde estaba aquel sujeto de ojos turquesas y tatuajes, quien me observaba atentamente con las cejas alzadas esperando que me hiciera a un lado y le cediera paso a la chica rubia y de puntas azules.
Entendí lo que estaba sucediendo y mis mejillas se encendieron de inmediato sintiéndome una completa estúpida. ¿Qué carajos, Cailin? Por un momento creí que estaba siendo amable conmigo pero ni siquiera me conocía ni yo a él.
Tierra, trágame.
― Sí, lo siento― me disculpé sintiéndome avergonzada y me hice a un lado para dejarla pasar. Posteriormente, sentí una mano enrollarse alrededor de mi brazo y tirar de mí.
Suspiré avergonzada y sentí unas cuantas miradas sobre mí mientras me dejaba llevar por Keyla hacia la mesa que ella había conseguido.
― ¿Qué diablos fue eso de allá atrás?
Me atreví a mirar sus ojos café y dejé mi bandeja sobre la mesa para tomar asiento frente a ella. De repente mi estómago se cerró e incluso comencé a sentirme adolorida, si, esos eran los nervios.
― No lo sé― puse una mueca y me encogí de hombros―. Por un instante, creí que él estaba hablándome a mí.
Negó su cabeza mientras le daba un mordisco a uno de los tostados.
― Bueno, te aconsejo que te mantengas alejada de él por tu bien― fruncí el ceño―. No insistas, Cai.
Bueno, ¿pero cómo podía decirme algo así y luego dejarme con la duda? Sentí un hormigueo por saber el motivo por el que no debería acercarme a él, la curiosidad empezó a consumirme. ¿Acaso la gente le temía por su apariencia o era realmente alguien de quien había que mantenerse alejado porque traía problemas?¿Quién era aquel chico y por qué debía mantenerme alejada?
Quiero decir, si, daba miedo. Su altura y su aspecto intimida a cualquiera.
― ¿Por qué no?― quise saber.
Me obligué a beber un poco de mi jugo de naranja porque luego no podría resistir las siguientes clases.
― Bueno, no se sabe absolutamente nada de él pero lo poco que se sabe es que hace unos años estuvo involucrado en temas ilegales y por eso pasó tiempo afuera, ha regresado hace poco para terminar sus estudios― contesta y añade―: No es alguien confiable, su círculo social es pequeño como habrás visto, de todas maneras, no parece importarle demasiado lo que la gente piense de él ya que ignora a todo el mundo pero te recomiendo que te mantengas alejada si no quieres manchar tu reputación desde un principio.
Keyla está estudiando derecho por lo que era probable cruzarnos bastante seguido por los pasillos. Así que sabiendo todo aquello, me atreví a indagar lo poco que se sabía de aquel chico.
― ¿Y vive en la residencia de hombres?― Keyla niega la cabeza.
― No, al menos hasta donde yo sé no― responde―. Sí vas a verlo a menudo por aquí, incluso más que a mí porque también está estudiando psicología. Está en tercer año creo.
Asentí lentamente.
― Vale, gracias por la información.
Entonces aquello quería decir que podíamos llegar a compartir algunas clases, pensé. El celular de Keyla comenzó a sonar con una llamada entrante y ella se disculpó para ponerse de pie y alejarse.
Me giré a su dirección. Lo observé hablando y riéndose con algunos chicos y chicas que estaban junto a él, algunos se vestían y poseían tatuajes como aquel sujeto que me atraía por curiosidad. La chica rubia de puntas azules permanece a su lado y está charlando con los demás, eran seis de ellos, dos chicas y cuatro chicos.
Su mirada turquesa pasó de mirarla a ella para deslizarse a donde yo estaba de forma repentina, su sonrisa desapareció en cuanto hizo contacto visual conmigo y sentí, por alguna extraña razón, que podía descubrir todos y cada uno de mis secretos y que tal vez yo podía descubrir los suyos.
¿Acaso aquello era posible? Era la primera vez que tenía aquella extraña sensación.
En cuanto caí en cuenta de que me había pillado observándolo y anteriormente había quedado en ridículo frente a él y toda la cafetería, aparté mi vista de él totalmente avergonzada y busqué con la mirada a Keyla, la cual todavía estaba hablando por teléfono.
No me atreví a mirarlo de vuelta y Keyla cortó la llamada segundos más tarde. Luego de quedarnos hablando sobre otras cosas y contarme que quien había llamado había sido su padre que estaba afuera de la ciudad, luego salimos de la cafetería. Recordé la advertencia de Keyla y aunque me moría de ganas de indagar un poco más sobre él,
― Tengo clase― le informé a Keyla, quien asintió.
― Nos vemos luego, chica― me guiñó un ojo y se perdió al doblar el pasillo.
Solté un suspiro y me fijé en la siguiente clase para encaminarme hacia ella.
― Cailin― llamó alguien que me hizo girar hacia la izquierda, luego me encontré a Dave a unos pocos metros con una sonrisa―. Hola, ¿qué tal la universidad?
― Hola, Dave― saludé ignorando el calor que se acumulaba en mis mejillas y él caminó a mi lado. Sin embargo, me detuve, todavía faltaban unos minutos para entrar a clase―. Por ahora, bastante bien. ¿Qué hay de ti?
― Bueno, eso es realmente bueno― dijo con una sonrisa. No podía negar que era muy atractivo e incluso algunas chicas lo saludaban al pasar, bueno, no solo chicas se detenían a saludarlo así que supuse que era alguien popular como mi hermano―. Estoy bien, sacando algunas materias de años anteriores pero bien. Todavía no estoy muy seguro pero la fraternidad hará una fiesta en estos días, seguro vas a enterarte o podrías pasarme tu número para asegurarme de que voy a verte allí, aunque espero que tu hermano no me vea contigo o va a matarme.
Aquello me hizo reír y su sonrisa se ensanchó. Y confirmé que sí era popular porque era parte de la fraternidad.
― Maravillosa jugada― asentí y él extendió su celular a mi dirección. Anoté mi número aunque no estaba muy segura si era buena idea asistir a la fiesta pero bueno, no podía desaprovechar la oportunidad de tener el número de Dave―. Oye, lamento el comportamiento de mi hermano hace unos días.
Dave vuelve a guardar su celular y me fijé en la camiseta que se adhería perfectamente a su torso y dejaban ver sus brazos musculosos. Su cabello iba peinado ligeramente hacia atrás y a simple vista se podía apreciar que era suave, incluso te daban ganas de pasar las manos en él.
Negó la cabeza.
― No te preocupes, Cailin― me dijo sin dejar de sonreír―. No tienes motivos para disculparte. Conozco a tu hermano y sé a la perfección como es contigo, lo del otro día fue para molestarlo un poco, somos compañeros en el equipo de fútbol americano.
Oh, ¿así que todo había sido una broma y eso quería decir que no le parecía linda entonces?
― Debo irme― él asintió―. Nos vemos luego.
― Voy a buscarte a la residencia si me dices que no vas a ir― alzó su voz mientras me alejaba.
Incliné mi cabeza y se me escapó una sonrisa mientras retrocedía.
― ¿Acaso no respetas cuando una mujer te dice que no, Dave?
Puso una mueca.
― Si lo dices así ya no es tan divertido― solté una risa y negué la cabeza―. Voy a conseguir que me digas que sí aunque deba ganarme a tu hermano. Nos vemos luego, Cailin.
Doblé por un pasillo sin dejar de sonreír y justo cuando me giré me detuve abruptamente antes de chocar con alguien, de no haber sido porque puso sus manos en mis hombros para detenerme, hubiésemos chocado. Observé los tatuajes a lo largo de sus brazos y alcé mi vista para toparme con esos cautivadores ojos turquesas mirándome por segunda vez en el día.
― Lo siento― me disculpé. Él me soltó y me vi obligada a mantener mi postura para no derretirme de la vergüenza allí mismo.
― Presta atención o tendrás problemas― fue lo único que dijo para pasar por mi lado y continuar su camino. Su voz me erizó la piel de pies a cabeza y tuve que ignorar las miradas a mi alrededor para recordarme que me dirigía a clases.
En cuanto me adentré al aula, tuve que inspirar y exhalar varias veces porque realmente su presencia me ponía los pelos de punta y todavía no descubría que tan bueno o malo era aquello. Me ubiqué unos asientos más atrás de los primeros y saqué los libros para luego echarle un vistazo a mi celular dándome cuenta que la clase estaba a punto de empezar, miré a mi alrededor para darme cuenta que habían unos pocos lugares desocupados y que estaban todos nerviosos como estudiantes de primer año, me alegré de no ser la única que estaba así.
Minutos más tarde, ingresó el profesor y nos saludó para decir que esperaría unos minutos para empezar. El salón quedó repleto minutos después, a mi lado tomó asiento aquella chica rubia de puntas azules luego de sonreír abiertamente a mi dirección, llevaba un piercing en su nariz y una blusa blanca mangas cortas con un pantalón n***o que se ajustaba a sus piernas.
Supuse que no todos eran groseros o intimidantes como el sujeto de tatuajes. Me pregunté por qué actuaba de aquella forma, claro que no esperaba que me tirara flores pero podía ser un poco más amable.
La clase finalizó casi dos horas después y terminé de tomar apuntes después de que el profesor apagara el proyector y se despidiera para salir de clases. Ya debíamos entregar un trabajo de investigación de cuatro carillas.
Para mi buena suerte todo estaba en la biblioteca y algunas pocas cosas en internet pero el profesor prefería que no sacáramos todo de internet. Ahora wikipedia no podía salvarme como en el instituto, pensé.
Guardé las cosas en mi bolso y luego lo colgué en mi hombro derecho.
― Adiós, Cai. Nos vemos luego― me saludó Hannah, la chica rubia y de llamativas puntas azules en su cabello que se sentó a mi lado.
― Adiós, Hannah― sonreí.
Ella fue amable todo el tiempo e incluso intercambiamos números para juntarnos a estudiar luego. Me dijo que el profesor era bastante exigente y que debía recursar la materia por aquello pero que podíamos ayudarnos a estudiar mutuamente.
En cuestión de segundos el salón quedó vacío.
Todavía no me encontraba muy cansada y me encontraba encantada con lo que había visto, así que aproveché para adelantar un poco del trabajo de investigación y me encaminé hacia la biblioteca. Al salir me di cuenta que ya no había tantos estudiantes por los pasillos como horas atrás.
Tuve que salir del edificio para ir hacia la biblioteca. En cuanto entré al recinto, saludé al bibliotecario, supuse que debía tener mi edad, además, me pareció verlo en la primera clase y después de preguntarle a dónde estaba la sección de libros, me señaló unas estanterías casi al final. Le agradecí y minutos más tarde me encontraba con unos cuantos libros apilados sobre la mesa mientras estaba muy sumida en la lectura y tomando apuntes respetando las consignas del trabajo.
Me percaté que habían unos cuantos estudiantes esparcidos en diferentes mesas y aunque amaba el silencio, saqué mis audífonos para oír algo de música. Estaba tan concentrada que no me di cuenta horas más tarde cuando me llegó un mensaje de Alexander.
¡Estuve dos horas metida en la biblioteca!
Alex:
«Dónde estás? Vine a buscarte a tu habitación y me dijo tu compañera que todavía no has llegado».
Cailin:
«Cómo le haces para colarte en la residencia de mujeres? Vine a la biblioteca para adelantar un trabajo de investigación que debo presentar dentro de dos semanas».
Su respuesta no tardó en llegar y solté una risa mientras negaba mi cabeza.
Alex:
« Soy Alexander Fost o acaso ya lo olvidaste? Puedo hacer lo que se me dé la gana, siempre obtengo lo que quiero y cuando quiera. Quédate a dónde estás, vamos a cenar...yo invito».
Le respondí diciéndole que lo esperaría y detuve la música para levantar mi cabeza en cuanto oí un silbido a unos metros frente a mí. Encontré al dueño de aquel silbido a unos pocos pasos y me removí incómoda cuando vi a aquel misterioso chico de tatuajes mirando a mi dirección, estaba apoyado en una estantería y de forma despreocupada.
Bueno, tal vez no se dirigía a mí, pensé.
Cerré los libros para volverlos a su lugar y me mantuve tensa, no quería volver a quedar en rídiculo como en la cafetería. Así que aguanté las ganas de volver a mirarlo.
― Hey, estoy llamándote a tí.
¿A mí?
No le presté atención y me agaché para recoger mi bolso. Guardé mi cuaderno y lo que había utilizado. Sentí mis manos sudorosas y me sobresalté cuando volví a oír su voz más fuerte, hice de cuenta que todavía llevaba los audífonos puestos y me los saqué.
― Estoy hablándote a tí. La hermana menor Fost― dijo y alcé mi vista. Sin embargo, me sobresalté cuando lo vi de pie del otro lado de la mesa con sus manos apoyadas sobre la mesa e inclinado ligeramente hacia adelante con la mirada puesta sobre mí.
Mierda. Si estaba dirigiéndose a mí.
¿Cómo sabía mi nombre?¿Acaso Hannah le había hablado sobre mí?
― Lo siento, ¿me estabas hablando?― pregunté con las cejas alzadas mientras colgaba mi bolso al hombro.
Cuando conseguí ponerme de pie, sus ojos me escanearon por completo y se detuvieron en mis ojos. Me miraba desde arriba con aires de superioridad y si lo que buscaba era intimidarme pues no lo haría esta vez.
Lamió sus labios antes de hablar y luego soltó una risa como si repentinamente hubiese recordado una broma o algo parecido. Alcé una ceja mientras me cruzaba de brazos y me sentí molesta.
― No te pareces en nada al bastardo de tu hermano― soltó con voz ronca sin dejar de mirarme y negando su cabeza con una burlona sonrisa extendida a lo largo de su rostro. La ira me consumió cuando escuché como se refirió a mi hermano porque también estaba ofendiéndome a mí.
¿Pero y este quien se creía?¿Cómo se atrevía?
Fruncí el ceño pero no estaba dispuesta a confrontarlo y armar un escándalo en la biblioteca. No lo merecía.
Eché un vistazo a mi alrededor y me percaté que quedaban dos chicas pero al otro extremo y estaban ajenas a lo que estaba sucediendo porque una estantería se interponía entre aquel idiota y ellas.
― ¿Eso es todo lo que viniste a decirme?― pregunté echando un vistazo a mi celular y leyendo el mensaje de Alexander diciéndome que estaba afuera.
― ¿Qué esperabas?― alzó una ceja―. Oh, lo siento, que descortés de mi parte...Bienvenida a la universidad, Cailin Fost.
Rodé los ojos dejando los libros apilados sobre la mesa y acomodando la silla como estaba cuando había llegado horas atrás.
― Qué pérdida de tiempo― negué mi cabeza y no me dejé llevar por sus hipnóticos ojos turquesas―. Por un momento, creí que podrías llegar a parecerme alguien interesante y no dejarme guiar por los demás comentarios pero veo que eres un idiota.
Sí, además de ser alguien introvertida también me consideraba alguien sin pelos en la lengua. No iba a dejar que su altura y su aspecto me atemorizaran, no quería “enemigos” en la universidad pero tampoco iba a dejar que nadie me pisoteara y además, si tanto ignoraba a todo el mundo, ¿entonces por qué razón decidió agarrársela conmigo? Los problemas de él y mi hermano me tenían sin cuidado.
― Mira, princesa. Realmente no me interesa lo que digan o no de mí porque ya estoy acostumbrado.
Asentí, aburrida por la estúpida conversación que habíamos entablado.
― Bien por ti. Me gustaría quedarme a seguir esta encantadora conversación pero debo irme― pasé por su lado y sonreí cuando logré quitar la estúpida sonrisa de su cara pero todavía me sentía enojada. Supuse que había puesto expectativas demasiado altas en él y terminé cayendo a la realidad cuando abrió su boca para decir aquellas idioteces.
Pero, ¿qué tanto se conocían él y Alexander?
Avancé por las estanterías y me despedí del bibliotecario para salir. En cuanto salí, encontré a Alexander en la entrada y en cuanto me vio, sus fuertes brazos envolvieron mi cuerpo y me reí cuando logró levantarme del suelo.
― Hola, pulgarcita― lo empujé cuando escuché como me llamó. Solía decirme así para hacerme enojar y de vez en cuando lo seguía haciendo para molestarme.
― Deja de llamarme así― fruncí el ceño mientras él pasaba un brazo por mis hombros para atraerme hacia su cuerpo y se reía.
Me sentí aliviada tan repentinamente que por unos segundos olvidé lo sucedido minutos atrás.
― ¿Qué tal tu primer día?― inquirió con interés.
Me encogí de hombros.
― Bien, es mejor de lo que pensaba.
Alexander me miró como a un bicho raro y rodé los ojos mientras avanzábamos hacia el estacionamiento. El sol quemaba mi piel y me vi obligada a deshacerme de la camisa a cuadros para quedarme con la playera de mangas cortas negras.
― Vamos a ver cuanto dura― bromeó y soltó una risa.
Sí, vamos a ver cuanto dura, pensé.