— oh no, no, no— murmuré asustada levantándome de el sofá al igual que Hugo el cual me veía confundido. Él mueble no estaba manchado, en cambio, aquella camisa que había colocado sí lo estaba y por parte mis mejillas se tornaron de el mismo color que la sangre en aquella prenda, sintiendo vergüenza. ¿Me había roto? — ¡¿Luci?! — se escuchó la molesta y fuerte voz de Elisa detrás de la puerta para luego volver a tocar frenéticamente haciéndome sobre exaltar. — ¡la ropa! — solté asustada dirigiendome a Hugo el cual sonrió divertido al verme asustada. — ¿Qué? — rió. — No te rías, recoge la ropa — pedí intentando moverme sin éxito ya que mis piernas al instante flaquearon y mi entrepierna ardió un poco — oh, ¡Mierda! — me quejé ensanchando la sonrisa de el pelinegro. — ¿Y ahora dices

