• CAPÍTULO XXII •

3909 Palabras

Mi corazón no paraba de latir con fuerza y mi auto se movía velozmente en dirección a mi casa.  Estaba asustada, el impulso de el momento había sido una mala idea y justo ahora temía por mi vida literalmente.  Un pequeño alivio se sintió al instante cuando aquella casa donde me alojaba apareció ante mis ojos a lo que rápidamente estacioné mi auto en el garage y, como si hubiese asesinado a alguien, giré a ver a todas partes y me adentré a la casa cerrando la puerta detrás de mi.  Mis dedos eran los que más sufrían. En todo el camino, la ansiedad y los nervios había provocado que mordiese el borde de mis dedos dejando pequeñas ampollas y heridas abiertas en éstos.  Las luces estaban apagadas y la casa en un completo silencio, a lo cual supuse que Elisa no estaba aquí, probablemente se h

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