Capítulo 1

2910 Palabras
2 años después… Me removí en el asiento con incomodidad sin dejar de morder el borde del cuello de mi playera. Alex soltó una risa y tomó una parte de mi camiseta para tirarla hacia abajo y dejé de morder la tela de algodón para prestarle atención. Mi hermano estaba sonriendo intentando tranquilizarme y le sonreí aunque muy en el fondo me sentía realmente nerviosa, cogí la perilla de la puerta para salir pero mi hermano me detuvo. Cogió mi mano sudorosa y fría entre la suya que estaba cálida. ― ¿A qué le temes?― alzó sus pobladas cejas a mi dirección―. Esto es lo que tanto querías desde que empezaste la secundaria, ¿o no? Sí, era cierto. Desde que había empezado mis estudios en la preparatoria le decía a Alexander que me moría de ganas por asistir a la universidad por eso había conseguido ser la mejor en mi clase para conseguir la beca y poder ingresar con facilidad a la universidad. ― Así que respira hondo― me dijo mientras acariciaba el dorso de mi mano con la yema de sus dedos. Solté el aire que estaba conteniendo y a continuación mordí el interior de mis mejillas para recordarme que el día que tanto había ansiado que llegara finalmente lo había hecho. Me consideraba una chica de dieciocho años introvertida y tal vez se debía a que mi hermano mayor siempre se había encargado de sobreprotegerme, al contrario de mí, Alexander era extrovertido. Siempre fuimos diferentes, él tenía amigos o conocidos a donde fuera y si no los tenía los hacía allí mismo, en cambio yo, siempre tuve a Alexander. Mientras Alexander optaba por salir y no quedarse encerrado en casa yo elegía quedarme en casa leyendo, viendo series o hasta novelas con mi abuela. La realidad es que a mi me gustaba, no había tenido la oportunidad de asistir a alguna fiesta porque no conocía a nadie más que no fuera Alexander y en cuanto se me acercara un chico, mi hermano mayor se encargaría de ahuyentarlo. Así que mejor me quedaba en casa y elegir la tranquilidad antes de las fiestas y todo lo que implicaba relacionarse con gente. Por supuesto que ingresar a la universidad significaba tener que relacionarme con otra gente así que estaba obligada a cambiar todo aquello. Estaba dispuesta a salir de mi zona de confort aunque me provocara ansiedad solo pensarlo. No me había atrevido a mirarme al espejo porque debía estar espantosa y es que la noche anterior no había pegado el ojo ni una sola vez. ― ¿Lista? Asentí. ― Lista― él me sonrió y luego me soltó la mano. Bajé del coche después de que Alexander bajara para abrir el maletero, rodeé el vehículo y cargué unas mochilas a mis hombros. Llevaba lo justo y necesario, mi abuela me había planchado la mayor parte de la ropa y mi abuelo me había ayudado a empacar. Alex fue a recogerme al aeropuerto y para acompañarme a la universidad, claro que si fuera por él me enseñaría la universidad pero tenía entrenamiento porque formaba parte del equipo de fútbol americano. Alexander y yo nos llevamos cuatro años, él hacía un buen tiempo estudiaba en la universidad así que con mucha suerte nos veríamos por los pasillos y tal vez podríamos coincidir en alguna clase. Alexander emprendió el camino y caminé detrás de él siguiéndolo, observé a mi alrededor dándome cuenta que no había demasiada gente. Avancé con pasos inseguros y repitiéndome a mí misma que todo estaría bien. Permanecí cabizbaja mirando mis zapatillas de tela negras y posteriormente pude sentir las miradas sobre mí pero las ignoré a todas. Sin embargo, choqué con la espalda ancha de mi hermano y fue cuando tuve que levantar mi cabeza. Entrecerré mis ojos cuando miré hacia arriba a causa del sol y oí una voz masculina sumarse a la voz de mi hermano. ― Hola, soy Dave― escuché. Mi hermano se hizo a un lado y oí como maldecía en voz baja. Enseguida hice contacto visual con unos llamativos ojos azules que no había visto en mi vida y estaban mirándome. Era alto, poseía un cuerpo atlético y una piel ligeramente bronceada, su cabello era castaño y caía sobre su frente de manera despreocupada. Alexander me codeó y enseguida mis mejillas cogieron un color carmesí. ― Hola, Dave. Es un placer― esbocé una sonrisa y pude sentir mis labios temblorosos a la vez que acomodaba un mechón de mi cabello justo detrás de mi oreja para apartar mi vista de él antes de que mi rostro continuara poniéndose todavía más rojizo. ― ¿Ella es tu hermana menor?― inquirió con cierta sorpresa en su voz a lo que mi hermano simplemente asintió con la cabeza de mala gana―. Vaya, creí que era mucho más pequeña por como hablabas de ella. ― Déjate de estupideces y mantente alejado de ella, Dave. Dave sonrió, claramente burlándose de mi hermano y volvió a mirarme mientras yo mordía mis mejillas porque quise reírme por su comentario anterior. ― Ya veo porque la tenías escondida― dijo y me guiñó un ojo―. Eres muy linda...Cailin, ¿verdad? Asentí, sonrojada. Sin embargo, mi hermano pinchó aquella burbuja y me tomó del brazo para arrastrarme lejos de Dave. ― Si, bueno. Estoy apurado y ella debe llegar a horario― dijo entre dientes. Rodé los ojos luego de oír la suave risa de Dave cuando pasamos por su lado. Enojada, me solté de su agarre en cuanto nos alejamos porque sus celos comenzaban a irritarme y si iba a ser así siempre que iba a verme interactuar con alguien del sexo opuesto entonces no podíamos llevarnos bien. Me avergonzaba que hiciera aquello. ― ¿Por qué diablos hiciste eso?― susurré. Él también llevaba el ceño fruncido y se detuvo a mirarme a los ojos en cuanto me solté. ― Porque Dave es la clase de chicos del que debes mantenerte alejada― respondió con tanta tranquilidad que me enfureció aún más. Conté hasta diez para calmar mi enojo porque algunos estudiantes estaban mirándonos con cierta curiosidad. ― Oh y seguro que tu no eres esa clase de chicos― ironicé mirándolo de cerca. Alex frunció el ceño. ― Soy tu hermano, solo intento cuidarte. ― Ya tengo 18 años, Alex― observé a mi alrededor para darme cuenta que algunos se habían detenido a mirar―. Vámonos. No quiero montar un espectáculo en mi primer día. Si había algo que no podía soportar era la gente curiosa, bueno, yo era alguien muy curiosa pero la gente curiosa que luego era la misma que se encargaba en promover chismes, ese tipo de personas las aborrecía por completo. Comencé a caminar con la barbilla en alto hasta que recordé que ni siquiera sabía a donde estaba yendo, así que me giré para esperar a Alexander con los brazos cruzados y él blanqueó los ojos para retomar su camino. ― ¿Ves? Todavía me necesitas, sabelotodo― dijo a modo de broma y negué mi cabeza para seguirlo. Minutos más tarde mi hermano ingresó a uno de los edificios cargando mis cosas y me detuve a admirar la estructura por fuera, cogí una bocanada de aire para empujar la puerta de cristal pero alguien salió antes de que yo entrara llevándome por delante y haciéndome trastabillar. Me sujetó del brazo con fuerza antes de que mi trasero aterrizara en el suelo. Me sorprendí de su agarre firme y al elevar mi vista me quedé perdida en sus ojos de un hipnótico color turquesa, un aroma a jabón con aquel característico olor a madera y ¿pinos? Bueno, su olor me recordaba al interior de un vehículo de hombre extremadamente limpio. Abrumada por su exquisito aroma y lo atractivo que me pareció, no pude evitar recorrer su perfilada nariz que tenía un piercing en la aleta izquierda y llevaba su cabello castaño oscuro engominado y peinado hacia atrás, descendí mis ojos para encontrar diversos dibujos de tinta negra a lo largo de su cuello y que se ocultaba debajo de su sudadera negra. ― Lo siento, no te vi. Ten más cuidado. Dijo con voz grave y continuó sin verme porque en ningún momento hizo contacto visual conmigo. Me aparté a un lado en cuanto pude reaccionar y él siguió su camino metiéndose las manos a los bolsillos de su pantalón para caminar hacia el estacionamiento. ¿Acaso todos los chicos de la universidad eran sacados de esos libros que tanto me gustaba leer? Pensé. En cuanto lo perdí de vista oí la voz de Alexander llamándome y empujé la puerta para finalmente entrar. Alexander estaba de pie del otro lado del mostrador en recepción con cara de pocos amigos. Caminé hacia su dirección y la mujer del otro lado del escritorio me observó a través de sus gafas de marco n***o para buscar algo en su ordenador. ― ¿Señorita Cailin Fost?― preguntó a lo que asentí―. Bienvenida. Posteriormente me entregó la llave de la habitación que está en el tercer piso y Alexander comenzó a arrastrar las valijas hacia el elevador. ― Gracias― le dije a la mujer y ella se colocó de pie para mirar a Alexander. ― ¿Debo repetirle que está prohibida la entrada del sexo opuesto en el edificio?― cuestionó refiriéndose a mi hermano y éste se detuvo para asentir de mala gana. ¿Entonces por qué aquel chico que había visto minutos atrás estaba saliendo de aquí? ― Lo sé, hace años estudio aquí― dijo Alex a regañadientes y lo empujé dentro del elevador aunque no lo moví un centímetro―. La ayudaré a dejar sus valijas y me voy. Somos hermanos. La mujer soltó una risa sarcástica antes de volver a tomar asiento. ― Si, casualmente todos dicen eso. Suspiré. Mi hermano abrió la boca dispuesto a responderle pero tiré de su playera para llamar su atención y que no entablara una estúpida conversación sin sentido con la secretaria. ― Alex, por favor… Alexander me miró encima de su hombro y luego asintió para adentrarse con mis cosas, apretó el tercer piso y las puertas se cerraron. Apoyé mi cabeza en la pared y cerré los ojos durante unos segundos. ― Lo siento, Sky― abrí los ojos al escuchar que se disculpaba―. Todavía tengo la necesidad de protegerte, sabes que no hay buenas personas o que se hacen pasar por ellas. Desde que mamá y papá no están… ― Lo sé― lo interrumpí porque no quise hablar de nuestros padres―. Por favor, en serio ya no sigas haciéndonos esto y vive tu vida. Sabes que siempre que tenga un problema al primero que recurriré será a ti. Alexander esbozó una sonrisa y asintió. Dejé mi orgullo de lado y también sonreí cuando extendió sus brazos para estrecharme entre ellos. ― Siempre serás mi hermanita menor― golpeé su estómago y las puertas del elevador se abrieron para dejarnos ver a unas chicas de pie del otro lado, me separé de él y noté la forma en que estaban observándome. Tomé mis cosas y las cargué a mis hombros para pasar entremedio de ellas. ― Hola, Alex― saludó una de ellas. ― Hola, chicas― las saludó y luego también cargó mis cosas. Mientras tanto, me dedicaba a buscar mi habitación y en cuanto la encontré me detuve frente a la puerta. ― Es aquí― dijo dejando mis valijas―. ¿Puedes con ellas? Asentí. ― No te preocupes, ya no quiero retrasarte. ― Tengo privilegios por ser el capitán del equipo― comentó con aires de grandeza que me hizo rodar los ojos―. Cuídate, ¿sí? ― Tu también― volví a abrazarlo y él besó mi cabeza. ― Cualquier cosa me llamas, ¿de acuerdo? ― ¡Ya vete!― Alexander empezó a retroceder y alzó los brazos hacia arriba como diciendo “ya, me largo” y aquello me arrancó una risa―. Tus chicas te llaman. Alexander me enseñó su dedo del medio y luego lo perdí de vista hasta que entró al elevador nuevamente. Respiré hondo antes de coger la perilla de la puerta y adentrarme a la habitación. Lo primero que pude visualizar fueron dos camas de una plaza a cada extremo de la habitación, una tenía una colcha rosada y la otra estaba sin sábanas, incluso la cama con colcha rosada que estaba contra la pared, en ella vi fotografías que no me atreví a mirar de cerca y bandas de música. La habitación estaba impecable. Pude oler aquel aromatizante de rosas que me recordó a la abuela y el ambiente estaba totalmente tranquilo, no había ruidos ni nada por el estilo, ni siquiera se oía lo que pasaba en las demás habitaciones. Era el lugar adecuado para estudiar, pensé. Mi mirada se detuvo en unas maletas gigantescas que estaban a los pies de la cama de un color violeta, ambas estaban abiertas de par en par y tenían mudas de ropa. Solo esperaba que mi compañera de habitación y yo nos lleváramos bien. No estaba en la habitación así que me apresuré para acomodar mis cosas del otro lado de la habitación, coloqué un poco de música en mi lista de reproducción de Spotify para sentirme como en casa. Empecé por hacer la cama de forma rápida y luego empecé a desempacar para guardar mi ropa en el armario que está desocupado, después de al menos media hora, decidí terminar de guardar lo que quedaba después y pegué algunas fotos para husmear un poco en i********:. Bostecé un par de veces y me saqué las zapatillas dándome cuenta que el suelo llevaba una alfombra gris. La puerta se abrió y de ella ingresó una chica de tez morena con una toalla blanca envuelta alrededor de su delgado cuerpo, las gotas de agua caían sobre su piel y se sobresaltó cuando me vio sentada en mi cama. ― ¿Y tú quién eres? Mierda, nadie me dijo que hoy llegaría mi compañera de habitación― habló con el ceño fruncido. Su cabello n***o estaba húmedo por lo que estaba mojando la alfombra y se veía largo. ― Soy Cailin Fost. Ella alzó las cejas y sonrió para avanzar por la habitación y arrojar sus cosas sobre la cama. ― Es un placer conocerte, mi nombre es Keyla Adams. Lamento darte la bienvenida de esta forma pero creí que no llegarías hasta el próximo lunes― me dijo―. No te molesta que me desvista delante de ti, ¿no? Negué mi cabeza y ella se encogió de hombros para darme la espalda, se colocó la ropa interior aún con la toalla puesta. Luego buscó lo que usaría en su valija y la toalla que estaba usando la puso sobre su cabeza. Al fin, pensé. Estaba humedeciendo casi toda la alfombra y empezaba a exasperarme. ― ¿Llegaste hace mucho? ― No, llegué hace una semana― dijo aún agachada buscando ropa―. Al fin llega alguien para poder charlar de cosas que suceden en la universidad, sobre clases e incluso los chicos. Ella se giró a mi dirección mientras se acomodaba un crop top n***o con letras doradas en él, me fijé en el piercing que llevaba su ombligo y su abdomen marcado. Keyla tenía un cuerpo para lucir, lo que se pusiera iba a quedarle de aquella forma, me gustó su estilo y las prendas que mostraban un poco de piel porque yo no me permití nunca vestirme de aquella forma. Ni siquiera he sido alguien que fuera de su agrado arreglarse porque no tenía a nadie que me asesorara o algo así. ― Veo que no hablas mucho― habló dándose la vuelta nuevamente mientras acomodaba sus cosas―. ¿Eres así siempre? Me preguntó con el ceño fruncido. ― Bueno, yo… Sí― acabé asintiendo. ― ¿Sabes si puedo pedir el traslado a otra habitación?― mi cara debe haber sido digna de fotografiar porque ella al cabo de unos segundos empezó a reírse―. Tranquila, estoy bromeando. Normalmente siempre soy yo la que más habla en todos lados,no hay quien me calle...haré que hablas más o incluso igual que yo muy pronto. Me guiñó un ojo y me encontré sonriéndole. ― Ya me habías asustado. Ella negó la cabeza sin dejar de sonreír y colocó ambas manos en su cintura. ― Pronto entrarás en confianza, date tiempo. Espero que seamos grandes amigas, Cai― manifestó. ― Espero que así sea― asentí. ― No te molesta que te diga Cai, ¿verdad? Negué mi cabeza. ― No, mis abuelos y mi hermano me dicen así― confesé. Se detuvo abruptamente. ― Espera, tu apellido se me hacía familiar. Tú eres… Rodé los ojos y asentí. ― Sí, soy la hermana menor de Alexander. ― ¿En serio?― abrió la boca con sorpresa―. Entonces sí que seremos grandes amigas. ― Dime que no eres una de sus chicas. ― Soy diferente al resto, me ofendes― dijo con una fingida expresión de dolor. ― Creo que iré a reclamar el traslado― Keyla me arrojó un cojín que estaba sobre su cama y ambas empezamos a reír. Sí, esperaba que fuéramos grandes amigas.
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