Esa tarde, al salir de la escuela, Gabrielle y Matt se dirigían a la casa de él cuando una voz conocida llamó la atención a sus espaldas.
—¡Gabrielle!
—¡Ollivier! —exclamó la chica dándose media vuelta. Se soltó de Matt, pero él la volvió a tomar, entrelazando sus dedos con fuerza.
—Cómo estás Gabrielle —rió el peliceleste acercándose a ella y dándole un beso en cada mejilla.
—Muy bien —respondió ella, sintiendo cómo su novio le apretaba más la mano y la acercaba a él— oh, él es Matt, mi novio.
—Qué tal —dijo Ollivier amistoso, estirando la mano para estrechársela, pero el aludido solo hizo un movimiento de cabeza, así que el músico bajó la mano sin darle importancia— hey, Gabrielle, no estaré mucho en Paris, así que podríamos juntarnos y ponernos al día. Hay muchas cosas que quiero contarte.
—Claro, Ollivier —respondió la chica mirando a su novio de soslayo— tendré que ver cuándo puedo y te aviso.
—Genial. Oye, los demás también quieren juntarse, así que reserva un día para todos. Bueno, veo que estás ocupada. ¡Estamos en contacto! —se despidió Ollivier agitando la mano.
—¡Claro! Nos vemos —exclamó Gabrielle.
Matt tiró de la mano de Gabrielle para que volvieran a caminar.
Ninguno de los dos dijo nada hasta que llegaron a la habitación del chico y cerraron la puerta.
—Así que ese es tu famoso amigo Ollivier —soltó Matt.
—Sí. Es muy simpático.
—No me lo pareció. Y no creo que debas juntarte a solas con él, no sabes las intenciones que tiene.
—Pero Matt, qué dices. Él sabe que tengo novio, no haría nada raro...
—Eres muy ingenua, Gabi —interrumpió Matt—. Ya es un universitario y en lo único que piensan tipos como él es en acostarse con la mayor cantidad de incautas posible. Lo mejor sería que no vayas para que no te pase nada malo.
Gabrielle se quedó en silencio unos segundos, batallando consigo misma.
—No. hace mucho tiempo que no veo a Ollivier y confío en él.
—Oh, ya veo. Creo que yo no soy suficiente para ti ¿verdad? —dijo Matt confrontándola— bueno, si quieres ve a revolcarte con ese tipo.
—¡Pero qué estás diciendo! —exclamó Gabrielle— solo es mi amigo...
—Ya, como el Bonnet y ese ridículo que se cree héroe.
—Rusé Carmin —dijo Gabrielle y luego agregó con furia— se llama Rusé Carmin. Y sí, es mi amigo como lo eran ellos hasta que tú pensaste que era de suelta tener amigos y los alejaste de mí...
Pero se vio interrumpida por una bofetada. Gabrielle se llevó la una mano a la mejilla y miró a Matt, sorprendida.
—No... Gabi... lo siento... no sé qué me pasó —se disculpó Matt acercándose a ella y revisándole el lugar donde la había golpeado.
Gabrielle no podía articular palabra. Y unas lágrimas empezaron a salir de sus ojos.
—Gabi, por favor, perdóname. Es que me enfurecí al imaginarte con otro. Ya sabes que te amo más que a nadie, y que nadie te va a amar como yo —dijo el chico abrazándola.
—Está bien, Matt, no debí gritarte —respondió Gabrielle— también me exalté, lo siento.
—Claro que sí, Mari. Olvidemos esto. No volvamos a discutir —dijo Matt besándola. Ella asintió con la cabeza. Él continuó besando su cuello y sus pechos.
Por qué debemos terminar las discusiones teniendo sexo. No quiero, no me gusta, ¿Acaso no ve que estoy mal?
Pero Gabrielle no se atrevió a decir nada, y nuevamente dejó que su novio tuviera sexo con ella.
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Esa mañana, Gabrielle llegó con el pelo suelto, tapándole parte del rostro. André se dio cuenta de ello y sospechó que algo quería esconder la chica.
—Alumnos, el examen está cerca. Les dejaré esta hora para que estudien y aclaren conmigo todas las dudas que tengan. Lo más silenciosos que puedan, por favor —anunció el profesor y se fue a sentar, esperando a que los jóvenes se acercaran a él.
André se puso de pie inmediatamente y se dirigió al puesto de Gabrielle.
—Hola, Gabrielle. ¿Estás bien? —saludó él acercándose.
—Todo perfecto —respondió ella evasiva, mirando hacia otro lado para que su mejilla sonrojada por el golpe no estuviera a la vista de su compañero.
André se apoyó en la mesa y se puso en cuclillas para quedar a la misma altura de la chica.
—Gabrielle... ¿Por qué me odias tanto? —dijo el rubio con tristeza.
Ella sintió que se le apretaba el corazón y lo miró a los ojos.
—No te odio, André —respondió con suavidad— es solo que...
Pero no sabía qué decir. ¿Es solo que aún me gustas demasiado y no puedo evitarlo incluso teniendo novio? ¿Y me siento culpable por eso? ¿Así que prefiero evitarte?
André siguió mirándola con tristeza, y lentamente acercó su mano al rostro de la chica, apartando un mechón de cabello de su cara.
—Pero qué... —susurró André al ver la marca roja en el pómulo de Gabrielle. Ella le tomó la mano y la bajó con suavidad, volviendo a colocar el cabello sobre su rostro.
No, es que yo lo mato.
—No te preocupes por eso —dijo Gabrielle.
—Me voy a preocupar lo que me dé la gana —le contestó André en voz baja— sabes que estoy aquí para ti, princesa. No importa que casi no me hables o que me odies. Estoy aquí para lo que necesites.
—¡Ustedes dos ahí, si no están estudiando, es mejor que se separen —interrumpió el profesor, haciendo que André volviera a su lugar.
Gabrielle se quedó de piedra, con los pensamientos confundidos y un torbellino de recuerdos de los últimos años.
¿Princesa?